24 febrero, 2015

Diseño y proceso

por Carlos Lanuza | @carlos_lanuza_

Conversación con Joan Gaspar

Joan Gaspar (Barcelona, 1966) es diseñador industrial, empezó su carrera profesional trabajando con Lluís Porqueras en su empresa Vapor, ubicada en el barrio industrial del Poble Nou, en Barcelona. En el 2002 fundó su propio estudio y desde entonces trabaja para múltiples empresas.

Carlos Lanuza: Me puedes contar un poco por qué decidiste dedicarte al diseño industrial, sobre tu formación, la Barcelona de esos años.

Joan Gaspar: Yo descubrí el diseño a través de los arquitectos, siempre me había gustado la arquitectura, pero para ser arquitecto había que estudiar mucho. El diseño me pareció algo más rápido -soy de carácter algo impaciente-, pues puedes diseñar lo que quieras y construirlo, mientras que en arquitectura necesitas un cliente, un terreno, es más complicado el autoencargo.

Así pues me inscribí en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona y durante ese tiempo entré a trabajar 3 o 4 meses en Vinçon, donde ayudaba a hacer los escaparates y a preparar las exposiciones. Ahí conocí a Lluís Porqueras y me fui a trabajar con él. Lluís tenía una editora de lámparas, era la época del high-tech y también de las bombillas halógenas. Él hacía lámparas mecánicamente muy ingeniosas, y con la bombilla incandescente, nunca luz halógena. Lluís me dejaba diseñar y yo le ayudaba en la producción, íbamos a los talleres juntos, aprendí a proyectar. Lluís me enseñó a apreciar las cosas sencillas y poco estridentes .

De esta manera empecé a diseñar con él, aprendí sobre producción y me arranqué a trabajar con otras empresas. Era una época en la que en Barcelona había muchísimas editoras de diseño, empresas pequeñas que editaban sobre todo muebles, algunas empresas de aquella época aún están vivas, pocas. Nosotros trabajábamos en el Poble Nou de antes de la Barcelona Olímpica y aquello era un vivero de empresas, talleres de todo tipo, en cada puerta había un taller. Era todavía un barrio industrial, el espacio de los grandes vapores lo habían ocupado pequeños talleres de todo tipo.

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CL: ¿Cómo te ha influenciado haber trabajado con Lluís Porqueras?

JG: Lluís no tenía dinero para invertir en matrices y moldes costosos, por lo tanto no podía hacer cosas complejas. Siempre tenía que buscar la manera de conseguir lo que quería con piezas estándar, modificando piezas que ya había en el mercado. Pienso que esa falta de recursos estimula el ingenio y es una muy buena escuela.

CL: Empezaste a trabajar en el Poble Nou, una zona de la ciudad que ha sido escogida como foco de desarrollo, y donde recientemente se ha inaugurado el Museo de Diseño ¿Cómo ves Barcelona como ciudad del diseño? ¿Ha cambiado algo desde que empezaste a trabajar?

JG: El Poble Nou antes de los juegos olímpicos estaba lleno de viejas fábricas en las que se habían instalado pequeños talleres de todo tipo. Después hicieron la Villa Olímpica y cambió mucho. Ahora ha venido una segunda revolución con esto del 22@ y antes con el Fórum de las Culturas. Para mí es un barrio que ha perdido mucho interés, pero entiendo que la ciudad ha ganado un barrio que está muy cerca del mar, tiene sentido en estos tiempos.

Con respecto a Barcelona, yo creo que el diseño sin tejido industrial no tiene sentido, y no es posible. A partir de aquí ya veremos cómo se desarrolla todo esto. El diseño está relacionado con la industria, es una relación directa y en Barcelona creo que no van demasiado de la mano. Hay empresas que sí establecen una relación, pero aún así creo que hay una desconexión entre esto que se entiende como capital del diseño y la realidad. No digo que no haya buen diseño, lo ha habido y lo puede haber porque hay grandes creativos, y en Barcelona y su área metropolitana se concentran muchos emprendedores. Pero lo que realmente hace falta es que los fabricantes apuesten fuertemente por el diseño, que no conciban sus negocios sin esta variable creativa y a la vez estratégica. Para eso hace falta que ellos crean en la figura del diseñador y su trabajo, desde las instituciones privadas y públicas no debe proyectarse la idea de un diseño banal y carente de realidad.

