14 octubre, 2019

Charles Jencks (1939-2019)

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

Populismo, democracia y pragmatismo de un lado. Del otro, el academicismo elitista. Palabras que sin duda encajan en varios discursos actuales. A favor y en contra. Los términos aparecen en el Manifiesto adhocista —An Adhocist Manifesto— firmado por Charles Jencks y publicado en el prólogo a la segunda edición de Adhocism, The Case for Improvisation, libro que escribió junto a Nathan Silver y cuya primera edición apareció en 1972.

Charles Alexander Jencks nació el 21 de junio de 1939 en Baltimor, Maryland. Primero estudió literatura inglesa, en Harvard, y en 1965 obtuvo su título de maestro en arquitectura en el GSD, también en Harvard. Ese mismo año fue a vivir a Londres, donde tuvo como maestro, entre otros, a Reyner Banham. En 1971 publicó su primer libro —terminado, según él, en 1969—, Architecture 2000, Predictions and Methods. Ahí intentaba adelantarse tres décadas a lo que vendría en el, entonces más que ahora, simbólico año 2000. En ese libro presentó la primera de sus gráficas evolutivas de las especies arquitectónicas, por llamarla así. En el 2015, repasando aquél texto, Jencks escribió que su método

“clarificó la idea de muchas especies de la arquitectura evolucionando simultáneamente. La primera tabla que hice fue un diagrama estructural de extremos opuestos, un espacio semántico de arquitecturas posibles, aquellas que se agrupaban al rededor de tres ejes. Lo que me importaba era hacer enjambres de categorías tanto como la oposición lo permitiera, es decir, llenando el espacio multi-dimensional de ‘futuribles’, de posibilidades. Los arquitectos se agrupan por razones históricas y sicológicas, y esto significa que las tradiciones arquitectónicas se auto-organizan a lo largo de trayectorias coherentes (aunque también salten entre ellas, al contrario que las especies biológicas). Sabiendo que la historia es en parte circular (o repetitiva, como las órbitas de los planetas) y lineal (como la evolución técnica), concebí la evolución a manera de bolsas pulsantes, como especies que oscilan en sincronía y en contra unas de otras. En efecto, esto proyectaba el Surprise-Free World treinta años al futuro, encajando muchos avances específicos, predichos por los expertos, donde pudieran encontrar cabida.”

Un año después publicaría junto con Silver Adhocism. Jencks explica en el prólogo a la segunda edición que el término adhocism —de ad hoc, lo que se ajusta o funciona para un propósito específico— lo había usado por primera vez como término de crítica arquitectónica en 1968 y que “denota un principio de acción que implica velocidad o economía y propósito o utilidad y que prospera, como la mayoría de los híbridos, en el borde de la respetabilidad.” Jencks y Silver apuntaban que esa era la manera común, con velocidad y propósito, de responder a nuestras necesidades, pero que se veía “limitada y restringida” por distintas fuerzas, como “la estandarización de las grandes corporaciones que limita nuestras elecciones” —bajo disfraz de hacer lo contrario, hay que decir— y la ideología de la «arquitectura moderna» que “se vuelve una convención del «buen gusto» y una excusa para negar la pluralidad de las necesidades reales.” Otra fuerza represiva de la habilidad humana para acomodar y acomodarse a su entorno es, dicen, “el sistema jerárquico de organización y una filosofía elitista.” El argumento central era una apuesta por lo popular, lo vernáculo y lo que respondía de manera clara y eficiente a necesidades a un tiempo comunes y específicas de las personas.

El siguiente libro de Jencks, que parte de la tesis doctoral que escribió bajo la supervisión de Banham, fue Modern Movements in Architecture (1973). Ahí sigue explorando la pluralidad de estilos y formas que ya había catalogado minuciosamente en sus libros anteriores. “Existe una visión convencional entre historiadores y el público en general de que realmente existe cierto tipo de teoría y práctica unificadas llamadas «Arquitectura moderna»,” dice desde la primera línea de la introducción al libro. Y esa visión para Jencks es falsa o, mejor, ideológica: conservadora, elitista y profética. Esa visión funciona excluyendo lo que no cabe en su clasificación rigurosa —transformada por Jencks en un diagrama fluido, como ya vimos— pese a que “los mejores arquitectos son los que más difícil resulta clasificar.” Jencks enumera seis “tradiciones” —políticas y de la arquitectura— entre 1920 y 1970: idealismo, la tradición auto-consciente —con un énfasis en la voluntad de poder del arquitecto en tanto autor—, la dolce vita o los supersensualistas, la tradición intuitiva, la lógica y la tradición no-auto-consciente —la que busca una arquitectura con la misma fuerza que la vernácula y anónima de siempre.

