20 marzo, 2019

El futuro que ya fue

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

En 1939 el arquitecto mexicano Carlos Obregón Santacilia —nacido en 1896— publicó el libro El maquinismo, la vida y la arquitectura. Obregón constataba ahí que la vida se había venido transformando rápidamente durante los últimos años y aseguraba que, en consecuencia, la arquitectura tenía que exteriorizar esos cambios. Treinta años después de que los Futuristas italianos cantaran odas a las máquinas y la velocidad y a quince años de que Le Corbusier aconsejara a los arquitectos abrir los ojos ante automóviles, barcos y aviones que podrían enseñarles más que las viejas y gastadas formas de la academia, Obregón mencionaba a su vez al automóvil, el avión, la radio y la fototelegrafía como elementos que acortan las distancias y hablaba de como el maquinismo había “creado una enorme cantidad de objetos, útiles, aparatos, que nunca habían existido antes y que transforman las costumbres de día en día con su multiplicación y popularización.”(1) El futuro ya no era entonces, a ojos de Obregón, algo que se advertía en el horizonte sino el medio mismo en que le había tocado vivir.

Casi cuarenta años después de que se publicara el libro de Obregón —arquitecto, por cierto, que no se reconoce por algún rastro futurista en su obra—, los Sex Pistols lanzaron en 1977 su segundo sencillo, God Save the Queen, y cantaron there is no future in England’s dreaming, que se resumiría en la consigna del movimiento Punk y, quizás, en la definición de nuestra época: la era sin futuro. Franco Bifo Beraradi, que en ese año cumplía 28 y era uno de los líderes del movimiento estudiantil de Bolonia, escribió que fue en ese momento cuando, por la aceleración de la modernidad que tanto sedujo a los Futuristas, dejamos literalmente atrás al futuro. El futuro, dice Bifo, no es sólo una dimensión del tiempo sino también una del espacio: “el futuro es el espacio que aun no conocemos y debemos aun descubrir y explotar.”(2) La absoluta colonización del espacio —gracias a los medios de transporte— y la progresiva colonización del tiempo —debido a las nuevas formas de transmisión instantánea de información— implicaron el colapso del futuro. Los Sex Pistols tenían razón: no hay futuro en los sueños de Inglaterra y de ningún otro lugar.

En su libro Ghosts of my LIfe, Mark Fisher —que nació en 1968, cuando Bifo tenía 19 años, y murió en el 2017— describió la cultura del siglo XXI como marcada por el anacronismo y la inercia que se ocultan tras un frenesí superficial de «novedad» y movimiento perpetuo.(3) Fischer cita las afirmaciones de Bifo y propone un experimento mental para comprobarlas: “imaginen cualquier disco lanzado en los últimos dos años enviado al pasado, digamos a 1995, y transmitido en la radio. Es difícil pensar que produciría algún impacto en quienes lo escucharan. Al contrario, lo que tal vez les sorprendería es lo fácil que sería para ellos reconocer el sonido.” Imaginemos el mismo experimento con arquitectura: enviar si no un edificio imágenes de alguno terminado en los últimos años de vuelta a 1995 o a 1960, ¿sorprendería como la imagen del futuro que esperaban? Hay nuevos materiales y nuevas técnicas y hasta nuevas maneras de construir, pero, como escribió Fisher, “mientras la cultura experimental del siglo XX era presa de un delirio combinatorio, que hacía pensar que lo nuevo era infinitamente disponible, el siglo XXI está oprimido por el aplastante sentido de finitud y cansancio. No se siente como el futuro.”

El colapso o la disolución del futuro es un hecho cultural: el futuro no es un tiempo por venir sino la idea de que en ese tiempo existe, de algún modo, la posibilidad de mejoras y progreso constante y que nosotros podemos conseguirlo. Nosotros: todos. El antropólogo francés Marc Augé —nacido en 1935— escribió que “el futuro, incluso cuando concierne al individuo, tiene una dimensión social: depende de los otros.” Así como Sartre pensó que el infierno son los otros, podemos decir que el futuro, sin ser necesariamente el infierno, también son los otros. Para Augé, el problema hoy es que “las innovaciones tecnológicas explotadas por el capitalismo financiero han remplazado los mitos pasados en la definición de una felicidad para todos y promueven una ideología del presente, una ideología del futuro ahora, que a su vez paraliza cualquier pensamiento acerca del futuro.”(4) La crisis del presente es, pues, una crisis del futuro, una crisis, como afirma Michel Serres —nacido en 1930— no sólo económica o ecológica sino radical, que implica cuestionar nuestro lugar en el mundo y nuestra relación con él.(5)

Si el futuro fue rebasado y se colapsó en un presente que se nos aparece sin salida, quizá sea porque lo imaginamos y lo deseamos, como dice Augé, como idéntico al pasado, como sucesión y continuidad. Pero, agrega el mismo Augé, porque también lo pensamos como ruptura, como inauguración y comienzo.(6) ¿Hay opción entre esos dos extremos? Augé cita a Michel Leiris, quien pensó que para poder sobrevivir al propio tiempo había que ser totalmente de ese mismo tiempo —¿absolutamente modernos, como quiso Rimbaud? “Ser contemporáneo significa concentrarse en esas cosas que en el presente esbozan algo del futuro,” agrega. Conjurar lo nuevo, como pensó Fisher, depende de cierta capacidad de retirarse y de, digamos, hacerse de su propio tiempo —ser contemporáneos de nosotros mismos y con la libertad de serlo. Algo que no es asunto meramente individual sino, siguiendo de nuevo a Serres, colectivo y más aun: político. O acaso, como ha sugerido Luciano Concheiro, la salida sea más sutil pero al mismo tiempo más concentrada: ni huída en reversa ni lanzamiento hacia adelante sino perseverancia o más: resistencia en el instante. En cualquier caso, pareciera que el futuro, hoy, es y será eso que ya fue o tal vez siempre otra cosa distinta.(7)


Notas

1. Carlos Obregón Santacilia, El maquinismo, la vida y la arquitectura, Letras de México, México, 1939.

2. Franco Berardi, After the Future, AK Press, Oakland, 2011.

3. Mark Fisher, Ghosts of my life, Writings on Depression, Hauntology and Lost Futures, Zero Books, Winchester/Washington, 2014.

4. Marc Augé, The Future, Verso, Londres/Nueva York, 2014.

5. Véase Michel Serres, Temps des crises, Editions le Pommier, París, 2009.

6. Marc Augé, ibid.

7. Luciano Concheiro, Contra el tiempo, filosofía práctica del instante, Anagrama, Barcelona, 2016.

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