8 junio, 2020

Entre lo sostenible y lo insostenible

por Pablo Lazo

La tragedia y la comedia de la sostenibilidad

Un podría asegurar que actualmente muy pocos se atreven a cuestionar la importancia de la sostenibilidad como proyecto a largo plazo para la sobrevivencia de nuestra sociedad y de los recursos naturales en el planeta que habitamos. Este cambio de paradigma, tuvo su punto de inflexión hace casi dos décadas mediante la publicación, casi al mismo tiempo, de dos reflexiones sobre el tema. Por un lado, el reporte del comisionado Sir Nicholas Stern para el gobierno británico The Stern Report on Global Warming[1] en donde, entre sus conclusiones, afirmaba que el costo por no hacer nada ante los efectos del cambio climático seria mucho mayor que el nivel de inversión necesario para mitigar el calentamiento global en aquel momento. Por otro lado, el libro Heat del periodista del diario The Guardian, George Monbiot describió los cambios necesarios para mitigar la gran crisis por los efectos del cambio climático. Esto, según sus palabras, implicaría fuertes, si no drásticos cambios en el estilo de vida de toda la sociedad global.  Ambos textos, coincidían en una sola cuestión: la relación entre el hombre y la naturaleza debía de cambiar.

Con toda proporción guardada, la revista Arquine, dedicó hace 11 años, un número a La sostenibilidad. En el número 48, se describían proyectos que apuntaban hacia un urbanismo más afín con los retos de la crisis ocasionada por el cambio climático. Incluía textos que reflexionaban respecto al mayor riesgo que se vislumbraba si no se rectificaba el curso de la planificación en las ciudades y colocaba sobre la mesa la discusión de la agenda de la sostenibilidad para el diseño y la arquitectura dirigido al público latinoamericano. Todo esto con gran elocuencia y usando la razón —propia de la ingeniería— para mostrar diseños en donde se atenuaba o eliminaba, según el grado de ambición, el impacto ecológico.

En 2020, nuevamente la revista dedica un número al tema: Ciudad (in)sostenible. Como inicia su editorial, “la sustentabilidad ya perdió sentido”; la revista coloca la reflexión no en lo que no ha sucedido en poco más de 10 años sino en minúsculas practicas emergentes, como el reciclaje y la reconstrucción que han sucedido en múltiples geografías y ciudades como parte de la nueva agenda verde. La publicación busca encontrar un futuro “mas esperanzador” y su título se entiende como un doble ultimátum.

Así como los textos de Stern y Monbiot, los números de Arquine, separados por más de una década, coinciden en un punto fundamental: la relación hombre-naturaleza. En algunos temas de las publicaciones, se muestra este optimismo empedernido en demostrar que todo puede cambiarse y ser mejor; y en otros artículos y proyectos se abordan temas críticos, con suficiente realismo para demostrar que todavía no se ha hecho nada y que el riesgo aumenta a medida que pasa el tiempo.

Esta dualidad por el idealismo y realismo sobre la agenda sostenible, tiene mucho más historia. Y todo lo que muestran —tanto las publicaciones de Stern y Monbiot por un lado, como los dos números de Arquine por el otro— es que la humanidad siempre se ha debatido por la agenda verde —seguirla o no— como un gran péndulo: en algunos momentos de la historia esta ha sido fervientemente perseguida, derivado del temor por una tragedia por venir y, en otros, ha rozado la comedia por negarla al afirmar que el cambio climático es una gran mentira ambientalista.

El comienzo

Lo cierto es que la agenda verde dista mucho de ser una novedad. Desde el siglo XV, en el trabajo de León Batista Alberti, existía un profundo conocimiento respecto a la ecología y ya se planteaba una forma de edificación en donde se considerasen aspectos económicos, lógicos y estéticamente atractivos. Esto no sólo se aplicó al diseño de edificios individuales sino también a la planeación de ciudades enteras, en donde los resultados mostraban un entendimiento lógico para con el entorno natural.

