2 febrero, 2018

Un marco para Dubái

por Pedro Hernández Martínez | @laperiferia

 

“Dubái es una ciudad llena de emblemas. En lugar de agregar otro, proponemos enmarcarlos a todos: enmarcar la ciudad”. Así comienza la memoria del Dubai Frame, un enorme proyecto ideado por Fernando Donis para la capital de Emiratos Árabes.

Para llegar a ello, cabe recordar un poco la historia. En 2009, la Municipalidad de Dubai y la empresa de elevadores ThyssenKrupp, bajo los auspicios de la Unión Internacional de Arquitectos, habilitada por la normativa de la UNESCO en competiciones internacionales, lanzaron la convocatoria de un concurso, el Premio Internacional ThyssenKrupp, que trataba de imaginar un emblema que promoviera la nueva imagen de Dubai. Aquella competencia recibió un total de 926 propuestas que buscaban erigirse como el nuevo ícono de la ciudad. Había demasiadas ganas por destacar. Y era natural. Dubái, como otras tantas urbes de Oriente Medio, estaba sufriendo por aquel entonces una transformación sin igual, en la que destacados profesionales, grandes capitales y las últimas tecnologías iban de la mano para construir no sólo una imagen pretendidamente moderna, sino también un lugar donde la inversión permitiera repensar posibilidades económicas para el país, unas centradas en gran parte en el turismo y el desarrollo inmobiliario, y que fueran más allá de la dependencia futura del petróleo. Todo ello derivó en una sed iconográfica urbana, una quizá excesiva, y donde, como apuntaba Donis, había ya demasiados emblemas. Destacar, entonces, era una labor casi imposible, más aún en una competencia donde la imaginería de los participantes se debía enfocar, aparentemente, en formas extravagantes; todo por llamar la atención de un jurado y de una ciudad llena de pretendidas puntas de lanza. La estrategia del mexicano ahí, supone un gesto en contra de la lógica del ícono tradicional, que nos diría que hay que construir una nueva estructura masiva, una más que se perdería entre otros tantas: “en lugar de [eso], el propósito de este proyecto es construir un vacío”, una suerte de anti-ícono.

La traducción formal de esta idea fue sencilla: un marco rectangular de 105×150 metros, que “encuadra el desarrollo del pasado, actual y futuro Dubai”. Gracias a esta idea, el proyecto aparece como un elemento fundamental de la ciudad. Nada escapa de él y permite que se convierta en el elemento casi primordial de todas las composiciones urbanas, “como si la urbanización pudiera tener un límite tridimensional, este artefacto enmarca esa posibilidad”. Su ubicación, en medio de el viejo y el nuevo Dubái, lo convierte para su autor en un «marco de tiempo», que vincula la ciudad en desarrollo con su pasado. Al tiempo, la parte inferior del proyecto incluiría instalaciones culturales y sus áreas más elevadas tendrían cafés desde donde disfrutar la vista de la ciudad. Un mirado y un objeto que no puede escapar de ser visto, que celebra a su vez a la ciudad y su desarrollo. Todo ello desde una arquitectura sencilla “opuesta a la complejidad contemporánea”, “un arquetipo simple, pero extraordinario”: dos pilares y un dintel llevados al máximo de su esencia.

Para tal fin, en el concurso, Fernando Donis llevó su diseño a lo esencial, un marco abstracto, blanco, que nunca pudo verse realizado como tal. Casi una década después de aquel diseño, la construcción del Dubai Frame tiene otra imagen. Ese cambio de diseño*, aunque no cambio la idea del marco, sí hizo que se perdieran las sutilezas del proyecto original, así como parte de su esbeltez, creando un proyecto más ornamental, en la línea de otros edificios de la ciudad, como si quisiera negar, o cubrir, aquello que la propuesta original siempre pretendía: un anti-monumento en contra de la, tan tediosa a veces, idolatría arquitectónica.


*Artículos relacionados:

https://www.theguardian.com/world/2018/jan/01/dubai-frame-uaes-latest-surreal-landmark-frames-a-controversy

http://edition.cnn.com/style/article/dubai-frame-opening/index.html 

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