Columnas
Las palabras y las normas
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22 enero, 2019
por Rosalba González Loyde | Twitter: LaManchaGris_
Las oposiciones planteadas por los higienistas entre salud y enfermedad, suciedad y limpieza, se convirtieron en recursos para pensar lo social en un momento de tránsito de la ciudad señorial a la “moderna”.(2)De esta forma, la mezcla de ciertos usos en los espacios al interior de la casa nos es impuesta no solo como una costumbre poco estética y amoral, sino también como algo insalubre. No se come en el dormitorio, ni se viste uno en la cocina. Colgar la ropa para secarla, fuera de su lugar establecido entra en esta categoría, pues presupone un cambio en las normas de localización de ciertos objetos y uso de los espacios. El diseño retomó algunas de estas posturas higienistas, lo que permitiría establecer la división de las tareas dentro de la vivienda. Arturo Ortiz habla de la división espacial de las tareas reproductivas, en donde hace una crítica acerca de los espacios asignados desde el diseño arquitectónico para las trabajadoras del hogar:
En la gran mayoría de los proyectos los cuartos de servicio están localizados de tal forma que habilitan la posibilidad de que las empleadas de servicio interactúen con todos los espacios de la casa, pero siempre existe la posibilidad de que en cualquier momento y a la menor provocación se vuelvan invisibles.(3)Pero no es sólo al interior de la casa para la que trabaja la corriente salubrista, sino que también permeó en el diseño urbano. Oihane Ruiz, en una charla de Universidad de Verano en España sobre Urbanismo feminista, cuenta que mientras participaba en la redacción de un plan general se encontró con una redacción que hablaba de una prohibición de colgar la ropa en fachadas, así como ocultar los tendederos de tal forma que no sea visible desde la calle. No había ahí ningún argumento pragmático para limitar de esa forma la exposición de la ropa húmeda hacia la calle,(4) sino de una norma predominantemente estética argumentada desde el desorden y reproducida, sin mucho argumento, desde el higienismo. No hay razón que no sea ideológica para invisibilizar el trabajo reproductivo dentro de la casa y aún más, en la calle. Los procesos higienizantes de los que hemos formado parte normalizándolos, con todo y revoluciones y transformaciones progresistas en la forma que habitamos la casa y la calle, siguen siendo cuestiones de clase y género.
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