10 julio, 2018

El freespace de los jóvenes arquitectos de Latinoamérica

por Andrea Griborio | @andrea_griborio

Latinoamérica es el territorio del Freespace. El término acuñado por las directoras de la actual Bienal de Arquitectura de Venecia para dirigir esta edición “celebra la capacidad de la arquitectura para encontrar generosidad adicional e inesperada en cada proyecto,” de trabajar con “los dones gratuitos de la naturaleza” y también de buscar el “bienestar para cada ciudadano de este débil planeta”. En un territorio diverso y en constante crisis el trabajar con estas premisas es la manera de ser y hacer de la arquitectura. No es parte de una declaración curatorial, ni el método de moda para atender los procesos de la construcción del espacio. La mayor parte de la arquitectura contemporánea en Latinoamérica es radical, está acostumbrada a compensar con ingenio la falta de recursos, a trabajar en procesos colaborativos con compromiso social y a explorar procesos constructivos eficaces más que efectistas.

No fue en la selección oficial de la bienal que la arquitectura latinoamericana tuvo lugar, las curadoras tan sólo seleccionaron cinco despachos para formar parte de su muestra y hablar del Freespace: Barclay&Crousse, de Perú, Carla Juaçaba y Paulo Méndez da Rocha de Brasil, ELEMENTAL de Chile y Rozana Montiel, de México. Algo que contrasta con la edición pasada donde Alejandro Aravena nos reportó desde otros frentes el trabajo de muchas oficinas emergentes de América Latina. Nuestra arquitectura, vista por las curadoras de un modo marginal, apareció como el tema a desarrollar por Architecture-Studio en el CA’ASI para celebrar sus diez años y como uno de los eventos colaterales de esta bienal se invitó a Jóvenes Arquitectos de Latinoamérica a participar en un concurso con sus proyectos.

Sobre un total de doscientas obras recibidas fueron premiados tres proyectos por un jurado internacional. También se atribuyeron quince menciones y se seleccionaron cincuenta y nueve proyectos para la exposición que actualmente se exhibe en el Campiello Santa Maria Nova cerca del puente Rialto. La obras se analizaron según diez series temáticas sobre las cuales se realizaron los debates y las reflexiones del jurado: la generosidad del alma; el empoderamiento, co-construir la ciudad; el derecho al paisaje,; las 10 varas, la dulzura del rigor; la casa y el territorio; re-valoriza; el bien común, un espacio a inventar; co-habitar; material/inmaterial y respuestas a la urgencia.

La respuesta, según Jean-Bernard Datry, miembro del jurado de este concurso, conformado principalmente por arquitectos o periodistas franceses y un par de arquitectos argentinos, fue de gran sorpresa, al contrastar las preocupaciones de los jóvenes arquitectos participantes de un continente “siempre nuevo a más de 500 años de su descubrimiento” con “los deseos de un jurado sensible a la precarización de una vieja Europa”, donde emergen preocupaciones comunes y una bipolarización de situaciones: de la autoconstrucción al encargo, de la transformación de asentamientos a la densificación, de lo urbano y denso a lo rural y generoso.

Los tres proyectos seleccionados como ganadores pertenecen a dos de los diez temas planteados, dos de ellos a la temática sobre la generosidad del alma que reúne proyectos que a través de procesos participativos construyen instituciones como lugares de encuentro proporcionando bienestar y dignidad. Daniel Feldman de Colombia resulta ganador con su Centro de Desarrollo Infantil el Guadual, donde se usó la arquitectura misma como elemento pedagógico promoviendo la búsqueda personal del individuo en un espacio libre. Entre Nos Atelier de Costa Rica presentan como ganador la Cueva de luz, un proyecto que nace desde las necesidades de los usuarios en un asentamiento informal cuestionando los límites del desarrollo en nuestras ciudades empoderando a la ciudadanía para provocar las transformaciones sociales desde la construcción de nuevos espacios como este centro comunitario.

La otra temática premiada fue el empoderamiento, co-construir la ciudad, aquella donde los arquitectos asumen el rol de activar con prácticas de organización ciudadana maneras de gestionar el territorio, arquitecturas que explícitamente conciben la ciudad como un trabajo social y participativo, donde se habla de economías circulares, protocolos de ocupación, relaciones sostenible y divulgación de problemáticas y contingencias con herramientas de auto-subsistencia. El proyecto ganador Catia 1:100 de los venezolanos Gabriel Visconti (AGA estudio) y Marcos Coronel (Pico estudio) se presenta como una operación de activación para el reordenamiento social y físico de los asentamientos barriales en Caracas, al consolidar un conjunto de bienes comunes multi-programa destinados al uso público la renovación de viviendas y la actualización de infraestructuras de servicios, basados en motorizar prácticas de organización vecinal para la gestión del territorio.

Entre los seleccionados destacan también los mexicanos de CCA Centro de Colaboración Arquitectónica con el proyecto del Club de Niños y Niñas en Ecatepec, Plug Architecture con el proyecto Eco Pétreo en Yucatán, Dellekamp arquitectos con el Module que entre otras cosas formó parte de los pabellones instalados en el espacio público en MEXTRÓPOLI 2017, CotaParedes arquitectos con su casa La Cueva en Jalisco, S-AR con la casa 9×20 en Monterrey, Dosa Studio con la Casa Palmas en Texcoco, TO con el proyecto Campanario para el Pabellón de El Eco 2018, AS arquitectura + R79 con la Hacienda NIOP en Campeche, Vrtical con el Mercado de artesanías de Tlaxco y Manuel Cervantes Céspedes con su Vivienda rural Infonavit Salazar.

Desde el manifiesto que acompaña esta edición de la Bienal se habla de “la habilidad de la arquitectura para proveer dones (gifts) espaciales gratuitos (free) y adicionales a quienes la usan y de atender (address) los deseos (wishes) tácitos (unspoken) de los extraños.” Latinoamérica es el escenario por excelencia donde la arquitectura responde y resuelve las necesidades que se cruzan en lo público. Desde otras latitudes sorprende la libertad con la que se opera en lo formal, lo material y lo estratégico. La arquitectura actual pareciera rescatar su discurso ideológico y la función social de otras épocas, despojándose de lo innecesario e impregnando en sus proyectos signos globales en clave local. Construyendo espacios libres, no como resultado de determinada morfología, sino, ante todo, como una articulación de realidades, operaciones e ingenios que surgen de la constante tensión y conflicto en las que habitamos nuestro rico y diverso territorio común.

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