3 febrero, 2020

El dilema de los vehículos de carga

por Juan Palomar Verea

Existe un conflicto claro entre dos factores vitales para la vida metropolitana. Por un lado el del suministro o tránsito de todo tipo de cargas, y por tanto, la circulación de vehículos pesados en la zona urbana. Por el otro lado, las complicaciones viales que lo anterior supone para una amplia serie de encrucijadas o corredores completos, sobre todo en ciertas horas llamadas comúnmente horas pico.

Es una cuestión urgente de resolver y sin embargo crucial para el correcto desenvolvimiento de las actividades cotidianas. Se ha necesitado realizar complejos estudios sobre cómo ir ordenando estos retos. Y las alternativas son un verdadero dilema, o más bien, el de muchos factores que hacen la de la problemática algo arduo y muy complicado.

Cada sector de quienes participan en el problema tiene razones muy comprensibles para encontrar una salida ventajosa para ellos. Por un lado el de los automovilistas que tratan de llegar a sus destinos en el menor tiempo posible y en condiciones adecuadas. Por el otro, el de los transportistas que, muchos, se ven o se sienten como parte del tráfico normal en la ciudad, aunque este hecho sea un factor de agudización de la circulación general.

La implantación de horarios para el tránsito de los grandes vehículos de carga resulta una opción viable que ha sido aplicada con éxito, pero no sin problemas, en muy distintos contextos urbanos. Esto supone, entre otras cosas, la aplicación de medidas que devenguen en el cumplimiento de las disposiciones para ese fin. Tiene que ver, grandemente, con la organización de los tiempos de traslado de las respectivas cargas a sus destinos. Así, fijar nuevas disposiciones y horarios para aminorar el conflicto es visto, por los transportistas, como un factor que incide negativamente en sus actividades.

El caso de los automovilistas es también algo muy complejo de encarar. La crónica falta de un medio de transporte colectivo con recorridos y condiciones adecuados ha producido la inyección en el tráfico general de cantidades muy importantes de autos particulares. Ante los complejos problemas que esto supone para el funcionamiento citadino, es necesario también regular por medio de medidas adecuadas, el indiscriminado uso de todo el muy numeroso parque vehicular particular. Esta compleja medida tiene que ser resuelta y adecuada para no provocar, como ya se observa en muchos puntos y corredores urbanos, los muy evidentes embotellamientos que tanto a los automovilistas como al transporte colectivo y a los transportistas provocan graves perjuicios.

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