25 agosto, 2016

Construir para empatizar. Conversación con Piero Steiner y Ernesto Collado

por Christian Mendoza

Los artistas Ernesto Collado y Piero Steiner se encuentran en la Ciudad de México para el montaje de Constructivo y Los disparadores, dos propuestas escénicas que cruzan el performance con algunas de las discusiones arquitectónicas latentes, como la vivienda y la participación ciudadana en la construcción de las ciudades. Sin abandonar sus propias estrategias estéticas –la discusión sobre arquitectura se pone al servicio de una ficción-, Collado y Steiner ponen en el centro al humano que habita las construcciones modernas.

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Christian Mendoza (CM): ¿Cuál es su formación escénica?

Piero Steiner (PS): En mi caso, todo fue un poco al mismo tiempo. Yo tenía 18 cuando empecé, en Barcelona. Creábamos espectáculos. Escribíamos los textos, lo montábamos todo nosotros. El paso siguiente era ir a la calle. A partir de ahí, tomamos otros caminos, en el resto de Europa. Aunque en México también hemos estado.

Ernesto Collado (EC): Yo ya tenía una compañía y ya hacía mis espectáculos, y siempre he compaginado el trabajo como intérprete con mis propios proyectos, a veces escribiendo mis propios textos, a veces colaborando con gente. Digamos que ha sido como una escuela creativa en un nivel más amplio y mucho más transversal.

PS: Yo mezclé, incluso, la danza, la escultura, la dramaturgia, los vestuarios…

CM: Partiendo de su manera de pensar la escena, ¿cómo empiezan los cruces en su trabajo con la arquitectura?

EC: Estábamos trabajando en un proyecto llamado Nueva Marinaleda, y este proyecto ficcionaba una comunidad autogestionada del futuro. Cuando estábamos preparando todo, investigamos en muchos campos: la educación, cómo sería el futuro. Una de las cosas que yo me puse a mirar y ver era la arquitectura. Me di cuenta que ahí había un tema inabarcable que, de hecho, merecía otro espectáculo. Descubrí una serie de arquitectos y de gente que piensa la arquitectura, y me pareció un tema lo suficientemente poderoso como para afrontarlo en otro proyecto. Más tarde, nos encontramos, profesionalmente, Piero y yo, y le propuse la idea que tenía sobre hablar no tanto sobre arquitectura si no cómo habitamos los edificios que construimos. Él, en seguida, comenzó una búsqueda escénica, y ahí es donde empezó todo un camino de investigación y de experiencia.

PS: Yo tampoco tenía las herramientas para poder hablar sobre el tema, no había leído o estudiado. Ernesto me pasó varios libros que más o menos me los leí, y en las ideas de estos conceptos, empezamos orgánicamente a vivir el proyecto a nivel físico. Es lo que nos ayudó a crear Constructivo que es el final de una experiencia por un lado intelectual, por el otro bastante orgánica.

EC: Es importante destacar que Constructivo no es una aproximación académica a la arquitectura. Todo lo contrario. Lo primero que hicimos fue inventarnos estos alteregos que se llaman Luigi Maestrini y Rafael Lanza, dos albañiles. El reto para nosotros fue hablar de algo de lo que normalmente no se habla desde la calle, desde la base. También, el que tiene el tocho, tiene una concepción de la belleza y la estética, y de la habitabilidad, posiblemente más que muchos arquitectos que diseñan.

disparador

CM: ¿Con qué se encontraron cuando empezaron a abordar la arquitectura?

EC: Me encontré con una frase de Heidegger que dice construir para habitar en vez de vivir para construir, que describe un poco la sociedad en la que estamos. Me sorprendió hasta qué punto está la arquitectura, que es algo que marca nuestras ciudades y entorno, que afecta a nuestros paseos, que altera nuestro día a día. ¿Hasta qué punto la dejamos en manos de tecnócratas y de especialistas, sin participar en la construcción de nuestras ciudades y viviendas, de nuestras bibliotecas? Eso, de alguna manera, ha sido arrancado de la gente para entregarse a una serie de semidioses, gente que actualmente marca tendencia, no solo arquitectónicamente, también diseño. Esa separación me sorprendió muchísimo. Algo tan básico que es generar un cobijo, que tiene que ver con las personas, se ha separado. Esa especie de abismo entre la utilidad y la estética, me hizo pensar qué estaba pasando. Consideré que a través de eso se podía hablar de cosas que están pasando en la sociedad. Esa misma distancia la relacioné con la que existe entre las personas, los pueblos. Para mí no era hablar solo de arquitectura, también hablar de un rasgo muy humano y también muy atemporal: algo que define al ser humano. Encuentro que existe un vicio muy terrible, el de no parar de construir. Tenemos ese vicio adquirido en el que hay que crear y crear, pero no hace falta. Digamos que hemos creado más de lo que somos capaces de habitar, y no solo hablo de tochos. Hablo de ideas, de expresiones. La tecnología, por ejemplo, va muy por encima de nuestras capacidades de comprensión. Con los edificios ha pasado lo mismo. Los edificios van mucho más delante de lo que nosotros realmente utilizamos. Nuestra primera idea fue generar una especie de manifiesto contra esta arquitectura estéril que no cobija. Después de trabajar e improvisar, sintetizamos todo el lema de esos dos personajes contra el edificio que no cobija. Es un poco una cruzada contra esa tendencia inhumana, apersonal…

