7 enero, 2013

El arte de la coacción

por Juan José Kochen | @kochenjj

“Es el arte lo que emociona de un modo que nunca podrá lograr la función; ahí es cuando surge la pasión, y lo que hace de la arquitectura una experiencia trascendente”. Sucede que además de entender ambas –arte y arquitectura– como producto o sucesión de una tras otra, como afirma Paul Goldberger, se puede percibir el espacio que imbrica y cohesiona las dos anteriores desde una tercera condición. La intención arquitectónica –más aún al hablar de museos o galerías– no es simplemente una cuestión de decoración o un espacio abierto para la intervención, surge de la elaboración consciente del espacio, de la configuración deliberada de la forma o de la yuxtaposición de los materiales y sus posibilidades. El arte se define principalmente por la intención y el desafío, y la arquitectura está en un equilibrio preciso entre el arte y la utilidad.

Asumiendo este doble discurso y su ambivalencia, la arquitectura es arte y no lo es; ésta es su paradoja y a la vez su entelequia. No es como una pintura, un marco, un buen encuadre, un buen texto o una buena composición musical, es la suma de estas experiencias y sus satisfacciones ulteriores. Un buen marco contextual: Dorsoduro, Venecia; un buen contenedor: Punta della Dogana; una buena intervención: Tadao Ando; una buena colección/fundación: Francois Pinault; una buena curadora: Caroline Bourgeois; una buena exposición: In Praise of Doubt; y por lo tanto, una buena selección: Maurizio Cattelan, David Hammons, Donald Judd, Adel Abdessemed, Edward Kienholz, Jeff Koons, Thomas Schütte, Julie Mehretu, entre otros.

Intervenido por Tadao Ando en 2009, el edificio de la galería-museo en Punta della Dogana alberga la colección del empresario francés Francois Pinault, esposo de Salma Hayek y dueño de Gucci, Yves Saint Laurent, Converse, Samsonite y Château Latour –comercial incluido para entender las más de 2 mil 500 obras de arte que incluyen su colección, de las cuales 141 se exhiben permanentemente en Punta della Dogana–. Con reminiscencia fabril, y la misma esencia de la Galería Kurimanzutto (2008) de Alberto Kalach, el recinto –además de su emplazamiento veneciano– posiciona al arte como desafío y ruta de cartografías para imaginar otras más aún sin explorar. No sólo por su ubicación en el Dorsoduro, muy cerca de la colección Peggy Guggenheim, sino por su respuesta formal y contextual, el sitio reúne lenguajes para imaginar, interpretar y entender realidades abstractas.

Si las contenedores de Donald Judd y el caballo suspendido de Maurizo Cattelan abren el espacio del museo forrado de ladrillo y concreto aparente pulido; los objetos singulares de Thomas Schütte y la obra de gran formato de Julie Mehretu cierra el recorrido y secuencia museográfica de In Praise of Doubt, que estará hasta el 17 de marzo de este año. De vuelta al discurso entre arte y arquitectura, y siguiendo la premisa de Jean Nouvel: “la arquitectura es el arte de la coacción”, éste es un ejemplo en el que el arte y la arquitectura se entrecruzan; contenedor, contenido, discurso, materialidad y situación en la misma búsqueda del límite y el placer de la deconstrucción del espacio. Louis I. Kahn decía que “para hablar de arquitectura hay que hablar de espacios, de espacios inspirados”. En una misma esquina y como punta de lanza para hablar de la dicotomía entre arte y arquitectura, aquí convergen espacios para el arte, de espacios inspirados en arte.

© Palazzo Grassi | Donald Judd, Untitled (Stack)

© Palazzo Grassi | Sigmar Polke, Axial Age

© Palazzo Grassi | Adel Abdessemed, Wall Drawing

© Palazzo Grassi | STURTEVANT, Félix González-Torres, AMERICA AMERICA

© Palazzo Grassi | Paul McCarthy, Plaster Clay Figure

© Palazzo Grassi | Tatiana Trouvé, Appunti per una costruzione / Notes pour une construction

© Palazzo Grassi | Adel Abdessemed, Cocktail

© Palazzo Grassi | Adel Abdessemed, Practice Zero Tolerance

© Palazzo Grassi | Maurizio Cattelan, All

© Palazzo Grassi | Julie Mehretu, Untitled

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