23 febrero, 2021

Entrevista a Lacol: cooperativa de arquitectos

por Carlos Lanuza | @carlos_lanuza_

 

“Los edificios son también garantes de la convivencia porque la configuración de sus entradas, salidas, huecos, áreas exteriores, zonas abiertas o cubiertas cualifica el espacio circundante. Adicionalmente, la arquitectura puede convertirse en un símbolo que dota de identidad a una comunidad, contribuye a aglutinar a sus miembros y representarlos.”

Izaskun Chinchilla, La ciudad de los cuidados.

Lacol es una cooperativa de arquitectos fundada en 2010 por un grupo de estudiantes de arquitectura de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB-UPC). Incorporan procesos participativos en la definición de su arquitectura y plantean sus proyectos trabajando en la conformación de diferentes maneras de habitar. La Borda es uno de sus proyectos más paradigmáticos, una cooperativa de viviendas en cesión de uso en el barrio de Sants, en Barcelona.

Interior de La Borda, Barcelona. Imagen: Lluc Miralles.

 

Carlos Lanuza: ¿Cómo empezó Lacol?

Núria Vila: Coincidimos en la misma promoción en la ETSAB-UPC estudiando arquitectura, todos somos del 85. Cuando nos conocimos, necesitábamos un espacio de trabajo, nos juntamos, encontramos uno en el barrio de Sants y empezamos a trabajar de manera individual. Estábamos en la universidad pero ya compartíamos ciertas ideas, nos nutríamos los unos a los otros de experiencias y referentes haciendo del proyecto una arquitectura más colaborativa.

Arranca la crisis en el 2010-2012 y la gente se empieza a ir, justo estamos terminando la universidad y unos cuantos decidimos quedarnos e iniciar nuestro propio proyecto aquí en Barcelona, en plena crisis. Algunos compañeros hacían el PFC (Proyecto Final de Carrera) vinculado a Sants, uno en Can Batlló y otro en la Lleialtat Santsenca. A partir de ahí empezamos a echar raíces y a ser muy activos en el barrio. Fue como una sinergia que derivó al cabo de unos años en que nos constituyéramos como cooperativa.

CL: ¿Por qué decidieron optar por la organización horizontal y fundar una cooperativa?

NV: En aquella época nos repartíamos entre nosotros todos los proyectos que entraban, así como la parte económica. Si trabajabas más horas ganabas más, si trabajabas menos, recibías menos dinero. Al final la estructura inicial naturalmente se convirtió en una cooperativa, era el sistema que se adaptaba a nuestra dinámica. Además, permitía que todos fuéramos socios/trabajadores. Algunos no participaban con horas dentro de la cooperativa porque no había suficiente trabajo, pero teníamos claro que a largo plazo queríamos hacer el proyecto juntos, sin jerarquías.

Fue una decisión bastante política. A partir del trabajo que hacíamos en el barrio conocimos a gente muy activista que nos inculcó esta idea, como La Ciutat Invisible. Siempre decimos que fue el barrio quien nos llevó a esto, la gente de la que nos rodeábamos tenía la misma idea. Nosotros veníamos de despachos en los que había un jefe, el socio y los trabajadores. Decidimos apostar por otro modelo. Vimos que la estructura empresarial que nos iba bien para constituirnos como un despacho con 14 arquitectos era la de cooperativa. Fue la suma de ambas cosas. Llevamos 10 años trabajando juntos y creo que la visión en común ahora está muy enfocada en las cooperativas de vivienda. Estamos muy alineados con esta vía.

Fachada de La Comunal, espacio cooperativo, Barcelona. Imagen: Lacol.

 

CL: En la arquitectura hay una cuestión muy modélica, nos educan de una manera en la que nos hacen aspirar a ser como ciertas figuras. ¿Esa visión más tradicional no chocaba con la de una cooperativa en la que nadie destaca?

NV: Ha habido mucha evolución. Al principio empezamos con proyectos enfocados en la parte activista, de hacer con las manos, como talleres, por ejemplo. Ahora estamos en otro punto. Compartimos una línea en común en cuanto a materialidad, pero se ha ido forjando al trabajar juntos, igual que el proyectar, son líneas de trabajo que estamos desarrollando. Por ejemplo, hay un socio que solo se dedica a participación, es arquitecto pero no abre el autocad. Dentro de un despacho esto es enriquecedor.

