10 diciembre, 2020

Donde las esposas lavan los calcetines

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

 

Presentado por:

Entre abril y junio de 1942, el Museo de Arte Moderno de Nueva York presentó la exposición Wartime Housing, vivienda en tiempos de guerra, realizada en colaboración con el Comité nacional para la emergencia de vivienda. En el comunicado de prensa se declaraba: “Esta exposición mostrará, mediante instalaciones gráficas y dramáticas por qué vivienda adecuada diseñada por los mejores arquitectos del país es necesaria para ganar la guerra.” La exposición estuvo a cargo de Alice M. Carson, Don Hatch y Eliot Noyes, quien entonces, a cuatro años de haberse graduado de Harvard, era el director del departamento de Diseño industrial del MoMA. Sobre la exposición, Noyes declaró:

“Durante el próximo año o dos, cientos de miles de nuevas casas tendrán que ser construidas para trabajadores de las industrias de guerra. En este programa yace un gran peligro pues, con la vital necesidad de apresurarse, la planeación a largo plazo tiende a ser dejada de lado, y lo que se construye con prisa hoy, puede terminar como barrios degradados o ciudades fantasma del mañana. La gente de una comunidad puede hacer mucho para planear el crecimiento futuro de sus ciudades; si fallan al hacerlo, fallan en su responsabilidad como ciudadanos de los Estados Unidos.”

La exposición se presentó en diez escenas. La primera resumía un discurso pronunciado por Roosevelt el 6 de enero de 1942: “Este año de 1942 deberemos producir 60 mil aviones, 45 mil tanques, 20 mil armas antiaéreas. La tarea es dura, el tiempo corto.” La segunda escena hablaba de la escasez de vivienda, ya aguda desde 1938. La tercera hablaba de las malas condiciones de la vivienda: “Hogar es el lugar donde cuelgas el sombrero, donde comes, donde duermes. Es donde escuchas la radio y tomas un baño. Es el lugar donde tu esposa lava tus calcetines y los niños hacen la tarea”. Y concluye afirmando: “Si no tienes un lugar para vivir, no puedes trabajar. Eso es todo.”

En la sexta escena se hablaba de la producción de vivienda en gran cantidad, estandarizada, como años antes había recomendado Le Corbusier. En la séptima se afirmaba que “la vivienda es algo más que casas. No puedes llamar un arquitecto y esperar que resuelva todo. Es un trabajo de la comunidad y requiere mucha planeación de parte de todos.” Ocho: “Lo más inteligente que puede hacer una ciudad hoy es pensar qué quiere ser cuando termine la guerra.” En el catálogo de la exposición, la escena ocho incluye varias páginas donde muestra qué hay que sustituir y cómo. Un par de esas páginas muestra a niños jugando en la calle, cuando deberían hacerlo en espacios cerrados, apropiados para ello, y sugiere separar la circulación de vehículos y peatones. Algo que daría para detenerse más a reflexionar sobre el tipo de ciudad y vida urbana que se imaginaba entonces como ideal. La escena nueve insiste en que la vivienda es un problema de la comunidad entera: “El arquitecto o el diseñador pueden actuar como coordinadores del tamaño, tipo y costo de los edificios; la planeación del terreno y de la unidad; la relación de la vivienda con la ciudad y la industria existentes. Pero la buena vivienda no es trabajo de un hombre solo. Prácticamente todos en la comunidad tienen una tarea que realizar al hacer el plan y lograr que funcione.” Sin embargo, el catálogo cierra con una serie de imágenes que parecen afirmar lo contrario: no una serie de viviendas anónimas y de dudosa calidad, sino buenas viviendas diseñadas por Saarinen o Kahn.

Volvamos a la escena tres: el hogar es el lugar donde tu esposa lava tus calcetines. En el comunicado de prensa del MoMA se declaraba que la exhibición tenía un propósito doble:

1.Mostrar que los materiales de guerra se pueden producir en volumen suficiente para asegurar la victoria sólo si los trabajadores están disponibles para trabajar en las plantas. Los trabajadores deben tener dónde vivir; por tanto la vivienda es esencial en el programa de producción de guerra.

2.Mostrar que la vivienda no es asunto de un hombre solo sino que requiere la planificación cuidadosa de mucha gente para asegurar un buen futuro para toda la comunidad. Sólo de esa manera se puede asegurar que la vivienda en tiempos de guerra no se convierta en barrios degradados (slums) o ciudades fantasma tras la guerra.

En un artículo publicado en el New York Times el domingo 19 de abril de 1942, anunciando la inauguración de Wartime Housing, Thomas C. Linn daba una versión más cruda del primero de esos dos propósitos:

Demostrar la dependencia de la producción de guerra de la vivienda, pues los materiales de guerra no se pueden producir sin trabajadores adecuados y los trabajadores adecuados no pueden obtenerse sin vivienda adecuada.

La concepción de la vivienda como una fábrica de hombres, de obreros para las fábricas de armamento, y donde las esposas lavan los calcetines de sus maridos, no hace sino confirmar las ideas planteadas por Silvia Federici. “La reproducción de seres humanos, dice, es el fundamento de cualquier sistema económico o político.” Para Federici, el trabajo doméstico “no sólo ha sido impuesto a las mujeres, sino que ha sido transformado en un atributo natural del físico y la personalidad femeninas.” Un trabajo no reconocido y no remunerado que, como resulta evidente por los planteamientos de la exposición Wartime Housing, es esencial para el desarrollo y la supervivencia de la sociedad, en tiempos de guerra o de paz. En todo ese sistema de producción y reproducción social de hombres-trabajdores-soldados, el arquitecto —también género masculino— juega el papel de gestor, de gerente de una planta cuyo trabajo es garantizar, como escribió Linn, la continuidad en la producción de trabajadores adecuados al sistema de producción.

Quizá no sea casualidad que el texto de Linn haya aparecido en el periódico al lado del anuncio del compromiso de varias jóvenes con sus futuros esposos, algunos de ellos militares.

 

ARTÍCULOS DEL MISMO AUTOR./

Publica

Colón y la cabeza

Un monumento que tome en cuenta a quienes la estatua de Colón ignoraba debe plantearse de maneras obligadamente abiertas a la necesidad de escuchar otras voces y atender otras formas en las que un monumento puede representar a otras personas y colectivos en espacios que usualmente se modelan con visiones fijas, singulares y muchas veces excluyentes y hasta opresoras.

Ver más
Publica

Cápsulas: de la torre al museo

Todo parece indicar que la Torre Nakagin, construida en 1972, será desmantelada —un edificio metabolista no se demuele— y las cápsulas donadas a museos de diseño e instituciones similares. El ciclo de reciclaje que Kisho Kurokawa soñó para su proyecto, termina —o no.

Ver más