5 abril, 2021

Desmercantilizar la vivienda

por Rosalba González Loyde | @LaManchaGris_

 

Rodrigo y Emilia obtuvieron un crédito bancario para comprar una vivienda hace un par de años, viven en un departamento de una zona bien ubicada de la Ciudad de México en poco más de cincuenta metros cuadrados. Hoy tienen una deuda a la que aún le faltan 18 años para finiquitar, al parecer no hay forma de modificar ese pacto, si sus ingresos aumentan o se mantienen podrán continuar con el estilo que vida que tienen, pero si disminuyen es probable que sus ahorros al igual que su calidad de vida se vean impactados, ambos lo saben. 

Si alguno se queda sin trabajo, han pensado en salirse de ahí, rentar el departamento e irse a un lugar más barato, llegan a esta conclusión haciendo cálculos en voz alta, si nosotros allá por tanto y rentamos acá por otro tanto, la diferencia de la hipoteca es… A pesar de que la deuda la tendrán hasta que ambos cumplan 55 años no parecen estar arrepentidos, al parecer valdrá la pena el sacrificio, tendrán un patrimonio propio, pues las reglas que hoy rigen el mercado habitacional les permiten “jugar” con ello y barajar opciones para mantenerse en el juego.  

La idea de tener casa propia parece conservarse como un ideal, aun cuando las condiciones de acceso a la vivienda (propia o rentada) han cambiado como resultado de un proceso de mercantilización habitacional en las últimas décadas y es quizá, este mismo proceso, que ha convertido en atractivo e incentivado la idea de tener una vivienda ya no para vivir en ella, sino para vivir de ella. 

Maden y Marcuse expresan en su libro En defensa de la vivienda que el problema no es de quienes habitan las casas, sino de aquellos quienes quieren (porque pueden) convertirlas en activos líquidos para mercantilizar con ellas, lo que transforma a la vivienda de un derecho a un producto. 

Este carácter mercantil aplica no solo para los muros con que están construidas las casas, sino para los elementos que la conforman, mismos que organizaciones internacionales y las leyes de varios países expresan como factores vinculados con el derecho a la vivienda (espacio habitable suficiente, protección contra riesgos y peligros para la salud, ubicación que permita acceso a servicios y empleo, etcétera). Estos componentes entran en las reglas de mercado y son susceptibles de intercambiarse como producto que en el sistema de oferta-demanda son obtenidos por el mejor pagador:

¿requieres ventilación e iluminación natural porque tu pareja sufre de depresión? $$;

¿tu departamento debe tener dos habitaciones porque tienes hijos? $$$; 

¿necesitas acceso a un balcón porque tu madre tiene ataques de ansiedad? $$$$$;

¿requieres habitar una planta baja o un elevador porque tienes una discapacidad que te impide subir escaleras? $$$$$$;

¿además requieres que esté cerca de alguna estación de transporte público porque no tienes auto? $$$$$$$$$$$$$$$$$$$;

y no sería mala idea vivir cerca de un parque para correr y caminar de vez en cuando, ¿verdad?  $$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$.

Estas reglas de mercado provocan claramente un acceso desigual a la vivienda, en donde las clases bajas, ya de por sí desfavorecidas por el sistema, se ven imposibilitadas para acceder a una vivienda que les permita mejorar su calidad de vida; y la inestable clase media se ve obligada a entrar con las reglas del juego, aunque eso signifique la posibilidad de ser expulsado.

Pero la mercantilización no es el estado natural del sistema habitacional nos dicen Madden y Marcuse, el Estado como regulador de las reglas de lo que se materializa en un territorio ha cedido poder ante el mercado y esto ha permitido intensificar lo que se describió líneas arriba, es quizá por esto que, más allá de pensar en las “malvadas intenciones del avaricioso mercado inmobiliario”, debemos cuestionar cómo es que sus “malvadas intenciones” pueden ser llevadas a cabo en el modelo que vivimos. Es decir, la solución no es moral sino sistémica, la pregunta es, ¿cómo (re)comenzar a crear modelos desmercantilizados de la vivienda?, ¿con quién o quiénes debemos repactar acuerdos para construir viviendas fuera de la lógica del mercado? La tarea no es sencilla, pero debe hacerse. 

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