6 septiembre, 2019

El archivo de lo doméstico.

por Christian Mendoza

La operación que justifica la muestra Días únicos: el estudio y su archivo, recientemente inaugurada en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, es la del archivo interpretado bajo una posible mirada autoral. La fotógrafa Yvonne Venegas decide firmar una exposición que, podría decirse, organiza el acervo del estudio Venegas Fotografía Fina, cuyo dueño es José Luis Venegas, padre de Yvonne, aunque esta presunta organización no se dirige hacia lo monográfico y más bien pone énfasis en el archivo como una vía argumentativa: como la tesis de una exposición tanto en sus términos artísticos como en los curatoriales. A diferencia del ready-made, cuyo objetivo —argumentado aquí desde una total falta de sistematización— es exponer la estética de lo prefabricado, Días únicos: el estudio y su archivo formula hipótesis sobre la práctica de la fotografía, no sólo en lo que respecta a las implicaciones de su reproductibilidad sino también en la economía que la llegó a sostener, así como en la ideología que sus imágenes contienen.

La exposición reporta que José Luis Venegas fundó en 1972 su negocio, ubicado en Tijuana, en la calle de Aguascalientes 125. El espacio, a decir del texto curatorial, “se dispone al modo de un railway, según la expresión americana: con una recepción y oficina en el frente, provistas de sofá y fotografías con marcos dorados; un estudio propiamente dicho, con un fondo de tela pintada y luces y, finalmente, un cuarto oscuro localizado en el fondo.” Los objetos que inician el recorrido son las cámaras utilizadas por el estudio, los reconocimientos que certifican la educación del fotógrafo, las facturas que declaran los montos de los materiales comprados y, finalmente, un lujoso álbum que era entregado al cliente que desea contratar los servicios de Venegas Fotografía Fina, cuya especialidad son —se trata de un estudio en activo— las bodas. La novia ante el espejo, el brindis, las esculturas de hielo y los automóviles que llevarán al nuevo matrimonio hacia el inicio de su vida en pareja conforman la gramática de las imágenes producidas por José Luis Venegas. Una primera y deficiente aproximación podría ser la de traducir estas imágenes a través del contexto físico en el que se exponen; los muros del museo contemporáneo —y siendo honestos, los de cualquier museo— “purifican” al objeto con discursos conceptuales. Sin embargo, la complejidad de las fotografías producidas por el estudio se activa no sólo mediante su desplazamiento al museo.

En Días únicos, Yvonne Venegas ensaya cómo la labor de José Luis Venegas registró una clase media alta, estrato social cuya ya de por sí difícil definición se torna más inestable cuando se toma en cuenta el contexto geopolítico de la frontera. La población retratada se encontró en un constante diálogo con un país desarrollado y esta condición geográfica es su terreno de autorrepresentación, al menos la que fue permitida por José Luis Venegas, quien recibió clases por correspondencia en la Famous Photographers School —en la que se recibían lecciones de figuras como Richard Avedon— y pudo exportar tecnologías y técnicas para lograr productos que pudieran responder a necesidades de un mercado cada vez más global —de ahí el tránsito de la fotografía al video— pero que terminó tal vez extinguiéndose bajo lógicas que responden a subjetividades y materialidades distintas.

Días únicos pareciera proponer que cierta fotografía que documentó usos y costumbres se encuentra en un estado arqueológico ante la afluencia de una imagen que, como la misma Yvonne argumenta, está generada con tecnologías más sofisticadas pero que ya no comparte “la inocencia de lo nuevo”. Lejos de una nostalgia por lo analógico, lo que se revisa en Días únicos es la construcción de lo doméstico sostenida en valores como, sí, el amor legitimado por el matrimonio, pero también la presencia de la familia, la ostentación material y la promesa de un ascenso hacia una vida más cómoda. Yvonne Venegas plantea que la fotografía de bodas articula ideologías sobre la domesticidad y el poder económico, ejes que durante una buena cantidad de tiempo fueron casi sinónimos.

Cuauhtémoc Medina lo explica de esta manera: “La ceremonia de la boda no sólo exhibe públicamente la fundación de una relación amorosa y la constitución de un proyecto familiar, sino que es también un ritual de consumo y exposición de todo un catálogo de objetos de prestigio; lo cual ocurre especialmente en una geografía como Tijuana que, durante el siglo XX, sirvió como mirador hacia el modo de vida americano.” Además del video que registra los interiores domésticos en los que permanecen instaladas las fotografías de José Luis Venegas, es constante la importancia del automóvil o de la orfebrería, así como de los contrastes jerárquicos que una boda expresa durante su realización. Con las imágenes de ramos de rosas atrapados al vuelo, aparece una fotografía contundente: el grupo de meseros que esa noche atendió a una familia de renombre.

Días únicos es una etnografía compleja del archivo que, separada de toda catalogación obvia, ensaya ideas sobre la ideología de un género específico de la fotografía. Pero también se debe tomar en cuenta que se ha llegado a negar la existencia de una clase media en México, como si sus hábitos de consumo y sus vías de autorrepresentación pertenecieran a la esfera del aspiracionismo artístico. La exposición de Yvonne Venegas se suma, desde lo documental, a una reflexión reciente, también emprendida por el cine mexicano —teniendo como ejemplos claros a Nuestro Tiempo (2018), Roma (2018) y Las niñas bien (2018)– sobre la clase media y las imágenes que ésta genera.

 


Fotografías: 

Yvonne Venegas. Proyecto “Días únicos”. Boda Malof González, 1973. Foto: José Luis Venegas. Archivo Estudio Venegas Fotografía Fina. Cortesía de Yvonne Venegas y José Luis Venegas

Yvonne Venegas. Proyecto “Días únicos”. Boda Sosa Gómez, 1972. Foto: José Luis Venegas. Archivo Estudio Venegas Fotografía Fina. Cortesía de Yvonne Venegas y José Luis Venegas

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