26 septiembre, 2013

El ensanche del anillo

por Juan José Kochen | @kochenjj

La utopía es la mejor réplica de la arquitectura y la ciudad. Como reflejo del arquetipo humano, la ciudad surgió desde nociones utópicas sobre las formas de organización social, de intervención jerárquica de los espacios y de la idealización funcional de toda una civilización, por lo menos en las construcciones invisibles de la mente. A finales del siglo 19, la reacción a la industrialización dio lugar a diferentes propuestas para imaginar una versión más rural de la vida urbana; la revolución permanente contra la totalidad de la existencia moderna. No se puede entender el ideal utópico sin su contexto, y en este caso, “el seductor ha sido el modernismo”. Durante la mayor parte del siglo 20, los espacios urbanos fueron sistemáticamente diseñados y organizados con destellos visionarios, un modernismo potencial que mostró una salida como protesta revolucionaria que transformara una multitud de soledades urbanas en una comunidad. Entre 1900 y 1930, el proceso de “metástasis urbana” marca el inicio de una nueva generación. Las nuevas urbanizaciones se desprenden de la ciudad, saltan al campo y se mimetizan desde un planteamiento ‘en concreto’. Sin embargo, la trágica ironía modernista es que su triunfo contribuyó a destruir la misma vida urbana que esperaba liberar. En Ideología y utopía, el sociólogo Karl Mannheim escribe que: “Cualquier periodo histórico ha contenido ideas que trascendían el orden existente, pero no funcionaban propiamente como utopías: eran más bien ideologías adecuadas a aquella etapa de la existencia, ya que se integraban armoniosa y orgánicamente en la concepción del mundo característica de ese periodo (es decir que no ofrecían posibilidades revolucionarias)…Lo que determina la sucesión, el orden y la valoración de las experiencias aisladas, es el elemento utópico –ese decir, la naturaleza del deseo predominante–. Este deseo es el principio organizador que moldea la forma en que experimentamos el tiempo”. Así, la utopía moldea y desborda.

En 1970, la ciudad se desbordó y el anillo dejó de ser anillo, pasó de ser un sistema de movimiento continuo que contiene, redistribuye y ordena a partir de una secuencia radial, y se convirtió en una utopía reactiva. En plena movilidad modernizadora, tras haberse inaugurado el primer tramo del Anillo Periférico (1962), la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco (1964) de Mario Pani y la Línea 1 del Metro en su tramo Zaragoza- Chapultepec (1969), la ciudad se multiplicó en figuraciones abstractas. El anillo (periférico) se ensanchó y la modernidad transitó a una utopía que anticipó y volteó al estridentismo de su cimentación; ciudades en vías de urbanización que aún podían imaginar sus propios horizontes de asfalto. Éste es el motivo y motor de Visiones futuras. La utopía del anillo”, una expresión transdisciplinaria que plantea un cambio de giro sobre los procesos constructivos, las posibilidades sobre el potencial de espacios simbólicos y la propia redefinición del anillo y su condición utópica. Está presente la idea de posibilidad estaba latente, entre ficción, utopismo y/o suspenso. Así, esta multiplicidad de puentes entre palabras y conceptos del pasado y presente trazaron vasos comunicantes para conversar con el futuro, como parte de un mismo circuito anular. Como todo recorrido y figura retórica, esta apuesta museográfica posee un vehículo para viajar por estaciones utópicas desde la periferia, aunque ahora el Periférico sea un círculo concéntrico atrapado en la urbe. Marshall Berman (1940-2013) decía que; “Nuestra visión de la vida moderna tiende a dividirse entre el plano material y el espiritual: algunos se dedican al modernismo, que ven como una especie de espíritu puro que evoluciona de acuerdo con sus imperativos artísticos e intelectuales autónomos; otros operan dentro de la órbita de la modernización, un complejo de estructuras y procesos materiales –políticos, económicos y sociales– que, supuestamente, una vez que se ha puesto en marcha, se muere por su propio impulso”. Esta ha sido la vida y muerte de la utopía desde sus procesos tanto ideológicos como arquitectónicos; es su esencia. La exposición –hasta el 22 de septiembre en el Museo de Ciencia y Arte de la UNAM (MUCA), coordinada por Tania Tovar y Juan Carlos Espinosa– plantea visiones reactivas en las que el Anillo Periférico deja de ser una infraestructura monofuncional para a ser un instrumento de propuestas utópicas; un gran artefacto urbano con múltiples conexiones y arterias discursivas para huir hacia los espacios indefinidos de las formas futuras desde la arquitectura. El relato utópico a través de enfoques multidisciplinares con proyectos de Tania Tovar, Jimena Acosta y Jerónimo Sainz, Daniel Barrera, Nuria Benítez, Bundemaro D.L, Julia Carrillo, Pedro Ceñal, Mar Cubero, Juan Carlos Espinosa, Montserrat González, Jhavier Loeza, Itzel Palacios, Camila Mendoza, Hugo Vázquez, Estephania Zluhan y Onnis Luque. La muestra surge como parte de esta búsqueda constante por tomar distancia y descifrar ‘lados ciegos’ de la arquitectura desde la disolución de un vértice ‘aparente’.

Así, La utopía del anillo para recuperar ideas sobre la ciudad, sobre la premisa de pensar ciudades utópicas para luego retomar ideas, reconfigurarlas y conformar espacios hacia un mejor planeamiento. A su vez, la exposición también funciona como preámbulo para situar y analizar la enseñanza de la arquitectura y su actual anacronismo con el fin de reivindicar las utopías en el proceso creativo del arquitecto, y más aún, de la oportunidad de generar espacios para muestras académicas de este tipo. La necesidad de recuperar las arquitecturas/ciudades que se quedan en el imaginario es una condición indispensable para la planificación futura. Y a pesar de esto seguirán siendo utopías de la invisibilidad esperando el momento de ser reclamadas. Éste sólo es un camino. La utopía en arquitectura podría ser eso, un circuito periférico a veces utilizado como ideología, otras como ‘marco teórico’, pero sobre todo, como fundamentación visual de intenciones arquitectónicas y urbanas. La utopía no soluciona, inspira actos ulteriores, es material para construcciones con el que trabajan los sucesores, ya sea consciente o inconscientemente, para así encontrar prospectivas, ideas de futuro y acciones reactivas.

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