Hay buenas escuelas de diseño y buenos profesionales, pero pienso que se hace demasiado énfasis en el diseño de muebles y lámparas. Hace falta concienciar a los estudiantes que el diseño de producto es una profesión que puede abarcar muchos campos. De hecho, se hace difícil encontrar cualquier sector en el que el diseño no tenga un protagonismo principal. Quizá esto es lo que faltaría enseñar más en las escuelas, que los sectores de trabajo son extraordinariamente amplios, que el diseño industrial es como la abogacía, un abogado puede entrar en cualquier sector, un diseñador industrial igual, ya que todo se diseña… o como mínimo se proyecta.

CL: Hablemos ahora sobre el proceso de diseño. ¿Tienes máximas de diseño? ¿Criterios o principios que sigues a la hora de diseñar?

JG: Yo soy un diseñador muy vinculado a la empresa. Soy bastante capaz de meterme en la piel del empresario. Básicamente intento hacer cosas lógicas, sencillas, fáciles de entender y construir. Intento que no sean tendenciosas. Al final este diseño que dura dos o tres años me interesa poco. Me interesan las cosas que perduran en el tiempo, lo cual no es nada fácil de conseguir. Cuesta mucho hacer productos a los que el paso del tiempo no les pase factura, que estén vigentes en el mercado y para los que no pase el tiempo, o que mejoren con el paso de los años; creo que sólo pasa cuando uno no está obsesionado con las tendencias.

Me gusta llegar a un objeto a través de la tecnología, es decir encontrar una tecnología que me interesa y con ella hacer un producto. Hay productos míos que han surgido a partir de la idea de un mecanismo por ejemplo. No necesariamente es una cosa sólo formal, puedo llegar de la forma al material pero también del material a la forma; y esto se puede aplicar en el proceso creativo de cualquier diseño.

La lámpara es más divertida de hacer porque tiene más mecanismos, más piezas, más parte constructiva y has de resolver más problemas. La lámpara tiene esto de la luz que le proporciona dos vidas, apagada y encendida. Una silla es más “aburrida”, aunque nada fácil de diseñar.

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CL: ¿Qué relación hay entre el diseñador y la empresa en el momento de llevar a cabo un proyecto?

JG: Cuánto más estrecha es la relación entre el diseñador y la empresa mejor. Esto significa que el diseñador conoce la compañía, su situación en el mercado, lo que le gusta hacer, los materiales que suele utilizar, las estrategias que ha implementado, sus éxitos pero también -y sobre todo-, sus fracasos.

Casi todas las empresas con las que trabajo son medianas, y en ese sentido son empresas más fáciles de analizar. Viendo un catálogo ya entiendes lo que cambiarías. Has de ver cómo tu trabajo puede encajar en la empresa, cómo puedes ayudar, hacer un producto que funcione. No se trata de diseñar cosas que vayan a los museos, sino de cosas que funcionen, especialmente al cliente.

CL: ¿Qué rol juegan las nuevas tecnologías en tu proceso de diseño?

JG: Según la escala de trabajo funcionan diferentes cosas. Nosotros seguimos trabajando con maquetas, pero a las empresas les funcionan muy bien las máquinas de control numérico, por ejemplo. Ahora tengo una impresora 3D y es una maravilla, la uso mucho y es una herramienta que está muy bien. Hace las maquetas, partes, o piezas enteras.

Al final, lo importante es un lápiz y un papel, el criterio, la impresora 3D es sólo un medio. Hay gente que con muchos medios hace cosas que no valen la pena, pero estas herramientas ayudan porque visualizas más las cosas. Por ejemplo, en el caso de las sillas, hasta que no tienes una maqueta a escala real no sabes realmente cómo va a ser su proporción. Ahora hemos aprendido, con los renders en el ordenador, a acercarnos a saber cuándo estamos más cerca de lo que queremos, aunque al final necesitas los prototipos, y con las lámparas, igual.

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CL: ¿Cuáles son tus referentes? ¿Qué intereses tienes aparte del diseño industrial?

JG: Me inspira la arquitectura, mucho, y las fábricas, los procesos. Ir a una fábrica y ver cómo una máquina hace lo mismo, las repeticiones. Además de esto los clásicos del diseño: Vico Magistretti, Achille Castiglioni; y los arquitectos: van der Rohe, Coderch, Sert, Neutra. Todos los arquitectos de los inicios de la arquitectura moderna, ellos sí que eran de verdad modernos y transgresores, nosotros sólo somos seguidores con más o menos fortuna, dependiendo de cada caso.

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