1 junio, 2015

¿Destruir para reconstruir con los mismos medios de producción?

por Mónica Arellano | @prxcaffeinating

La situación actual de la enseñanza de la arquitectura en México nos ha llevado a un análisis sobre cuáles son las determinantes que marcan el perfil del egresado, en la actualidad es fácil constatarnos como alumnos que la educación que se imparte en la institución no es suficiente de acuerdo con la demanda actual, la academia no está en crisis, la academia es la crisis1. El problema radica en que sabemos que la vigencia ha caducado, la implementación de nuevas tecnologías para la enseñanza cojea, si bien es cierto que se promueven cursos que se llevan a cabo dentro de las universidades estos van dirigidos a un público exclusivo que puede pagarlos y en repetidas ocasiones carecen de la calidad de muchos otros que se desarrollan fuera de la institución y que por obvias razones son de un costo más elevado; es una falacia que se exijan renderistas, hacen falta asignaturas que promuevan el desarrollo de estas habilidades si es que así se pretende evaluar.

Otro punto a tocar es que, en esta etapa de la educación, el alumno ya tiene una visión más amplia del ámbito laboral y, puesto que es una profesión inconsistente, en la mayoría de los casos se ve en la necesidad de complementar su educación lo más posible fuera de la institución pues las materias que se imparten tanto obligatorias como optativas no van dirigidas a esta búsqueda y cuando sí, tienen una demanda tan alta que es casi imposible acceder a ellas, entonces se tiene que cursar la  que tenga cupo para cubrir los créditos requeridos y no hay una independencia en cuanto a las decisiones de nuestra formación, no hay una variedad que nos permita dirigirnos hacia un perfil buscado.

¿Por qué no implementar materias de desarrollo urbano, política e infraestructura?, ¿por qué limitarnos tanto en cuanto al uso y estudio de materiales?

Habrá que no dar por sentado los fundamentos y promover la teoría y crítica para generar proyectos más éticos a las necesidades de la sociedad pero aterrizadas a un contexto, no dirigiendo a la arquitectura como cultura tal cual, sino como producto analítico de un pensamiento inmerso en las problemáticas actuales atribuyendo mayor flexibilidad (pero de manera objetiva) hacia una búsqueda que involucre el debate de los postulados y no sólo tomarlos a manera de receta sino que puedan incluso, trascenderse y complementarse.

¿Estamos formando líderes o dibujantes?, ¿por qué seguir implementando estructuras de bloques conformados por materias desarticuladas que se evalúan conjuntamente?, ¿por qué formar proyectistas y no arquitectos?, ¿por qué aferrarnos a arrastrar el pasado? Todo cambia menos la voluntad de cambiar.

Nos hablan de:

Una ‘modernidad adecuada’ (Cristian Fernández Cox) o de la necesidad de hacer coincidir el ‘espíritu del tiempo con el espíritu del lugar’ (Enrique Browne). Pero ¿No sería ya el momento de abandonar definitivamente la ideología de la modernidad? ¿No sería el momento de aceptar plenamente las condiciones de paso a la cultura posmoderna? Si pensamos que la ideología de la modernidad coloca al centro de los valores la categoría de lo nuevo, el desarrollo tecnológico con finalidad en si mismo; y si, por otro lado advertimos que la cultura posmoderna representa en estallido de la historia única, el traslado de los valores a los márgenes, la concepción de los valores ligados al proceso de nacer/crecer/morir… ¿No serían estos unos parámetros posibles para fundar un proyecto latinoamericano? 2

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[1] Cayuela Gally Ricardo, Crisis académica, Enero 2012, Letras Libres.
[2] Waisman, Marina, El interior de la historia, Ed.Escala, Bogotá, Colombia, 1990.

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