21 septiembre, 2021

El jardinero anda suelto en la ciudad

por Pablo Lazo

La arquitectura de paisaje ha estado desplazada por varias décadas de la práctica a gran escala. De forma injusta, a esta disciplina se le ha colocado en un plano secundario dentro de la tarea que conlleva a mejorar nuestras ciudades, quizá por consecuencia de dar prioridad a la arquitectura de los edificios. En la arquitectura del paisaje vemos una práctica en sintonía con entornos biodiversos, sistemas y culturas integradas, capacidad adaptativa largo plazo, diseño de múltiples especies, más centrado en el ser humano, entre otras características. Que se haya restado importancia a estas prácticas en el pasado significa que debemos centrarnos en ellas ahora. El Gobierno de la Ciudad de México decidió actuar en una linea más o menos en sintonia a través de su programa Reto Verde.[1] El programa emblematico de la Secretaria de Medio Ambiente (SEDEMA) aglutina acciones y proyectos de diversos tipos en donde, sin ser completamente consientes, están colocando la disciplina de la arquitectura de paisaje en el lugar que debe tener. La disyuntiva entonces es cómo hacer de esta loable iniciativa algo que perdure, trascienda y deje un potente legado de re-vegetación en la ciudad.

Foto cortesía de SEDEMA

 

En la historia de la arquitectura de paisaje hay trabajos brillantes y pistas útiles, y quiza uno de los mejores ejemplos se puede tomar de  Estocolmo y del trabajo de Holger Brom,[2] quiza el primer gran jardinero urbanista. Mejor conocido por su labor en la reconstrucción de la ciudad después de la Segunda Guerra, sus trabajos en el espacio abierto se enfocaron en la elaboración de un programa de parques para la ciudad, en el que se describen cuatro permisos de libertad condicional, o «promesas públicas», para y con los parques. El programa tuvo una difusión envidiable ya que llego a todos los hogares de la ciudad y su resultado perdura hasta el día de hoy en las calles de esa ciudad nórdica. Como explica Thorbjörn Andersson en el libro Green Visions: greenspace planning and design in nordic cities, las “promesas públicas” abordaban temas relacionados con planeación, salud pública, aspectos sociales y de conservación.[3] Con un enfoque integrador, indica de forma clara y precisa cómo los patrones de diseño integrados centrados en lo podríamos llamar una «tipología de lugar» de infraestructura social, el parque, puede desbloquear múltiples resultados sistémicos. Una ‘tipología’ como un parque —o una calle, un mercado, un jardín, una biblioteca, etc— puede enmarcar todos estos sistemas y culturas en su lugar, de una manera que esté integrada y, sin embargo, sea completamente cotidiana y además podría ser adoptado y adaptado en otro lugar.

El Reto Verde proclama la siembra de más de 15 millones de árboles o vegetación de algun tipo en la ciudad.[4] Plantados en vialidades, camellones, barrancas, bosques urbanos, áreas de conservación, ciertamente han ayudados a revegetar la ciudad. El número no es menor, pero la intencionalidad y lo arcaico de las definiciones programáticas resultan en una fragmentación entre las partes que, precisamente, al conectarse pueden activar un cambio sistémico. En vez de continuar con la idea del parque como pulmón aislado de la ciudad, el programa debiese proponer no más «parques», esencialmente, sino crear la condición de los parques en muchas partes de la ciudad. Las autoridades  han acertado, tambien, al incorporar en el programa aspectos relacionados con la biodiversidad, convivencia, cultura y naturaleza. Pero falta la conexión entre ellos.

Parque La Cantera. Cortesía SEDEMA

 

Brom justamente articulo bajo sus “cuatro promesas” el diseño del espacio público verde y social del parque en toda la ciudad, de manera más equitativa y con mayor diversidad. Uno puede entonces diseñar en virtud de crear calles con las mismas condiciones que los parques, orientadas en torno a una intensa biodiversidad, juego, cultura, convivencia, reflexión, encuentro, paseo, etc. Es en este sentido en donde el Reto Verde puede aprender de lo hecho por Brom en Estocolmo. 

Aplicar el pensamiento y diseño de los parques en las calles para reconocer que podrían estar conectados de manera más consciente, compartiendo diferentes condiciones de vegetación, biodiversidad y convivencia, podría potenciar esta ambición que al parecer las autoridades se están tomando en serio y, de paso, revalorizar la disciplina de la arquitectura de paisaje.

Parque La Mexicana. Foto Pablo Lazo.

Las cuatro promesas publicas para los parques (que bien podrian aplicarse a las calles) son:

  1. El parque suelta la ciudad, constituye una red a través de la ciudad, deja entrar el aire y la luz, es un cinturón protector contra el fuego, crea bordes a diferentes partes de la ciudad y les da carácter individual, y sirve como un ambiente para los edificios emblematicos.
  2. El parque ofrece espacio para la recreación al aire libre, es un área activa para todas las edades, funciona como área de juegos o campamento, habilita la práctica de deportes y ofrece recreación, así como descanso y reposo.
  3. El parque es un lugar de reunión; trae comunidad en el ámbito urbano a través de actividades como servicios religiosos, conciertos, demostraciones, fiestas y bailes.
  4. El parque preserva la naturaleza y la cultura; presenta diseños originales y nuevos, desde el árbol único hasta paisajes completos y monumentos antiguos, así como obras de arte contemporáneas.

Notas:

 

  1.  https://www.retoverde.cdmx.gob.mx/ consultado septiembre 2021
  2.  https://sv.wikipedia.org/wiki/Holger_Blom
  3. Thorbjörn Andersson. Green Visions: greenspace planning and design in Nordic cities, editores Kjell Nilsson, Ryan Weber, Lisa Rohrer, Arvinus & Ofeus pub, 2021, pp 172-188
  4.  https://www.retoverde.cdmx.gob.mx/, ibid. Consultado Septiembre 2021.

 

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