13 junio, 2019

El trabajo en la escala de ciudades y regiones

por Phil Enquist

Nuestro futuro es urbano

Vivimos en una época de cambios significativos. La atención de numerosos aspectos de la vida humana está cambiando del individuo a las interacciones y relaciones de las comunidades más grandes. Están surgiendo una economía de compartir automóviles, materiales, herramientas y viviendas, y otra de cero residuos, con productos y materiales que duran más de un solo uso. Nos encontramos ante el reto de aprender a aprovechar los recursos infrautilizados y a convivir de manera más positiva. Construir mejores ciudades y regiones, y lograr una vida de alta calidad dentro de una economía compartida es el desafío de nuestra generación.

Cada 12 o 14 años se suman al mundo mil millones de personas. Para 2023 habrá sobre la Tierra ocho mil millones de individuos y la mayo- ría vivirá en una ciudad. Las megaciudades, como la Ciudad de México, seguirán creciendo de manera dramática. Asimismo, somos testigos del fenómeno sin precedentes de la migración hacia las urbes de comunidades rurales o motivada por crisis climáticas y políticas. Las estadísticas muestran que cada semana tres millones de personas emigran a las ciudades.

 

Con nuestras acciones diarias le damos forma al planeta. ¿Podemos moldearlo de modo positivo, fortalecedor, extraordinario? Conforme nos enfrentamos a este desafío junto a las comunidades científicas y de diseño, vemos que surgen ideas interesantes e innovadoras.

Creo que estamos ante seis puntos de inflexión que nos confrontan con los avances que estamos logrando:

1. Ecología: restaurar los sistemas naturales del planeta.
2. Habitabilidad: hacer que las ciudades sean humanas y sanas.
3. Energía: lograr producir energía gratuita, limpia y que dure “para siempre”.
4. Movilidad: transitar a sistemas que se autogestionen y se autoorganicen.
5. Tecnología: vivir más allá de lo que podemos imaginar hoy.
6. Materialidad: inventar una nueva generación de materiales de construcción de bajo contenido energético.

Con esto en mente, observamos el trabajo que MMX lleva a cabo y encontramos convergencias notables. MMX está hecho de “pensadores” urbanos que reimaginan lo que es posible y unen los puntos entre las misiones para un futuro cercano y las ambiciones a largo plazo. Como diseña- dores de los bosquejos para nuestro futuro urbano, el interés de MMX gira en torno a la innovación y la inspiración.

En la reformulación del puerto de Helsinki, del río que cruza Medellín o Jojutla, o en el conjunto de espacios públicos de la Ciudad de México, se percibe que MMX toma aquellos recursos urbanos, aun así naturales, que están aislados y a menudo han sido ignorados, los redefine y aprovecha al máximo ciertas conexiones para lograr un listado de beneficios comunitarios a lo largo y ancho de la ciudad. Es un enfoque del urbanismo que intenta obtener más a partir de menos, que echa mano de lo que está ahí para favorecer a más gente y que la naturaleza siga su curso de forma más sana.

Nuestras ciudades crecen y la vida urbana no tiene por qué deteriorarse, puede mejorar. La densidad puede enriquecer una ciudad. Los terrenos infrautilizados o desperdiciados por la industria o estrategias de uso único ya no son rentables. Dar un uso renovado, con estándares más altos, a vías de tren, confines universitarios o puertos industriales es la manera de hacer que las ciudades no sólo sean más vivibles, sino más interesantes y diversas.

¿Puede una ciudad darse el lujo de no tener acceso a 70% de su zona costera industrializada, como en el caso de Helsinki? Hace más de 100 años, Chicago decidió que sus 32 millas de litoral serían de acceso público y cívico, un espacio de la más alta calidad para uso recreativo y cultural. Esa decisión dio lugar al mejor recurso de esta región urbana. MMX propone a Helsinki pensar en forma similar y contemplar una estrategia más allá de un uso único para la zona marítima, clave en la ciudad: ampliar las orillas, abrir espacios culturales, extender los parques existentes y mantener a su vez la industria. Esto demuestra un modo innovador de progresar, dar mejor uso y fortalecer el corazón cívico de la ciudad.

Con frecuencia, las ciudades se transforman en “cilindros de excelencia”, en los que ciertos aspectos o zonas son maravillosos, pero se encuentran aislados, al alcance de unos pocos o desconectados por completo de la dinámica de la gran ciudad. El laboratorio de ideas de los diseñadores de MMX parece notar por instinto los recursos más importantes dentro de la estructura de una urbe. A partir de ahí, los une y destaca los aspectos positivos, repiensa el significado de lo privado y lo público, evalúa lo que no se aprovecha y como utilizarlo. Es fundamental que los equipos de diseñadores cuenten con la capacidad de acercarse y alejarse, de visualizar los elementos y cómo pueden conectarse.

A medida que entramos en el futuro del siglo xxi, nos haremos preguntas que apunten a desafíos específicos, por ejemplo: ¿seguiremos viajando para ir a trabajar? ¿De dónde provendrá nuestro alimento? ¿Cuán inspiradora y enriquecedora será la vida de nuestros hijos? ¿Cuán sanos serán nuestros sistemas naturales? ¿Habremos eliminado por completo la noción de desperdicio? El equipo de MMX nos incita a pensar en grande, a ir más allá de los problemas que surgen a diario en nuestras oficinas y a soñar de modos distintos. Nos ayuda a vislumbrar la manera de avanzar ante la complejidad de las ciudades y la vida urbana.

Buckminster Fuller preguntó: “¿cuán grande se puede pensar?”. Carl Sandburg afirmó: “¡nada ocurre a menos que lo soñemos primero!”. MMX propone: “repensemos nuestras ciudades para construir un bien público mayor”. Éste es el tipo de idea que nos motiva y que necesitamos a medida que continuamos definiendo y dando forma a nuestro futuro urbano.

 


El libro MMX Arquitectura y territorio muestra el compromiso de MMX por entender y abordar los problemas y necesidades actuales de las ciudades y la arquitectura global.

Además de exhibir la obra terminada, esta compilación muestra la concepción y el proceso que dieron como resultado una arquitectura atemporal que se adapta a su contexto y crea condiciones favorables en diferentes escalas de intervención.

 

 

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