23 octubre, 2014

El Hotel Imperial

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

仕方が無い

21 de septiembre de 1923, 11:58 am. Un fuerte terremoto que, se dice, duró entre 4 y 10 minutos, golpeó Japón. Tokio, Yokohama y Kanagawa, entre otras ciudades, fueron devastadas. Murieron más de cien mil personas y casi 400 mil edificios sucumbieron al temblor y a los incendios que desató. La destrucción fue tal que hubo quienes propusieron construir una nueva capital lejos de Tokio.

Entre los edificios que resistieron el temblor con pocos daños estaba el Hotel Imperial, diseñado por Frank Lloyd Wright y terminado un año antes, en 1922. El edificio de la embajada de los Estados Unidos resultó en cambio muy afectado. El embajador Cyrus Woods tuvo que cambiar sus oficinas al hotel diseñado por Wright.

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En 1887, con apoyo del Gobierno Imperial, Ei’ichi Shibusawa y Kihachiro Okura fundaron la Sociedad del Hotel Imperial con un capital de 260 mil yenes. En 1890 se inauguró el Primer Hotel Imperial —y el primer hotel de estilo occidental en Japón— diseñado por el arquitecto Yusuru Watanabe siguiendo el plan inicial del alemán Heinrich Manz, En 1910 se empezó a pensar en remplazar ese hotel por uno más moderno, para lo que los japoneses buscaron a un arquitecto extranjero de renombre: Frank Lloyd Wright.

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El primer viaje fuera de los Estados Unidos de Wright fue a Japón en 1905, acompañado por su esposa Catherine y una pareja de clientes, los Ward Willitis. En ese viaje Wright inició una importante colección de grabados. Entre 1909 y 1910, Wright viajó por Europa acompañado de Mamah Cheney, esposa de otro de sus clientes de la que se había enamorado, dejando a su mujer y a sus hijos. En 1911 Wright había empezado a negociar con los administradores de la Sociedad del Hotel Imperial para diseñar un edificio que remplazara al de Watanabe, pero las pláticas se suspendieron tras la muerte del emperador Meiji el 30 de julio de 1912.

El 15 de agosto de 1914, mientras Wright estaba en Chicago, su empleado, Julian Carlton, prendió fuego al primer Taliesin y asesinó con un hacha a 14 personas, entre ellas a Mamah Cheney y sus dos hijos. Wright quedó devastado. El diseño del Hotel Imperial, que se retomó en 1915, lo ayudó a salir adelante. El 28 de diciembre de 1916, acompañado de su tercera mujer, Miriam Noel, y de su hijo, John, partió a Japón desde Vancouver en el barco Empress of Asia. Estuvieron en Japón cuatro meses estudiando el sitio, sus condiciones y la manera de construir. A su regreso empezó a desarrollar el proyecto que debía inaugurarse en 1920 —en 1919 Wright le escribió una carta a Louis Sullivan quejándose de la lentitud del trabajo en Japón. El hotel se terminaría hasta 1922, un año antes del terremoto de Kanto.

Lo que el terremoto no destruyó lo hizo el tiempo o, más bien, los cambios de usos y de costumbres que se dan con —o en— el tiempo. En 1967 se decidió demoler el hotel para construir uno más moderno —recordemos que el origen del hotel de Wright fue exactamente el mismo. Robert Arrowsmith dice que el destino de esa obra ya estaba decidido en una de las pocas frases que Wright sabía en japonés: shikata ga nai: no hay remedio.

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*La mayor parte de los datos de este texto provienen del de Kathryn Smith, “Frank Lloyd Wright and the Imperial Hotel: a Postscript”, The Art Bulletin, 67, 1985.

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