10 noviembre, 2013

Dos libros ‘estrellados’ en mi mesa

por Miquel Adrià | @miqadria

El azar dejó sobre mi mesa dos libros aparentemente similares: grandes monografías de arquitectos contemporáneos, autores de exitosos edificios y bendecidos, en ambos casos, por selectos mentores. Llegaron casi al mismo tiempo y durante la semana los andaba viendo, de lejos, por fuera, entre los resquicios de las urgencias del día a día. Hasta que el sábado me concedió el tiempo que se merecían. Debo decir que cada vez aborrezco más las dicotomías que permiten descalificar a uno por la credibilidad del otro (si no es inocente será culpable, si no votas mejor calla, etc.) por lo que leí y paseé por los dos volúmenes con la misma predisposición al asombro y con el mismo derecho de crítica a sus autores, en ambos casos buenos amigos.

Uno es Nieto Sobejano, editado por Hatje Cantz en inglés, de 28 x 28 cm. y 260 páginas. El otro es FR-EE, Fernando Romero EnterprisE, editado por editorial Mapas en español, de 27 x 21 cm. y 394 páginas. Los dos a todo color.

En el de Romero queda claro que el tamaño de los proyectos si importa y hace suya la fascinación de su mentor Rem Koolhaas por lobigness (con quien sale fotografiado). Su obra está orientada hacia las tallas grandes hasta el punto de proyectar FR-EE City que hace pensar en Freetown, o Monrovia, capital de Liberia, aunque el autor cita como referentes Brasilia de Niemeyer y Chandigarh de Le Corbusier.

Su estimulante visión de la profesión y del futuro inmediato, no deja de sorprender cuando afirma que se distancia de la tendencia dominante mexicana, “al tratar de hacer una arquitectura que no sea exclusivamente comercial”, a la vez que defiende la estructura dual de su despacho con sede en la ciudad de México y en Nueva York, enfocado respectivamente a dar respuestas eficaces al mercado y a la investigación. Tan amplios horizontes supuran cierta urgencia y frivolidad de una agenda que trata de satisfacer todos los frentes.

Las colecciones de maquetas de posibles opciones de proyectos -siguiendo el modelo de los arquitectos holandeses, donde la solución parecer ser un proceso de eliminación- se convierten en formas decorativas al servicio de un deplorable diseño gráfico. Paradójicamente, su serie de ovnis aterrizaron en México, Croacia y Portugal, pero no en Ordos, que fue el gran laboratorio de ideas de los “otros” arquitectos de su generación en los últimos años. Una serie de edificios circulares, como platos parados, se ubican hipotéticamente en Florida, Armenia o Texas, y culminan con la Hexacity en China. A su vez, la frustrada torre del Bicentenario de O.M.A. da pie a una serie de torres piramidales en México, Chile o Nueva York, invadidas por una naturaleza más viral que ecológica, destacando en cambio, un esbelto y elegante cilindro de 55 pisos que, de llevarse a cabo, remataría el paseo de la Reforma. Entre las obras se entrecruzan edificios corrientes como la torre Jumex, frente al Museo Soumaya, que ha sido avalado por todos los líderes globales –Shakira incluida- aún cuando no es más que una ocurrencia formal sin aterrizar. Queda claro que a Fernando Romero igual que a Salvador Dalí, autor de la mayoría de las delirantes esculturas que inundan la última planta del museo, lo que le importa es “que hablen, aunque hablen bien”.

Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano también pueden presumir que su mentor Rafael Moneo, posee el preciado Pritzker, aunque no lo hacen. También tienen una estructura bicéfala entre Madrid y Berlín, donde Sobejano es catedrático.

Para ellos la arquitectura se alimenta de imágenes atrapadas en la memoria. De ahí que aparezcan geometrías de corte musulmán en el Museo de Arte Contemporáneo de Córdoba, a pocos metros del inconcluso Centro de Convenciones de Rem Koolhaas, en estado de ruina. O composiciones de edificios inspiradas en las piezas de ajedrez, en Munich; conos hincados entre los patios de la Kunsthaus de Graz; cilindros oxidados que emergen en Lugo; y el delicado Museo de sitio excavado en la zona arqueológica de Medinat al-Zahra, Córdoba, que les mereció el premio Aga Kahn. Siguen formas caprichosamente orgánicas en un mercado temporal madrileño, hasta el icónico centro de Congresos de Zaragoza, resultado extruído de una cordillera en sección. Exquisitas intervenciones museísticas en Canarias, Valladolid o San Sebastián, donde toda la riqueza de espacio, luz y materia de la modernidad dialoga con castillos, templos y murallas. El material y la forma no son arbitrarios si bien no renuncian al ornamento que rasga y perfora concretos y aceros. Todo está construido y el lirismo de sus ideas no se ve frustrado por torpeza alguna en su construcción.

Cerrando los libros me pregunto por qué unos son confiables y emocionan, mientras que el otro causa recelo. La cantidad abrumadora de objetos icónicos del talentoso arquitecto mexicano remite a una producción genérica y global inducida por su tutor, mientras que la obra de Nieto y Sobejano es única en cada lugar que se posa y no requiere de bendición, quizá por que superaron con creces a su mentor. Y es que la arquitectura, sedimentada sin prisas, adquiere una densidad que la urgencia mediática no otorga.

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Free_3FR-EE, Fernando Romero EnterpirsE

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ns_2Nieto Sobejano

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