14 noviembre, 2019

Cueva Fotocatalítica MM de AMEZCUA

por Arquine | @arquine

 

Nombre de proyecto: Cueva Fotocatalítica MM
Arquitectos: AMEZCUA
Página web: amezcua.mx
Equipo de diseño: Gabriela Mosqueda, Aarón Rivera, Rodrigo Lugo, Miguel González, Saraí Cházaro, Víctor Cruz, María García, Mauricio Miranda, Julio Amezcua
Desarrollo: MM Desarrollos
Revestimientos: Krion K-Life® de Porcelanosa®, Termo-formado de Krion-Life®
Fabricación, termo-formado e instalación de Krion-Life®: Embodied by Gabriela Díaz
Iluminación interior: Luz en Arquitectura
Iluminación exterior y luminarias: Light Moxion
Muebles de concreto: JM Construcciones
Superficie: 70 m2
Ubicación:  Ciudad de México
Fecha: 2019
Fotografía: 
 Jaime Navarro


 

Hay proyectos especiales en la arquitectura que por su originalidad y reto destacan; tal es el caso de la adecuación de una cueva. Cavidad natural, que fue el primer espacio del vivir y quehacer del ser humano; lugares que sólo el arte rupestre nos permite imaginar cómo se habitaron. Es ahí, en la cueva, donde encontramos el primer refugio del hombre en la historia. Su espacio, caracterizado por ser un lugar con muy poca luz, limitada ventilación y mucha humedad. A la par, un lugar seguro, un refugio naturalmente fortificado donde puede aislarse del mundo, protegerse del clima, y socializar en tranquilidad.

La Cueva Fotocatalítica es un proyecto de 70 m2, ubicado debajo de una casa habitación, localizada en la parte alta de una loma al poniente de la Ciudad de México; zona donde es común encontrar cuevas creadas décadas atrás a efecto de extraer arena como material para la construcción. El proyecto se realizó diseñando y trabajando en concierto con el cliente y su equipo de proveedores y construcción, haciendo evidente el diseño de Amezcua, para lograr un espacio sin igual.

La casa ubicada sobre la Cueva Fotocatalítica fue proyectada hace medio siglo por Manuel Rocha Díaz, entusiasta seguidor de la arquitectura postmoderna, a solicitud y con participación del escultor Ernesto Paulsen.

En el proyecto original de la casa, el arquitecto Rocha diseñó una gran envolvente que conforma el área que llamamos social o pública, un espacio multifuncional: sala, comedor, terraza y distribuidor de todas las áreas privadas y de servicio—un nodo de ambientes—, cuya techumbre monumental de forma convexa está forrada por miles de piezas de madera de encino americano cortado transversalmente y colocado de forma artesanal. Este nodo suma a su distribución una escalinata con 12 metros de desnivel que acaba encontrando la entrada a la Cueva Fotocatalítica.

Con el propósito de aprovechar este gran hueco natural y gozarlo con amigos, el cliente solicitó un espacio lúdico que se puede utilizar como área de ser, estar y convivir. Un lugar donde pasar tiempo a solas o realizar una fiesta para docenas de personas es posible gracias la acertada distribución y al aprovechamiento de productos con alta tecnología que hacen el espacio habitable, perdurable y mutable.

La cueva y su diseño también conllevan la intención de generar experiencias similares a los productos que la empresa del propietario desarrolla: departamentos de alta gama, diseñados por firmas de reconocidos arquitectos internacionales en las zonas más representativas de la Ciudad de México. Este sitio promueve y genera experiencias de estilo de vida para la clientela inmobiliaria de MM.

Para lograr el proyecto se llevaron a cabo varias acciones. La primera, fue asegurar el lugar estructuralmente, colocando dinteles metálicos como en las minas de carbón, apoyados sobre columnas. La segunda, fue tallar los techos, creando cúpulas, que ganan altura y físicamente distribuyen fuerzas de carga a los muros perimetrales, además de dirigir los escurrimientos naturales de agua a sitios donde se pudieran contener o guiar adecuadamente. Por último, se redujo sustancialmente la humedad del lugar, misma que, en combinación con el elemento natural preponderante—tepetate—, produce bacterias y hongos. Para este último punto se utilizaron, por un lado, técnicas pasivas como la circulación natural de aire y materiales anticorrosivos y, por otro lado, equipos activos como inyectores de aire, des-humificadores y calentadores que resecan el ambiente. Aunado a esto, destaca la inclusión del material Krion ®; que se caracteriza por ser termo-formable con propiedades fotocatalíticas. Éste se utilizó en dos cubiertas retro iluminadas que hacen catálisis al contacto con la luz natural o artificial y, como resultado, actúan como purificadoras del aire y difusoras de luz.

El proyecto se compone por cuatro galerías expuestas y una aislada: la de acceso, que abarca cocina, barra y parte del closet; la segunda, que contiene más closet y espacio de exhibición, además de la sala y área de TV; la tercera, que engloba la cava y área de fumar; la cuarta, donde está el comedor y acceso a un mirador; y, por último, una galería separada del resto que alberga los sanitarios y su antesala.

Al entrar, lo primero que se ve es una de las piezas retro iluminadas que se asemeja en su forma a un alcatraz, y que, por sus dimensiones e intromisión en el techo, cuestiona al invitado sobre si entra a una cueva o un espacio por definir. Esta pieza remata el vestíbulo de acceso y lo distribuye entre las galerías de la cocina y la sala de TV, además de hacer un juego de reflejos con los espejos de los closets y proteger visualmente el acceso a sanitarios.

El bar y cocina se equiparon con lo necesario para atender en fiestas y servir cenas formales de hasta 12 comensales. Este espacio de servicio se apoya de un mueble / closet de guardado y exhibición, fabricado en madera negra con placas de cobre y espejo entintado. Además, éste mueble oculta una puerta que conduce a la galería con los sanitarios, donde la pieza principal es el lavabo que fue fabricado en sitio con concreto adicionado de marmolina, y colado con una cimbra especial del artista Rodolfo Díaz Cervantes de Taller Tornel, cuyo resultado genera relieves que dan una textura que remite a los estratos de la cueva.

La galería central de la cueva es la que alberga la sala y área de TV, cuyo sillón curvo fue colado siguiendo la forma del muro y se apoya por sillones adicionales movibles. En lugar de optar por una mesa de centro, se fragmentaron varias piezas de distintos tamaños de madera sólida que sirven como mesas de apoyo o bancos móviles.

La galería que separa la sala del comedor tiene, de un lado, un pequeño sitio para fumar puros o tomar una copa de manera íntima y, del otro, el área de cava y café. Al fondo está la galería del comedor y acceso al mirador, en la cual se encuentra adosada al techo la segunda pieza retroiluminada, que baña de luz la mesa del comedor y que, al estar encendida, emula el efecto de una radiografía, que exhibe una serie de cuadros colocados por el propietario, siguiendo la recomendación del artista Emilio García Plascencia, los cuales cada uno lleva una intención escrita.

Este lugar tiene un claro y respetuoso diálogo con el diseño de la casa que el Arq. Rocha y el escultor Paulsen hicieron, y su belleza está en su naturaleza, en la lectura del tiempo que se observa en los estratos de sus muros y en la intervención que suaviza el espacio, transformándolo en una cueva que señala los avances en diseño, usos y tecnología que se han dado en los miles de años que el ser humano las ha utilizado. Es un espacio que despierta la intuición y los deseos más primitivos del hombre.

 

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