PS: Esa cruzada se compensa con esos dos personajes que, digamos, son extremamente humanos y asequibles y universales, que hablan de las necesidades de todos y de los problemas de todos. Por un lado, está este discurso del que habla Ernesto, y por otro, la sensibilidad de los seres humanos que lo viven a través de su historia personal.

EC: Estos personajes fue la primera reacción que tuvimos. Como no nos interesaba lo académico, sino hablar de la arquitectura desde la vivencia, ¿quién mejor que un albañil que es quien construye estos edificios? Constructivo no es una conferencia sobre el arte de la arquitectura, más bien sobre el arte de hacer casas, de hacer hogares. Los personajes fue el punto de partida. Nos inventamos todo el pasado de este par de paletas, una historia que ayudara a articular una narración. Empezamos a improvisar, trabajando sobre muchos temas, que algunos se han ido quedando sobre el camino. Nos apasionaba mucho, por ejemplo, todo el tema de los autoconstructores, que con su imaginación, y muchas veces como fruto de su necesidad, se saltan cualquier tipo de regla, de escuela, y que además no siguen ninguna ideología, más que una pulsión creativa, humana y primigenia. Tuvimos también unas diapositivas de unos edificios que usábamos para hablar de pequeñas historias, no de los edificios. Como el que vive en el segundo cuarta, que tiene una moto pero no tiene dinero para pagar el parking, entonces se ha cogido un piso bajo para que así pueda ver la moto. Todo lo hace pegado a la ventana para ver la moto, que la tiene candada en una farola.

PS: Me acuerdo, también, de un momento en el que proyectábamos obras de arte por debajo de un plástico. Después, nos metíamos dentro. Nosotros la vivíamos, orgánicamente, juntos y muy cerca.

CM: ¿Qué escenografía proponen para Constructivo?

EC: Nosotros lo planteamos la pieza como una visita de obra. A nivel teatral, eso tiene un doble juego porque invitamos a la gente a visitar nuestra obra. Pero eso no va en el sentido de que exista un espacio escénico: el público entra en esta construcción, una construcción que va evolucionando a medida que va avanzando la pieza. De manera que el público habita el mismo espacio que los performers, los albañiles. Se pone a todo el mundo en el mismo plano de diálogo. Es evidente que es una obra de teatro pero, de alguna manera, lo que ha acabado siendo el espectáculo es un juego performático en el que el público entra a jugar. No es que tenga que hacer cosas, no es esa clase de actividad, pero el simple movimiento del público va provocando una serie de imágenes escénicas, de movimiento escénico. La gente tiene la sensación algo que se va construyendo a medida que va avanzando. En esta pieza, la falta de escenario tiene una relevancia muy importante. Si fuese distinto, si el público estuviera en unas gradas y nosotros al frente explicando, sería otro tipo de espectáculo y el mensaje llegaría de otra manera. Manteniendo a la gente dentro del espacio, das lugar a que ellos completen nuestros discursos, y salen de la pieza sintiendo que ellos han hecho el recorrido.

PS: Teníamos la necesidad de que fuera una vivencia conjunta con el público, y no una representación. Se trataba de compartirlo con el público. El público se mueve y crea con nosotros la obra. Lo necesitábamos así: por eso el público está de pie, con nosotros.

