23 septiembre, 2020

Historia de un dibujo : El lago asfaltado

por Juan Carlos Tello

Cancelada la construcción del Nuevo Aeropuerto en la Ciudad de México, surge la pregunta de cuál es en realidad la zona de lo que llamamos Texcoco. Sabemos que hay una población con ese nombre y que hubo un lago, pero ¿hasta dónde llega actualmente esa zona, y qué la delimita? ¿Cómo podríamos ver eso en un dibujo?

En un curso en la Universidad Iberoamericana, decidimos hacer ese ejercicio. Lo llamamos, El lago asfaltado —como el subtítulo de una novela de Diego Cañedo, seudónimo del arquitecto Guillermo Zárraga. Recolectamos información de diversos planos de la mapoteca Orozco y Berra, del Archivo Histórico de la Ciudad de México y de diversas publicaciones. Muchos planos que debían ser redibujados por los alumnos, pero no era sencillo. La costumbre de que el lugar y el programa sean asignados desde un inicio —tanto en la escuela como en el ámbito laboral— nos hace a veces considerar superflua la tarea de descubrir y describir un sitio e inventar un programa. Decidí entonces reunir toda la información con que contábamos de manera cuidadosa en un dibujo que nos pudiera hablar de la historia de la zona.

Los mapas tienen la capacidad de contar historias. Como algunas notas a pie de plano, curiosas si se quiere, como en un plano de la Comisión Hidrográfica de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, fechado en 1906: “El plano de comparación de las acotaciones del Lago está a 10 metros abajo de la línea tangente inferior del Calendario Azteca, base torre poniente de Catedral”. O el Plano del Lago de Texcoco y Localización de Ejidos, con la manera como se fue fraccionando el terreno. Todos esos planos sirven, al redibujarse, para encontrar el perímetro cambiante de aquello que fue el lago. Entre todos esos mapas, uno de la mapoteca Orozco y Berra, de 1927, atribuido según la ficha al geógrafo Olvera, muestra el perfil montañoso del valle, enmarcando al dibujo, casi a manera de brújula.

Panorama mapa del Valle de México, 1927.

 

Lo imaginé como un dibujo arqueológico, compuesto por capas, cada una con los dibujos hechos a partir de los mapas. Al hacer dichos dibujos, la pregunta siempre es la misma: ¿qué dibujar y qué no, hasta dónde llega una línea, dónde dejar de dibujar? Como dicen Deleuze y Guattari en Rizoma: “es una cuestión de método: siempre hay que llevar de nuevo el calco sobre el mapa”. Con el redibujo de cada mapa había que lograr entender dos cosas. Primero, que las líneas alteran el lugar y, segundo, cuáles lo configuran. En los mapas había líneas topográficas, delimitaciones del borde del lago, ríos, pequeños asentamientos agrícolas, infraestructura, drenaje, calles y avenidas, poblaciones —como Texcoco y Atenco— y el actual aeropuerto, además del proyecto de Foster. También tenía otros dibujos realizados en semestres anteriores que se fueron sumando, como del viaducto y el circuito interior. Y agregué la línea imaginaria del trayecto de los aviones al aterrizar, trazada empíricamente, y una indicación, acaso más vaga, de las rutas migratorias de aves sobre el lago. El resultado es un dibujo hecho de varias capas, por muchas manos y en distintas épocas, que intenta resumir la idea de todo lo que llamamos lago de Texcoco y que la Ciudad de México ha ido asfaltando.

 

1521

 

1869

 

1885

 

1906

 

1936

 

1970

 

2010

 

 

 

 

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