14 julio, 2020

Ciudades del futuro, vivienda del presente

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

En el número de enero de 1945, la revista Arts & Architecture —que había iniciado su publicación como California Arts & Architecture en 1929 y que desde 1943 editaba John Entenza— anunció su hoy famoso programa para las Case study houses.

 

 

Porque la mayoría de las opiniones, tanto profundas como superficiales, en términos de la vivienda de posguerra, no es nada más que especulación en la forma de charla o montones de papel, se nos ocurre que podría ser una buena idea acercarse a los casos y al menos iniciar la recopilación de esa masa de material que, eventualmente, resultará en lo que conoceremos como «la casa de posguerra».

 

El «programa» suponía que «cada arquitecto» que construyera una de las casas que serían publicadas en la revista, tomaría «la responsabilidad de diseñar una casa que, bajo todas las condiciones ordinarias a las que sujetan usualmente (y a veces lamentablemente) los reglamentos de construcción.» Y una condición importante planteada por la revista era que esas casas «deberían ser capaces de replicarse y en ningún sentido ser una «ejecución» (performance) individual.» Conociendo las Case study houses que se construyeron, esto parece no haberse cumplido: cada una es un objeto de diseño que, pese a la posibilidad de ser replicada, subraya su singularidad.

En ese mismo número se publicó un texto de Simon Eisner titulado Future Cities: a Challenge. Graduado de la Universidad de California, Eisner trabajó en la comisión de planeación regional del condado de Los Angeles, autor, junto con Arthur B. Gallion, del libro The Urban Pattern. City Planning and Design, cuya primera edición es de 1950. Entre los proyectos en que participó Eisner destaca uno no construido: el plan para 280 «Community Homes» en Reseda, Valle de San Fernando, diseñadas junto con el arquitecto Gregory Ain —pionero en el desarrollo de vivienda de bajo costo en Los Angeles desde los años 30— y el paisajista Garrett Eckbo.

 

El texto de Eisner inicia con una visión de la ciudad a lo lejos:

Sentado en una montaña, viendo hacia abajo al mundo presumiblemente civilizado de abajo, es bueno estar liberado de los ruidos, olores y la congestión de la ciudad. ¡Cuán rápido caemos presa de la teoría de que estas condiciones fastidiosas son propias de la ciudad y que son inevitables donde sea que se localice nuestra vivienda o nuestro trabajo!

Las ciudades, escribía Eisner en 1945, no pueden imaginarse sin el humo proveniente de plantas industriales mal localizadas y operadas, sin el tráfico ocasionado por miles de automóviles, ciudades que han generado «un ambiente que ha hecho a la gente padecer malestares nerviosos y respiratorios». Nuestras ciudades ya no son, decía Eisner, «la más avanzada forma de desarrollo cultural y social». Al escribir pocos meses antes del fin de la Segunda Guerra, Eisner habla de la necesaria reconstrucción de muchas ciudades europeas y asiáticas, pero también en los Estados Unidos, «porque los estadounidenses no pueden tolerar más ciudades obsoletas, confusas, ineficientes y con condiciones anti-sociales». Más adelante Eisner dice que «es importante aceptar que la ciudad no se puede considerar por separado del sistema social, cultural y económico en el que existe», y que la ciudad no cambiará si no cambia ese sistema.

Eisner habla de una «desintegración de la ciudad en progreso», y una descentralización no planificada «que ha creado comunidades satélite en las periferias». Afirma que no hemos entendido lo que queremos de las ciudades: «hemos sido tan absorbidos por la producción de automóviles y aeroplanos y haciéndonos adictos a su uso, como para ver lo que han hecho con nuestras ciudades, nuestras casas y nuestra manera de vivir». Rehacer las ciudades requeriría tiempo y planeación. Pero según Eisner, había cosas que se podían hacer en pocos años para resolver problemas inmediatos. Se podría construir un sistema de carreteras que disminuyera el número de accidentes, separando el tráfico local del que va de paso; eliminar los lugares de estacionamiento en las calles —no para crecer banquetas, como pensaríamos hoy, sino para tener más carriles para los vehículos en movimiento. También propone utilizar autobuses eléctricos y evitar desechar el agua no tratada del drenaje en el océano. Y respecto a la vivienda, Eisner dice que «si los arquitectos han aprendido algo en estos años es la necesidad de considerar la vivienda en términos de un patrón general en vez de en base de la unidad singular.»

Algunas de las propuestas de Eisner parecerán hoy demasiado centradas en hacer más eficiente la circulación de automóviles y no tanto en otras formas de movilidad, pero es interesante pensar en la contradicción de que en el mismo número de la famosa revista que lanzó el programa de las Case Study Houses, casas-objeto singulares, de autor, aisladas muchas de ellas de la ciudad, un planificador afirmara —en letra pequeña en la página 52— la primacía del patrón urbano sobre la unidad singular.

 

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