9 abril, 2018

El aeropuerto de México (y el lago de Texcoco) es un asunto urgente de todos los mexicanos

por Juan Palomar Verea

La puerta principal al país es un elemento fundamental de la nación. El aeropuerto actual pone en peligro a diario a miles de personas, pasajeros o en tierra. Está rebasado en 50% con todos los peligros que esto trae, y además está fatal.

Pero además, y todavía más importante, el aeropuerto, bien hecho, y con un costo marginal, puede rescatar el lago de Texcoco (llenarlo de agua limpia) y mejorar directamente la vida de más de veinte millones de mexicanos. Ahora, en vez de eso, y según algunas informaciones, están secando criminalmente al benemérito lago Nabor Carrillo, último reducto del lago milenario.

Es un tema muy serio y muy urgente. No estamos para payasadas electoreras. Lo de utilizar el aeropuerto militar de Santa Lucía y el actual no solamente es ridículo y técnicamente inviable, sería de risa si no pudiera ser trágico.

¿Cómo hacerle para terminar el proyecto (eso sí, muy exorbitante) de Sir Norman Foster y recuperar el lago? Es bastante sencillo: consiste en no hacerse bolas y en exigir al gobierno algo así de vital. Durante más de veinticinco años un amplio equipo, dirigido por los arquitectos Alberto Kalach y Teodoro González de León (qepd) realizaron todos los estudios y proyectos necesarios: ¿Cuál fue el resultado?

Un aeropuerto mucho mejor, más bonito y funcional y más barato que el que se está construyendo, situado también en el lecho del lago de Texcoco, pero en el lugar adecuado, sobre una gran isla. Alrededor, todas las aguas pluviales de México formando un espléndido cuerpo de agua. Así, se obtienen más de ochenta kilómetros de litoral, en donde se desarrollaría ordenada y sosteniblemente el desarrollo de la ciudad, de aquí a que termine de crecer. Obviamente, es necesario castigar a los victimarios de la gente de Atenco y realizar una verdadera gestión de estado ante unos temas así de vitales y políticamente sensibles.

Es increíble que el trabajo de Kalach y González de León no haya encontrado un eco adecuado ni siquiera entre el gremio de los arquitectos. Tal vez sea por pura envidia o por distracción idiota (recuérdese que en la antigua Grecia los idiotas eran los ciudadanos que no se concernían con el destino de la ciudad). Ni siquiera en las revistas de arquitectura al uso las ideas de ese equipo han tenido difusión. Y así, en las narices de todos, se está esfumando el más importante proyecto, la más dorada oportunidad del país en materia arquitectónica, urbana, social, económica y ecológica.

¿Por qué no organizamos una cadena de cartas y una campaña de change.org, de tuiter y de feisbuc dirigidas al presidente Peña Nieto para que se reconsideren seriamente las cosas? Podríamos participar todos, desde el Iteso o la Unam o el Poli o la Ibero o el Itam… hasta los ciudadanos de todo el país. Conste: sobre advertencia no hay engaño: somos mucho más que 132.

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