31 octubre, 2013

David Chipperfield y la Colección Jumex

por Miquel Adrià | @miqadria

En noviembre se inaugurará la nueva sede de nueva sede de la Colección Jumex en la ciudad de México del arquitecto David Chipperfield «un objeto en palabras de Miquel Adrià preciso que alude sesgadamente a un sinfín de referencias (…) No es un alien, ni una deformación genética del sitio, sino un pieza exacta pensada desde lejos, que se inserta en un contexto en ebullición. Las alusiones miesianas -desde la modulación estricta de su geometría hasta la breve paleta de materiales- se entrecruzan con las referencias corbusianas y fabriles -filtradas en México por Juan O´Gorman en los estudios de Diego Rivera y Frida Kalho- para convertirse en un objeto de lujo. No es ajeno, además, al pasado plebeyo de la Colección en la periferia metropolitana, en Ecatepec, entre naves envasadoras de jugos y salsas. Y su función museística se desvela sutilmente tras las logias palaciegas y sus grandes ventanales que junto a su pétrea fachada escalonada y ascendente remiten al templo del arte neoyorkino –el museo Witney- que diseñó Marcel Breuer. Y no por popular es irrelevante la onomatopeya gráfica del preadolescente zurdo más famoso de la historia televisiva: un Bart Simpson que aparece y desaparece en sus fachadas laterales».

El arquitecto visitó recientemente el edificio que albergará la nueva sede de la Colección Jumex comprobando los últimos avances del mismo. Como parte de la visita, Miquel Adrià conversó con el arquitecto inglés sobre el proyecto, el espacio y su materialidad, fruto de lo que resultó una entrevista de la que se publica aquí aquí su primera parte.

Miquel Adrià.  ¿Cómo es la historia del edificio? ¿Cómo fue la relación del proyecto con el cliente, el sitio y el programa? Que son estos tres elementos que hacen arquitectura.

David Chipperfield – Claramente el sitio es restringido en su geometría ese fue un problema para nosotros. Pienso que otra tarea fue el entender la institución para la cual estábamos haciendo el edificio. Es un museo de una fundación el cual le imprime una cierta inocencia y cualidad provisional al haberse situado previamente en una fábrica. Siempre es más fácil para el arte encontrar lugares más cercanos para el público. Pienso que el problema de Jumex era el construir una nueva sede que no solo fuera interesante al verla sino que también lo fuera por lo que representa como institución, ya que se convierte en una representación de la misma.

La sede actual es informal con sus ventajas y desventajas. En este caso se trata de un edificio serio y maduro que se ha ido construyendo poco a poco. Por otro lado también necesitaba seguir teniendo todas las actividades desarrolladas por la fundación durante los últimos años a partir del programa de exposiciones. De una forma interesante  se relacionan las actividades y el edificio que las contiene. A veces la arquitectura puede matar esa energía entonces creo que ese fue otro asunto a tratar. Entender cómo hacer de esta institución algo no tan institucional.

Otro asunto que tuvimos en cuenta fue el clima. La ciudad de México tiene una oportunidad extraordinaria con su clima ya que nunca es demasiado caliente ni demasiado frío. Esto te da la oportunidad de estar dentro y fuera de un edificio, lo que posiblemente en Berlín no sea tan fácil. Siendo de Europa y teniendo esta generosidad climática parece un gran regalo para la arquitectura. En el caso de esta institución es algo que puede ayudar siendo mas abierta al público. Esto nos lleva a preguntarnos cómo hacemos espacio público en este sitio. Cómo defines algunos espacios de este edificio que por un lado pueden ser públicos y otros de una definición más específica.

MA – Este es básicamente un nuevo tema para Jumex y La Colección.  Porque ahora se encuentra fuera de la ciudad entonces este será un edificio público muy importante…

DC – Pienso que todos los museos tienen que lidiar con un programa estático y dinámico. Solía ser fácil diseñarlos porque eran cajas de tesoros ya que un número muy reducido de gente acudía a ellos y veía lo que le complaciera y se marchaba. Ahora hay más centros sociales que se enfocan en la cultura y la convivencia.

Eso creo que eso es lo que se quería con este edificio que se volviera popular y destino de personas con una imagen informal pero también muy formal. Enfocándonos más al edificio está divido en 2 partes; los últimos pisos son los espacios serios y estáticos para la contemplación y abstracción, donde te encuentras lejos de la ciudad. Los demás espacios son mediadores entre la ciudad y la institución. Son más transparentes, dinámicos y potenciales.

MA – De cierta manera tú creaste esta planta baja que relaciona al público con la colección, ¿no?

DC – Sí, de una manera podría decir que la planta baja debía ser pública. Toda institución está de acuerdo porque se tiene la cafetería, tienda de regalos, etc… de todas maneras al hacerlo aquí quisimos hacerlo de la mejor manera.

Para nosotros resulta difícil imaginar el edificio sin muros en planta baja. Pero ahora pueden darse cuenta que la plaza y el lobby son la misma cosa, ya que el edificio permanece abierto. Tenemos la idea de que la planta baja es un espacio público al extremo y arquitectónicamente confundimos un poco las cosas. Es decir, hay tres formas de entrar en el edificio una es desde la plaza, luego es la entrada por debajo y la tercera entrada es el muro de cristal.

Confundimos el estado de fuera y dentro, de hecho el restaurante se encuentra fuera del edificio. Creo que este juego de confusiones ayuda a promover la cualidad de lo público en la planta baja. Posteriormente uno sube y ya entra al museo. Estábamos muy interesados de cómo podíamos seguir con esta manipulación de lo que está dentro o fuera, entendiéndolo más allá que una simple planta baja. Este piso es experimental e introducimos una especie de vitrina, donde se encuentran galerías imprácticas como en National Gallery de Berlín en el cuarto imposible de Mies, que es muy bueno. Esto ha impulsado a los curadores creando un sentido teatral en el público.

Patrick ha sido alguien que ha apoyado mucho esta idea. El edificio da más visibilidad del exterior, tu puedes verlo desde afuera lo cual es muy interesante. Además creo que programáticamente es un cuarto  dinámico, se pueden tener conferencias, cine, eventos con artistas, etc. Inclusive hemos platicado el tener exposiciones donde el espectador se encuentre solo afuera viendo esto como si fuera una vitrina.

Así fue como tratamos de crear esa cualidad, que existe en algunos museos donde el arquitecto interfiere, curando exposiciones.  Este es un equilibrio muy difícil entre arquitectura y museos. La cuestión es cómo ser pertinente e impertinente.

Estamos muy interesados trabajar el museo para hacer el mejor espacio para el arte. La crítica podría hacerse en si el espacio es muy callado o algo así pero en realidad el poder hacer espacios para exhibir obras de arte es algo que los artistas aprecian mucho. Algunos de los mejores museos tienen ciertas características que resultan un desafío para los curadores, y eso fue aceptado en este edificio. Entonces el primer piso se une a la planta baja en este programa arquitectónico dinámico, haciéndolo público. En estos dos pisos la luz siempre será cambiante. Avanzando hacia los siguientes dos pisos, todo trata de arte, viéndolo en una manera más convencional. De forma callada y reflexiva donde solo los museos y  si uno es religioso también en las iglesias hay la oportunidad de estar reflexionando profundamente en algo, estando parado frente a una pintura en un cuarto silencioso.

Entrevista con David Chipperfield. Parte 2.

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