11 febrero, 2013

El artista y la ciudad

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

El domingo pasado murió el filósofo catalán Eugenio Trías Sagnier (31 de agosto de 1942 –10 de febrero de 2013). En su libro Lógica del límite (1991), Trías planteó para la arquitectura un lugar junto a la música en su sistema de las artes. Si el mundo es aquello que hace sentido para nosotros, los humanos, la música y la arquitectura se encuentran al límite, son las artes que abren en principio esa posibilidad de sentido: «artes fronterizas que dan forma y sentido a ese límite». La música y la arquitectura «se despliegan en el límite y desde él hacen posible que el mundo se muestre como es, como un ámbito susceptible de ser habitado».

Ambas artes son, en los términos de Trías, arcaicas o arqueológicas: «se instalan inmediatamente en eso que suele llamarse medio ambiente: algo previo y anterior en relación con lo que debe llamarse propiamente mundo. Para que haya mundo, experiencia del mundo y de los límites del mundo, debe allanarse, formarse y cultivarse antes eso que lo presupone y a lo que suele llamarse medio ambiente». La música —en su forma más simple puro ritmo— es lo que hace que el tiempo tenga un sentido humano, mientras que la arquitectura —en principio mera distinción de un sitio como aquí, frente a un allá que es otra parte— es lo que hace que el espacio tenga ese mismo sentido humano. Ambas, dice Trías, «preparan un hábitat a la configuración icónica o a la significación poética o conceptual.»

La música, del lado del movimiento y del tiempo, prepara un mundo para la danza y el lenguaje, la narración y la poesía. La arquitectura, del lado del reposo y del espacio, abre ese mundo para la escultura y la imagen. Ambas —afirmaba Trías— «se sitúan en el intersticio mismo entre naturaleza y cultura, o entre materia y forma, o entre lo prelingüístico y el logos». Que la música y la arquitectura sean arcaicas «explica las inmensas inercias que ambas artes suelen arrastrar, y las dificultades que acarrea la revocación de las mismas en cuanto a las posibilidades del habitar. Habitar implica hábito, costumbre».

Como la música, para Trías la arquitectura actúa directamente sobre el cuerpo, pues «lo ambiental, el ambiente, lo constituye el nexo entre el territorio y el cuerpo». Ambas artes «dan forma a un ambiente»; son por tanto atmosféricas : «se producen entre el cuerpo y el ambiente». Pero por lo mismo, ambas también son «artes estructuralmente abstractas»: no dicen nada, no significan nada ni muestran nada, sino que hacen posible justamente eso: el decir, el significar, el mostrar. abren y preparan el mundo donde somos en tanto humanos. Así, al menos, entendió Eugenio Trías, siempre cercano a esas dos artes, la música y la arquitectura.

Eugenio Trías escribió más de 25 libros, entre ellos: La filosofía y su sombra (1969), Filosofía y carnaval (1970), Teoría de las ideologías (1970), La dispersión (1971), Metodología del pensamiento mágico (1971), Drama e identidad (1973), El artista y la ciudad (1975), Meditación sobre el poder (1976), La memoria perdida de las cosas (1977), Tratado de la pasión (1978), El lenguaje del perdón. Un ensayo sobre Hegel (1979), Lo bello y lo siniestro (1981), Filosofía del futuro (1984), Los límites del mundo (1985), La aventura filosófica (1987), Lógica del límite (1991), El cansancio de occidente (1992), La edad del espíritu (1994), Pensar la religión (1997), Vértigo y pasión (1998), La razón fronteriza (1999), Pensar en público (2001),  Ciudad sobre ciudad: arte, religión y ética en el cambio de milenio (2001),  Ética y condición humana (2003), El árbol de la vida (2003), El hilo de la verdad (2004), Tratado de la pasión (2005), La política y su sombra (2005), Prefacio a Goethe (2006), La dispersión (2006), El canto de las sirenas: argumentos musicales (2007), Creaciones filosóficas I: Ética y estética (2010), Creaciones filosóficas II: Filosofía y religión (2010), La imaginación sonora (2010), Forma y tiempos de la música (2012) y De cine. Aventuras y extravíos (inédito).

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