26 mayo, 2021

Cuando das algo que no tienes a alguien que no lo quiere. El Grupo de Estudios Cubanos de Arquitectura

por Fernando Martirena

 

Debo a la conjunción del acceso a los datos móviles y a un grupo de WhatsApp mi descubrimiento del Grupo de Estudios Cubanos de Arquitectura. Hace dos años me encontré con Orlando Inclán una noche y me comentó que algunos arquitectos estaban debatiendo a través de un chat, al que me añadiría. La realidad es indiferente a las descripciones oficiales que recibimos de ella. Sea ilegal, escondida, o enmascarada, la arquitectura independiente cubana aumenta discretamente su presencia en nuestras ciudades, mientras un silencio gubernamental la esconde. 

Tras un largo vacío de acontecimientos, GECA trae la unión de todos los estudios independientes de la isla. Sus objetivos persiguen divulgar la Arquitectura Cubana Independiente e intentar alcanzar la legalidad legítima de una profesión aun ilegal. Sin escapar de las demandas del mercado, su épica microhistoria ha sido el rescate de la arquitectura de autor. Respondiendo únicamente al sector privado de la economía, estos estudios, en su mayoría, diseñan espacios para un turista incapaz de entender la inmensidad y acostumbrado a confundir dolor con souvenir. Pero allí donde vemos estéticas comerciales, neoliberales o radicales, podemos ver tambien sutiles actos de resistencia hacia la condición política que los restringe. 

Para hablar del origen, el plural es inevitable. La hipótesis de un solo inventor se desliza en el abrazo grupal. GECA encontró el método para pretender ser una institución sin serlo, de ser una ficción capaz de cambiar fragmentos de realidad. Reúne a una generaciòn que no ha podido probar aun su compromiso social porque no ha tenido acceso a la obra pública. Carga sus propias culpas sin tener agenda propia. Depende del impulso privado y custodia intereses ajenos. Sueña con la posibilidad de algún día diseñar escuelas, parques, viviendas sociales, hospitales y monumentos. 

En los años 60, el ambicioso programa político de contrucción de viviendas y escuelas de la Revolución cambió la arquitectura cubana para siempre. A medida que crecía el carácter social de la arquitectura, el diseño arquitectonico quedó centralizado en empresas de proyecto estatales. La gran mayoría de los arquitectos establecidos emigraron, mientras los jovenes tuvieron la oportunidad de cubrir las nuevas necesidades de un nuevo pais, ahora socialista. La arquitectura independiente desapareció en un acto grupal y optimista liderado por jóvenes que sacrificaron sus beneficios personales por las victorias colectivas. Pero como todo en esta vida, incluida la eternidad, los sueños nacen se desarrollan y mueren. Hoy estas mismas empresas estatales concentran la mayor parte de su tiempo en diseñar hoteles. Lo que nos quedó de las décadas que vinieron después, es el vácio y la fatiga de una generación que no pudo hacer lo que prometío y que vió con tristeza como moría su disciplina.

Sin embargo no se ha parado de construir. La arquitectura sin arquitectos hoy habla desde un lenguaje que perdió el poder gramatical sobre las palabras. Sin mejor cosa que copiarse a sí misma, el único lujo que se puede dar es el lujo de los detalles. Una arquitectura de sumatoria compuesta por ventanas caras, muebles caros, lamparas caras, estructuras caras, y decoraciones caras, que siguen viéndose como espacios baratos. Cada elemento desconectado de los demas reproduce un lenguaje afónico. La ausencia de los arquitectos es algo tan evidente que ya no podemos percibirla, es parte natural de nuestro paisaje urbano. El vacio historico de la arquitectura cubana tiene su reflejo en el vacío legal de su práctica.

En el 2016, fundé mi estudio junto a otros 3 amigos. Tenía 23 años y aun estudiábamos en la Facultad. Sabíamos que no íbamos a obtener ninguna legalidad, no teníamos experiencia y ninguno de nosotros había construido antes. Pero entendimos que, si no existía infraestructura alguna para crearlo, y los clientes estaban allí, lo único que había que hacer era creérselo. Como todo lo invisible a la vista, aun hoy no pagamos impuestos, ni hacemos contrato, ni tenemos seguro, ni nuestros planos tienen algún valor (a pesar de que trabajamos con ingenieros). Un estudio de arquitectura en Cuba es una ficción. Una vez que logras conseguir tu primer cliente, tu mayor limitación es tu única libertad: todo hay que inventarlo desde cero.

Conozco algunos estudios que, por el contrario, prefieren no difundir  su trabajo por miedo a lo que les pueda pasar. Un miedo difícil de explicar. Si algunos no sentimos ese peligro no es porque no sabemos lo que nos pueda ocurrir, sino porque aún no sabemos qué es lo que hemos hecho mal. GECA tiene algo de absurdo y de terco que sólo la eficiencia de la juventud puede lograr. 

Ahora más que nunca vivimos un tiempo de prórroga, como lo describe Marina Garcés: “Una condición póstuma, donde ya acabaron los 90 minutos, pero aún no se ha acabado el juego”. La nueva Ley del Trabajo por Cuenta Propia emitida en Febrero del 2021 prohíbe explícitamente tener un estudio de arquitectura en Cuba. Esta disposición criminaliza un acto de buena fe, que no sólo genera belleza y plusvalía a nuestras ciudades, sino que permite al sector privado hacer aquello que las empresas estatales no pueden, por falta de infraestructura y de personal. Siendo optimistas, esta ley podría ser vista también como una posibilidad de debate y de cambio. Podría ser la destrucción del sueño de una generación de arquitectos que tendrán que irse de Cuba, o el comienzo de una nueva etapa de la arquitectura cubana.

Según Jacques Lacan amar es dar algo que no tienes a alguien que no lo quiere. Preferir que no exista la arquitectura independiente y que nuestras ciudades, con su alarmante fecha de caducidad, sean vandalizadas por Pinterest, contratistas extranjeros y la improvisación, es un error político que aún puede ser corregido. Aun no nos hemos ido de la isla. Los arquitectos cubanos independientes como yo, aunque hayamos sido excluidos del nuevo contrato social, seguiremos dando lo que no tenemos a los que no lo quieren.

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