Durante varios siglos este conocimiento fue cultivado y amplificado basado en un ejerció lógico y práctico. Durante la Ilustración —precisamente en el siglo XVIII— en donde se redefinió el uso de la razón como ápice del desarrollo intelectual, este conocimiento sirvió para el lanzamiento de la arquitectura hacia la modernidad, dentro de un lapso relativamente corto. En esta época surgieron figuras como Goethe, quien sin esfuerzo, combino arte y ciencia, y Caspar David Friedrich, cuyas pinturas demuestran una forma sofisticada de relación entre el ser humano y naturaleza –quizá ilusoria pero que ciertamente no refleja contradicción o tensión alguna; la interacción ciertamente parece operar para ambos lados, entorno natural y el entorno construido o hecho por el hombre.

Quizá el resultado final extremo de esta interrelación en nuestra civilización es la planta nuclear o, algo más común, las plantas para reciclaje de residuos sólidos. Es dentro de esta narrativa donde estuvo el énfasis del informe Stern y el número 48 de Arquine: una lectura de la sostenibilidad mediante una puesta en valor de la ingeniería y la lógica sobre el como “reparar” y  “construir” una mejor relación del hombre con la naturaleza.

Pero también podríamos hacer otra lectura de nuestra cultura, no lineal, y sin seguir el progreso de la razón como método de entendimiento. ¿Qué sucede si la lectura la hacemos basada en la cultura y la narrativa de los desastres o catástrofes? Esta narrativa se fundamenta en la tensión entre la Naturaleza y la Humanidad. En ella se describe cierto tipo de castigo aplicado al hombre por parte de la naturaleza y, en algunas ocasiones, del hombre castigando a la naturaleza. Desde Ovidio hasta las graves inundaciones de Tabasco en el 2007, representan esto perfectamente. Dentro de dicha narrativa subyace un discurso fundamentalmente antimoderno que expresa la creencia de que la raza humana debe buscar una muerte prematura de la mano de la naturaleza. Dentro de esta línea de pensamiento, quizá el último de los discípulos sea el reportero británico George Monbiot, cuyo reclamo al gobierno de su país ha sido utilizado como estandarte de todos aquellos que prevén una cierta hecatombe que acabe con la sociedad occidental.

El presente

Estas dos narrativas completamente opuestas de la relación hombre-naturaleza se han presentado y elaborado de manera impresionante y elocuente. La lectura de Arquine entre lo sostenible y lo (in)sostenible es un nuevo capítulo dentro de estas narrativas con la salvedad de que en esta ocasión, lo planteado en ambos números es aspirar a un futuro esperanzador por restablecer el equilibrio en esta relación. El numero 48, lo presenta de forma trágica —apuntando a las grandes transformaciones de infraestructura y la planificación urbana necesarias sobre una agenda verde—, casi redentora;  y el número 91 a través de una astuta comedia de como diversas prácticas arquitectónicas están buscando redefinir nuestra relación con la naturaleza en pequeña escala es decir, desde abajo.

Ambas ideologías —si me permiten llamarles así— observan el mismo fenómeno pero en términos contradictorios: por un lado, como un proceso lineal  razonable y, por otro, como una cultura narrativa de desastrosas manipulaciones hasta cierto punto cómicas. Es mi impresión que la confusión actual sobre la sostenibilidad y la insostenibilidad es generada por la tensión provocada por estas dos líneas de pensamiento.

Más allá de emitir un juicio de valor, lo evidente es que no hemos sido capaces de desintegrar el nudo que generan ambas narrativas, ni entendemos cuando cualquiera de ellas, parecen hablar con elocuencia. Esta polaridad está vigente y ciertamente el intento por entender lo que es la insostenibilidad abre la posibilidad de nuestro contexto ecológico hacia el futuro.

Notas:

1. Conclusiones clave sobre el informe Stern se pueden consultar aquí: https://web.archive.org/web/20070926221448/http://www.thefirstpost.co.uk/index.php?menuID=2&subID=1055&p=3 Para el informe completo consultar: https://web.archive.org/web/20061114045919/http://www.hm-treasury.gov.uk/independent_reviews/stern_review_economics_climate_change/stern_review_report.cfm

ARTÍCULOS DEL MISMO AUTOR./

Publica

La ciudad flexible o adaptable

La ciudad y sus sistemas de funcionamiento saldrán de esta crisis adaptados para dar cabida a estilos de vida cotidiana más flexibles. Ya se han descrito muchas cualidades tanto del modelo de ciudad como de la nueva ciudadanía; pero la clave debiese ser una forma urbana adaptable.

Ver más