Proceso participativo en la cárcel Modelo, Barcelona. Imagen: Ajuntament de Barcelona.

 

CL: Muchas veces se ve la arquitectura como un objeto estético. En la universidad se habla de aspectos técnicos, constructivos, del encaje urbano —en el mejor de los casos— pero, ¿qué pasa con los aspectos sociales relacionados con la arquitectura?

NV: Creo que en la universidad se está haciendo un cambio. Ahora se habla mucho más de sostenibilidad, del usuario, de quien utiliza aquella arquitectura y se ha dejado de ver como un icono. Se trata de que funcione en todos los niveles, y que sea participativo. Yo creo que son conceptos que ahora se trasladan más a la arquitectura.

Los aspectos sociales nos ayudaron a conseguir los primeros encargos. Estos proyectos nacieron por una cuestión de cercanía, de arraigo en el barrio. A partir de ahí nos empezaron a conocer por lo que hacíamos. Con el tema de las cooperativas de viviendas hay una gran parte social. Toda cooperativa de vivienda empieza con un grupo de personas que se junta y con un modelo concreto de vivienda en el que tú acabas haciendo el proyecto arquitectónico. Pero la raíz no es el edificio como icono, o el solar. Más bien se vincula mucho con temas de ciudad, de sostenibilidad —que siempre es una premisa que intentamos introducir. Se trata del impacto social que puede tener el edificio en el barrio.

CL: ¿Hay un proceso específico para formar una cooperativa de vivienda?

NV: La raíz común en la formación de estas tipologías es el conocimiento del modelo de vivienda cooperativa en cesión de uso. Primero se forma un grupo de personas que decide vivir de una determinada manera, con lo cual necesitan construir un edificio que se adapte a este modelo que quieren crear. A partir de ahí el grupo escoge a unos técnicos (arquitectos, juristas, gestores de proyecto), que les acompañan a través de procesos participativos y definición de modelos económicos. Ahora muchos grupos nuevos han salido de socios expectantes de determinados proyectos de cooperativas de vivienda, que se han juntado para replicar el modelo y formar nuevos proyectos.

Según las necesidades económicas del grupo se plantea si se opta por suelo privado o público. Esta es una de las primeras decisiones, muchos grupos tienen que ir por suelo público porque las capacidades económicas son limitadas. El promotor es el propio usuario, más el financiamiento que tenga, y se tiene que hacer una aportación inicial bastante elevada para hacer frente al proyecto. De momento no hay muchas ayudas por parte de la administración. Con respecto al suelo público lo que impacta más es la temporalidad. Se debe esperar a que salgan a concurso los solares, o hacer convenios con el ayuntamiento.

CL: ¿En qué consiste la vivienda en cesión de uso?

NV: Es un modelo no especulativo de vivienda en el que la propia cooperativa es la promotora de un proyecto, del edificio entero. El solar es cedido por el ayuntamiento por 90 años con un canon, que es un alquiler del suelo por año, repartido en la cooperativa. Con lo cual, la cooperativa es propietaria del edificio por 90 años, después el edificio pasa a manos del ayuntamiento como vivienda de protección oficial.

Es una financiación privada que termina repercutiendo dentro de lo que es el modelo urbano de la propia ciudad. Y no es especulativo porque la propietaria es la cooperativa, por lo tanto la asamblea -no el usuario-. El usuario tiene derecho de uso de un espacio privativo, que es su vivienda. Aparte de la vivienda de uso privativo hay mucho más metros cuadrados vinculados a espacios comunitarios.

CL: ¿Qué pasa si uno de los socios de la cooperativa decide dejar el edificio?

NV: Hay una lista de socios expectantes, es decir, gente que quiere formar parte de la cooperativa pero que no pudieron acceder en un primer momento y están a la espera. Yo, por ejemplo, fui socia expectante de La Borda. Hace ya tres años y medio que los socios expectantes nos reunimos y constituimos otra cooperativa llamada Sotrac, es otro proyecto que estamos desarrollando ahora en Lacol para hacer un edificio similar a La Borda, en Can Batlló. La idea es empezar a construir en marzo de 2022, todo depende de los arquitectos (risas).

