21 marzo, 2019

Cada proyecto tiene su tiempo y espacio. Conversación con Agencia de arte itinerante ÑÚ.

por Natalia Contreras

 

Durante la sexta edición del Festival de Arquitectura y Ciudad MEXTRÓPOLI 2019, tuvimos oportunidad de conversar con el equipo de ÑÚ, agencia de arte itinerante, conformada por Olga Micha, Elías Kalach y Teddy Nanes. ÑÚ participó en la curaduría del cortometraje ECOS realizado por Andrés Arochi y presentado durante el ciclo de cine de MEXTRÓPOLI.

Natalia Contreras: Actualmente existen diferentes propuestas y plataformas que promueven el arte contemporáneo de manera independiente ¿Qué es lo que hace ÑÚ una propuesta distinta en el panorama actual?

ÑÚ: En México y en el mundo existe una noción de “exclusividad” que lleva ya mucho tiempo en el mundo del arte, no solamente en el aspecto económico sino también en el conceptual e intelectual. El mundo del arte, aunque se ha expandido, enriquecido y diversificado mucho a comparación de hace unos años, sigue siendo una burbuja muy específica. Y creemos que el papel que ha tomado la galería convencional influye directamente en la relación del arte con el espectador.

El cubo blanco se creó como un espacio neutral que pretende aislar el arte para evitar relacionarlo con su contexto y poder apreciar la pieza por sí misma. Este espacio se volvió un espacio platónico, segregado y de difícil acceso; intimidante para algunos y sagrado para otros. La galería de cubo blanco se convirtió sin querer en lo que menos pretendía: en un entorno muy específico donde el arte y el espectador se comportan y relacionan bajo un código de conducta que el espacio exige. El espacio “neutro” obtuvo un aire sacro que pone en un pedestal cualquier pieza ahí exhibida. Un espacio de silencio, de predisposición, de monotonía, de exclusión.

El “arte por el arte” es una idea romántica, pero en nuestra opinión, falsa; o al menos, incompleta. El arte surge de un contexto y se relaciona con él directamente; tiene una historia, una razón de ser: atiende a una incomodidad, a una pregunta, a una afirmación. Presentar el arte como si fuera un ente con vida propia que no se relaciona con nada más que con si mismo exagera aún más esta exclusividad de acceso.

Es a partir de esta cuestión que decidimos que ÑÚ sería un proyecto itinerante, en el cual, cada proyecto tendría su esencia, su tiempo y su espacio, para romper así con esa rigidez y aislamiento, que es contradictorio a lo que pretende el arte: lograr comunicar e intimar con el espectador.

NC: A partir de una revisión de los proyectos realizados por ÑÚ se hace evidente el fuerte vínculo que existe con la arquitectura ¿A qué podríamos atribuir esta característica?

 

ÑÚ: Reconocemos que el arte tiene una relación constante e íntima con el entorno construido en el que se presenta. Es a partir de este pensamiento que entendemos que el espacio expositivo tiene el potencial de complementar y enriquecer la propuesta artística.

La decisión de que ÑÚ sería una agencia itinerante se tomó porque no queríamos que el espacio fijo nos limite en ningún sentido, lo cual nos ha dado la versatilidad que buscamos y la oportunidad de hacer al espacio expositivo partícipe en cada propuesta. Creemos que el arte alcanza su máximo potencial cuando se presenta en el contexto correcto; un espacio de múltiples diálogos, tejidos y circunstancias.

NC: Durante el Festival de Arquitectura y Ciudad MEXTRÓPOLI 2019 se proyectó el corto ECOS de Andrés Arochi en donde ÑÚ realiza un trabajo curatorial que mantiene esta preocupación por explorar distintas disciplinas creativas vinculadas a la arquitectura ¿Cómo surge la idea de hacer este proyecto?

ÑÚ: ECOS surge a partir de la exhibición donde presentamos la obra del artista Ricardo Regazzoni en los Jardines de Casa Barragán. Sabíamos que ésta sería una exposición efímera como el resto de las que hacemos, sin embargo, estábamos enamorados de la casa que visitábamos diariamente y nos pesaba que llegara a su fin.

Es por nuestra negación de la finitud próxima de la exhibición que decidimos buscar un proyecto que se realizara en torno a éste y que pudiera existir por siempre. Uno que transcienda al tiempo y al espacio. Invitamos al artista visual Andrés Arochi a hacer una propuesta basándose en la línea curatorial establecida y que logre dialogar, danzar y habitar el espacio como lo hicieron las piezas de Regazzoni en la Casa.

Pensamos en la arquitectura como aquel espacio que se vive. Casa Barragán ha sido sumamente enaltecida por sus formas, colores, el manejo de la luz y la sombra. Los espacios construidos despiertan todos nuestros sentidos, lo cual, nos hizo pensar como curadores que el espacio exige ser pensado a través de distintas disciplinas artísticas.

A través del ojo de Arochi y los dinámicos movimientos de la compañía de danza contemporánea NOHBORDS, se tomó la decisión de explorar el espacio a partir del cuerpo humano en movimiento.

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