EC: Hay una razón, al parecer muy obvia, pero que a nosotros nos parecía muy importante. Un teatro anula el edificio, generas una especie de un mundo, de tinieblas, de lo que quieras. Nosotros quisimos exactamente lo contrario porque estamos hablando de lo contrario. Si estamos hablando de edificios, queríamos que el edificio en el que estamos generando ese juego estuviera presente. Cuando lo hacemos en un teatro, siempre enseñamos las paredes, la estructura del teatro. Enseñamos la construcción. Anulamos todo lo que tiene de teatro –focos, telas- e intentamos que aparezca la estructura, las vigas. Es otra forma de acortar el abismo que te comentaba al principio, el abismo entre los edificios que nosotros habitamos. Los materiales influyen siempre en tu forma de estar y de ver, como los materiales de las fachadas, ahora hechas con elementos que no envejecen, que no empatizan con tu propia piel. ¿Qué empatía existe con esos edificios metálicos que hacen ahora, o con los de cristal? Antes, en una casa, las tejas se enmohecían y las piedras se oscurecían. Eran materiales orgánicos que semejaban un poco nuestra epidermis y nuestra vejez, nuestra piel real. Ahora, esta arquitectura que se construye es alienígena, por lo que me parece que las personas se alienan más. ¿Hasta qué punto la arquitectura refleja nuestra sociedad, o hasta qué punto nuestra sociedad se adapta más a los cánones de cierta arquitectura? No lo sabemos, pero es una pregunta que lanzamos en el espectáculo.

CM: Los alteregos, de hecho, estuvieron involucrados en una construcción que no entendieron muy bien…

PS: Esa es una línea muy psicológica y personal de los personajes, y que toca al público. En el momento concreto en que explicamos que Luigi y Rafael han estado trabajando siete u ocho años en un acelerador de drones sin entender lo que estaban haciendo es muy simbólico. Constructivo tata sobre entender, empatizar y participar.

EC: Este momento que citas es solo un comentario durante el espectáculo, que pasa un poco desapercibido. Pero sí que es verdad que cala. Nuestro esfuerzo ha sido siempre intentar que estas ideas y estos conceptos que están explicados por grandes pensadores de la arquitectura se expliquen de una manera vivencial. Para mí, este es un claro ejemplo de cómo hablar de eso sin mencionar, con todas sus letras, la distancia insalvable entre la arquitectura y la vivencia. Y es una distancia real. Se ha construido, no si en 2014, una obra absolutamente faraónica en la que han trabajado más de 2000 inmigrantes, no solo italianos y españoles, y nadie de los que estaban allí podía entender qué estaba haciendo. Algo sucede. Los miles de trabajadores que se necesitaban para fabricar una catedral podían entender lo que estaban haciendo. Tal vez les importaría un carajo, pero estaban construyendo un edificio que se elevaría hacia el cielo. Es el mismo momento de las pirámides. Hay otro momento en Constructivo en que construimos una pirámide con tochos. Es otra forma de hablar de eso, sin tener que mencionarlo.

CM: Además de Constructivo, que se monta en las inmediaciones del museo, llevarán a cabo Los disparadores, proyecto que han desarrollado en otros vecindarios. ¿De qué manera responden Los disparadores a un sitio específico?

EC: Es muy sencillo. Los disparadores es una fórmula para generar nuevas asociaciones de pensamiento. La idea es recorrer tus calles y verlas desde puntos de vista que no te habías planteado. A través de una mínima intervención en esta realidad, se construyen nuevas calles. El mecanismo es muy sencillo. Se hace un recorrido donde diseñamos una especie de dramaturgia que busca que la gente mire las cosas de otra manera, las cosas que ya están. A través de algo que llamamos presentimientos –unas frases, a veces conceptos, escritos en cartones; frases que no aseveran, si no abren-, intentamos ir transformando la calle, disparando tu pensamiento. Cada espectador elabora un paseo propio, aunque todo el mundo haya pasado por el mismo tiempo. Para nosotros, fue una forma interesante de llevar las ideas de Constructivo a la realidad, a la calle. Tiene que ver con lo urbano, con el diseño de las calles y los barrios. Estamos preguntando sobre lo mismo, pero ya no hablamos de arquitectura. En realidad, no habla de nada. Lo que se hace es, simplemente, invitar al público a mirar las calles que nunca antes habían visto. Es una invitación a redescubrir la realidad cotidiana, el día a día.

PS: La historia, digamos, ya está en la calle. La dramaturgia la creamos nosotros. A su vez, todo lo que está pasando en el momento hace que suceda la acción. Es totalmente inmediato. La historia de las calles ya estaba allí, nosotros agregamos algo para que se vea un poco más lo que pasa.

EC: Los disparadores se refieren a otro tipo de construcción no tanto de la arquitectura si no de la realidad. Lo que sucede es que el público no sabe qué es ficción y qué no es. México, y en especial las ciudades, tienen unas calles llenas de vida. Cualquier cosa que sucede es motivadora. Depende desde dónde la miras, dónde pones la lupa. En ciudades europeas, la calle es mucho más ascéptica, no hay tanta emoción, tanto dolor. No ha esa lucha por la supervivencia que aquí ves en cada esquina. Vamos a ver cómo se hace aquí. En estas calles, todo es más poderoso.


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