En su día me planteé estar en La Borda, pero no estaba en el momento vital adecuado. Formar parte de este tipo de iniciativas implica tiempo, y un esfuerzo extra, porque es asambleario. Las decisiones se toman mediante reuniones durante la semana, o fines de semana. Es otro tipo de estructura que se tiene que organizar. A nivel económico estaba en otro momento también, por eso decidí hacerme socia colaboradora. Hay una parte muy fuerte cuando se constituye el grupo, que no es solo reconocer el modelo sino también conocerte, la convivencia. Al final tú estás financiando y promoviendo este proyecto y hay muchas horas detrás.

En las reuniones se tienen que debatir muchas cosas. Para empezar se debe conocer el modelo. Hay muchos debates a nivel de arquitectura, por ejemplo si habrá estacionamiento o no, estrategias ambientales, si se apuesta por ciertas tecnologías que a priori son más caras pero a largo plazo pueden permitir un ahorro energético y por lo tanto económico. También se debaten los estatutos de la cooperativa, lo que puedes y no puedes hacer, entrada y salida de socios, qué financiamiento se va a buscar, qué pasa en determinadas situaciones, resolución de conflictos, cómo se toman las decisiones. Se trata de resolver la mayor cantidad de casuísticas posibles.

 

Espacio Coòpolis BCN, Fase 0, Barcelona. Imagen: Lacol.

 

CL: No es un modelo para todo el mundo.

NV: Pretende serlo, hay dos temas. El primero es que aquí se conoce poco este modelo, y se potencia poco a nivel de administración. En otros países como Uruguay, Dinamarca o Alemania la administración pone dinero para ayudar a hacer este tipo de proyectos. El otro es que pretende ser un modelo asequible, pero en realidad tienes que tener una mínima capacidad económica ya que al final, sí o sí tienes que hacer una aportación inicial de cierta cantidad de dinero, eso sí, mucho menor que cuando te tienes que comprar una vivienda al uso. No se puede olvidar que eres parte de la financiación de la propia cooperativa, tú y los demás socios.

También depende del momento vital en el que están las personas, cuesta mucho que gente entre 16 y 28 años participe en esto, quizás porque no saben dónde quieren vivir, y son proyectos a largo plazo. Pero la franja entre los 30 y 50 años es la que vemos que actúa con mayor incidencia, aunque les pasen muchas cosas durante todo el proceso. Y la franja de edad más mayor es vital, porque es la experiencia pura de la vida, y en las asambleas se nota.

CL: También hay un tema de comodidad, de poner cosas en común y ceder. Algo que no tienes que hacer cuando tienes dinero.

NV: Es verdad, pero también hay que recordar que en este modelo tienes tu espacio privativo, tu casa. Aunque sí se potencia mucho el espacio comunitario y la convivencia. Tú decides si vas o no a las actividades, o qué espacios comunitarios usas y con qué frecuencia, aunque debes mantener un vínculo con la asamblea. Tiene que haber un trabajo detrás en los años de proceso. Pero creo que la convivencia es una parte que se genera por sí sola. El compartir al final forma parte de todo esto.

 

Proceso participativo de Lacol en la cooperativa de viviendas de La Borda, Barcelona. Imagen: La Borda.

 

CL: ¿Cómo se traducen en el espacio todas las variables sociales que se analizan en los procesos participativos?

NV: Aquí hay un debate, y es que si esto es vinculante o no. La participación consiste en recoger ideas, pero también en transmitirlas, es decir, es un proceso en ambos sentidos, es recíproco. Luego todo queda en manos de técnicos, que son quienes tienen que definir y aplicar las ideas que se han recogido, decidir cuál es la mejor opción.

Los procesos participativos dan herramientas a los arquitectos para proyectar, para definir los usos del edificio, por ejemplo. La Lleialtat Santsenca es un buen caso, porque siempre está llena, funciona perfectamente. Responde a las necesidades que tiene el barrio. Después a nivel de arquitectura, qué estrategias usas, si pones las salas arriba o abajo, o si ponemos un atrio, o una terraza, aquí es donde entran los arquitectos proponiendo una determinada manera para responder, entre muchas.

Por ejemplo, rehabilitar el espacio y darle uso, fue una de las conclusiones del proceso participativo de la Lleialtat que Lacol hizo previo al concurso de arquitectura. No hacía falta tirar el edificio, y ahora funciona. El usuario también lo siente suyo, se ve a nivel de gestión del propio edificio. Hay tanto arraigo con el barrio que los que llevan la gestión lo hacen de una manera muy vinculada a lo que se ha pedido.

 

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