19 noviembre, 2015

Día mundial del escusado

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

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En 1917 Marcel Duchamp presentó para ser expuesto en la primera exposición de la Society of Independent ertists, que se inauguró el 9 de abril de 1917, un mingitorio bautizándolo como fuente y firmándolo como R. Mutt. Pese a la anunciada independencia de la sociedad de artistas convocante, la obra fue rechazada por los organizadores. Juan Antonio Ramírez escribió que “un urinario elevado a la categoría de objeto artístico no puede ser, bajo ningún concepto, algo neutral.” En mayo de 1917, en el segundo número de The Blind Man, apareció una foto del mingitorio tomada por Alfred Stieglitz acompañando un ensayo firmado por Louise Norton y titulado El buda del baño. Además de criticar la falta de criterio de los independientes, elogia las líneas sinuosas de la pieza de porcelana blanca pero, sobre todo, la libertad del artista para elegir —la base conceptual del ready-made. Un breve texto antes del de Norton sobre el caso Richard Mutt subraya que la obra no resultaba ni inmoral ni vulgar y que al elegirla, Mr. Mutt, alias Marcel Duchamp, había tomado un “artículo de la vida ordinaria, lo había colocado de manera que su significado usual desapareciera y creado una nueva manera de pensar para el mismo objeto,” y termina afirmando que las únicas obras de arte que América había dado eran la plomería y los puentes.

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Treinta años después, en 1947, y también en Nueva York, Le Corbusier escribía que, al revisar los grabados de una edición de la obra de Palladio que le enseñaba un amigo, resultaba evidente la perfección en la composición de sus villas pero, al mismo tiempo, una diferencia notable: no tenía que vérselas con canalizaciones, escusados, lavabos, ni plomería, entre otras cosas. La máquina de habitar está necesariamente confeccionada a partir de mecanismos que permiten satisfacer todas las necesidades del cuerpo, incluyendo aquellas que, al menos en nuestra cultura, exigen privacidad. Diez años antes, en la Exposición Universal de París de 1937, Le Corbusier, Pierre Jeanneret y Charlotte Perriand habían, como Duchamp, expuesto varias piezas sanitarias. Kenneth Frampton dice que el módulo de cuarto de baño había sido encargado por Jacob Delafon, fabricante de muebles sanitarios, como un prototipo de una baño completo prefabricado que pudiera utilizarse en edificios existentes. Según Frampton, a partir de ese diseño, Le Corbusier “considerará la unidad sanitaria como una metáfora del funcionamiento polimorfo del cuerpo humano.” Con todo, la manera de exponer el baño y el contexto en que lo hicieron Le Corbusier y compañía, sin cancelar su función original, sino al contrario: reforzándola, parece menos chocante que el gesto vanguardista de Duchamp. Antes, entre 1923 y 1924, Le Corbusier había publicado en L’Esprit Nouveau un texto titulado Otros íconos: los museos, ilustrado con la imagen de un bidet, probablemente una alusión más directa al mingitorio de Duchamp.

En 1898 Adolf Loos publicó un artículo titulado Plomeros. Ahí dice que sería fácil imaginarse el siglo XIX sin carpinteros: los herreros habrían tomado su lugar; igualmente se hubiera sobrevividio sin canteros: el cemento sustituye a la piedra. “Pero no habría siglo XIX sin plomeros.” Como en otros textos, Loos compara a los ingleses y los americanos con sus compatriotas para perjuicio de estos últimos que “usan tan poca agua en su cuerpo como en su casa.” También critica la costumbre de usar colores oscuros en los azulejos y las tinas en los baños, en vez del hibiénico y purísimo color blanco. Algo que más bien molestaba a Junichiro Tanizaki, quien en su Elogio de la sombra dice que “colocado bajo una luz cruda, entre cuatro paredes más bien blancas, se perderá toda gana de entregarse a la famosa «satisfacción de tipo fisiológico» del maestro Soseki.”

Según se puede leer en el tomo dedicado al escusado de la serie Fundamentals, dirigida por Rem Koolhaas, “el escusado es la zona fundamental de interacción —en el nivel más íntimo— entre los humanos y la arquitectura.” Al mismo tiempo, también es cierto, como dice Bindeshwar Pathak, sociólogo que en 1970 fundó Sulabh International, una organización no gubernamental que trabaja, entre otras cosas, en favor de los intocables quienes trabajan en la India limpiando letrinas, que a diferencia de otras funciones del cuerpo —entre las que curiosamente menciona la danza, el drama y las canciones— defecar ha sido escasamente considerada. El hecho es que, según datos de la ONU, 2,400 millones de personas en el mundo no tienen servicios sanitarios adecuados —es decir, una de cada tres— y mil millones aun defecan a cielo abierto. Esos datos son la razón de que la ONU haya nombrado al 19 de noviembre como el Día Mundial del Retrete.

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