25 febrero, 2020

El culto actual a los monumentos

por Restauradoras con Glitter y Alberto Oderiz

Pintada en la Columna de la Independencia. Cortesía de: Restauradoras con Glitter

Ver  monumentos llenos de demandas pintadas nos puede causar una gran incomodidad, pero su presencia no puede hacer más evidente que los bienes culturales transmiten mensajes del pasado y permanecen vinculados a sus creadores iniciales, a la vez que necesariamente mantienen un diálogo con la sociedad en el presente a través de acciones que constituyen procesos sociocreativos que se materializan unas veces en forma de consensos pero otras también desde la disputa sobre lo que estas esculturas significan.

La conservación-restauración es una disciplina antropológica, pues los bienes culturales en realidad son mensajes sostenidos por la materia, y en consecuencia las acciones de conservación y restauración jamás pueden ser neutras y objetivas, invariablemente tienen una afectación sobre su significado. Por lo tanto, por más que haya quienes tengan una opinión sobre que un monumento debe lucir de tal o cual manera, no hay algo como un estado “correcto”, definido a priori, requiere de evaluación. La conservación-restauración tiene que buscar que estos bienes puedan ser eficientes para la transmisión de sus mensajes en el presente, y determinar aquel que mejor lo permita es la tarea más compleja de nuestro quehacer, la que motiva, guía y limita nuestras acciones.

El objetivo de quienes nos dedicamos a esta labor, es llevar a los bienes a ese estado que integre, denote y promueva las cualidades que permiten su identificación en el entorno presente, aquel que puede desarrollarse en más formas que cualquier otro, el que más significados puede manifestar (Contreras 2019).

Por lo anterior, a quienes formamos Restauradoras con Glitter, la pintura en los monumentos nos parece controvertible (afectaciones al Monumento a la Independencia, a Cuauhtémoc, a Cristóbal Colón y, finalmente, al Hemiciclo a Juárez, en la Ciudad de México), pero lo expresado con ellos es central (la búsqueda de justicia para las mujeres en México).

La respuesta ante las demandas pintadas en los monumentos creó un conflicto artificial, falso, entre monumentos y mujeres. Se ha enarbolado el daño a los monumentos como bandera contra las demandas de quienes protestan. Más atención a las mujeres no implica menos atención a los monumentos, ni al revés. La realidad es que la conservación de los bienes culturales no ha sido una prioridad en México, evidencia de esto son los miles de acciones dañinas que se ejecutan sobre estos por no implicar a profesionales de la conservación-restauración. Como cuando se colocan enlucidos de cemento o trabes de concreto en edificios históricos de adobe, cuando el santero raspa la pintura de una escultura de madera o la cubre con “pintura de aceite”, cuando se pinta de blanco el mármol, o cuando se otorgan contratos con discrecionalidad, opacidad y sobornos, cuando las personas profesionales de la restauración tienen contratos breves, con sueldos bajos, sin prestaciones, y cuando cultura es la primer área en sufrir recortes porque aparentemente a todos los gobiernos, de un lado o del otro, les parece superflua.

Pintada en la Columna de la Independencia. Cortesía: Alberto Odériz

Las profesionales de la restauración somos mayoritariamente mujeres, somos privilegiadas en tanto que tuvimos educación superior, pero aún así todos los días elegimos nuestra ruta y ropa para evitar que nos molesten, avisamos cuando llegamos y permanecemos despiertas hasta que recibimos la confirmación de que amigas y familiares están bien, todas conocemos a alguien que ha sufrido acoso o violación, si no lo hemos sufrido en carne propia, y lamentamos las desapariciones y feminicidios también entre nuestras cercanas.

Las demandas pintadas, a diferencia de los actos de corrupción que han dañado estos y otros importantes monumentos, tienen una inmensa relevancia social, incluso podrían considerarse un hito histórico: las manifestaciones y pintadas de 2019 utilizaron los monumentos como un lienzo para denunciar la situación de violencia feminicida y visibilizar las demandas de justicia, seguridad, bienestar y libertad del 52% de quienes formamos este país, las mujeres.

El evento de la transgresión, sobre la piel del monumento, brinda una oportunidad para replantear y reivindicar el papel de los espacios patrimoniales en la vida pública y política en aras de construir un país más justo en que todas las personas se puedan identificar con el símbolo de la libertad y la independencia.

Por ello, como profesionales de la conservación-restauración, pedimos documentar estas manifestaciones y, como mujeres, solicitamos una urgente atención a las causas que sostienen la inseguridad. Así como una mejoría notable en la administración de la justicia en nuestro país.  Mientras tanto, las pintadas sobre los monumentos describen mucho mejor que el marmol pulido la situación de impunidad y violencia en la que vivimos.

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