5 octubre, 2018

Desmantelamiento y reinstalación del escudo nacional. Conversación con Tercerunquinto

por Arquine | @arquine

A 50 años del 2 de octubre de 1968 se ha anunciado que la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, un organismo de la Secretaría de Gobernación, reconocerá públicamente las violaciones a los derechos humanos que se cometieron durante un mitin que se congregó en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. No se puede negar la importancia de que el Estado reconozca sus propios crímenes, pero el medio siglo transcurrido nos permite decir que la memoria en torno a un año tan medular para la historia de México —y del mundo— es mucho más compleja que un acto oficial.

El 68 representó una inyección de cosmopolitismo, de apertura hacia nuevas estéticas, teniendo en la Olimpiada Cultural una muestra paradigmática. Ese año también vio la aparición de un proyecto de ciudad que resumió muchas de las ambiciones de la modernidad arquitectónica. El conjunto Nonoalco-Tlatelolco, proyectado por Mario Pani e inaugurado en 1964 por el entonces presidente Adolfo López Mateos, se presentó como la prueba de la buena salud del partido hegemónico, del crecimiento y la consolidación de la clase media y de que las ideas urbanas y arquitectónicas de esos años podían llevarse a cabo. Sin embargo, hay que seguirlo repitiendo: en esos edificios los estudiantes buscaron refugio de las balas o fueron amagados, y en las plazas públicas del conjunto murieron jóvenes o fueron desaparecidos. Esta condición urbana del 2 de octubre no es aislada. La grieta social que resquebrajó la obra de Mario Pani se extendió hacia la modernidad misma. Y de esta condición urbana es de donde partimos. Después del 68, ¿qué implica protestar? ¿Qué significa ocupar el espacio público y que los cuerpos dialoguen con los símbolos urbanos? También, ¿qué tiene de vigente un movimiento estudiantil que demandó que se cumpliera una promesa de modernidad?

En la serie de entrevistas que presentamos esta semana, buscamos escuchar las ideas de las generaciones posteriores al 68 y que, por ende, vivieron otras épocas. Asumimos que el año que conmemoramos no pertenece únicamente a los testigos directos de los hechos: de ahí que continúe siendo pertinente reflexionar sobre lo que pasó y lo que se buscó. Hablamos con personajes que provienen de campos diversos para abonar interpretaciones de hechos que continúan abiertos y que pueden ser apropiados y cuestionados desde el arte, la historia, la filosofía y también la arquitectura.

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