A finales de los años 70 Jencks publicó el libro que, a partir de su título y tema, lo hará quizá más conocido, acaso estereotipando su visión crítica e histórica con un sólo término, El lenguaje de la arquitectura posmoderna. En la introducción Jencks escribe:

“Este libro y su largo y complicado título tienen una extraña historia que requiere cierta explicación. En la arquitectura de los últimos veinte años se ha estado desarrollando una situación que ahora está a punto de convertirse en un nuevo estilo y planteamiento. Ha partido de la arquitectura moderna de la misma manera que la arquitectura manierista partió del Alto Renacimiento, como una inversion parcial y una modificaicón del antiguo lenguaje de la arquitectura. El producto de esta evolución se donomina, de una manera generalizada, Arquitectura posmoderna, ya que el término es lo suficientemente amplio para englobar todos los puntos de partida y a la vez sigue indicando que se deriva del Movimiento moderno. Al igual que su progenitor, el movimiento se encarga de suscitar temas de discusión del momento y pretende cambiar el presente, pero a diferencia de los precursores, presinde de las ideas de innovación contínua y revolución incesante.”

Hay que notar que, por esos mismos años, en 1979, Jean François Lyotard publicó La condición posmoderna, que inicia afirmando: “Nuestra hipótesis de trabajo es que el saber cambia de estatuto al mismo tiempo que las sociedades entran en la era llamada post-industrial y las culturas en la era llamada posmoderna. Este cambio comenzó desde al menos finales de los años 50.” En un postscripto a una nueva edición de su Modern Movements in Architecture, Jencks incluirá al Tardomodernismo (Latemodernism) y al Posmodernismo, definiendo al primero como “una ideología social pragmática y tecnocrática y que lleva muchas de las ideas del modernismo al extremo para intentar resucitar un lenguaje torpe (o agonizante)”, y al segundo como “una variedad de caminos que se alejan del paternalismo y utopianismo de su predecesor, pero que comparten un lenguaje con doble código: una parte moderno y otra algo más. Las razones para usar ese doble código son tecnológicas y semióticas: los arqutiectos buscan utilizar una tecnología al día pero también comunicarse con un público particular.”

Diez años más tarde, en 1987, Jencks publica Post-modernism, The New Classicism in Art and Architecture, afirmando que el movimiento Postmoderno había conseguido “una revolución en la cultura occidental sin romper nada más que algunas cabezas duras”, retando con éxito “el reino del arte y la arquitectura modernas” y “colocando al positivismo y otras filosofías del siglo XX en su estrecho lugar.” Jencks arriesgaba una nueva clasificación para el movimiento del que parecía haber pasado de profeta a sumo sacerdote: clasicismo metafísico, narrativo, alegórico, realista, revivalista y ecléctico, entre otros. Así, el crítico e historiador que había empezado desmantelando las jerarquías y atacando el elitismo del Movimiento moderno, sucumbía ante la embriagante retórica de las clasificaciones y la tentación de —como lo llamó literalmente— un nuevo canon.

A partir de un jardín que hizo junto a su segunda esposa, la escritora y diseñadora Maggie Keswick, creció el interés de Jencks por el diseño de jardines y paisajes. Keswick murió de cáncer en 1995. Ese mismo año, ella y Jencks fundaron Maggie’s Centres, que a la fecha suma 24 centros, tanto en el Reino Unido como en otros países, diseñados por arquitectos como Zaha Hadid, Norman Foster, Frank Gehry, Richard Rogers y Steven Holl, y dedicados a atender y ofrecer apoyo a personas que padecen cáncer y a sus familias. Desde entonces, Jencks insistió en la necesidad de pensar las relaciones que existen entre arquitectura y bienestar, sea físico o emocional.

Charles Jencks murió la noche del 13 de octubre del 2019, a los 80 años, en su casa de Londres.

ARTÍCULOS DEL MISMO AUTOR./

Publica

Suerte en Venecia

Con el método que por tercera vez el INBA —y el comité técnico— juzga apropiado para desarrollar una curaduría en la Muestra Internacional de Arquitectura, no queda más que desearles que, en lo que deciden hacer las cosas de mejor manera, esta vez sí haya suerte en Venecia.

Ver más
Publica

Una pedagogía del hacer. Conversación con Alberto Pérez-Gómez

Alberto Pérez Gómez dirige el programa de Historia y Teoría de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de McGill, en Montreal. En esta conversación hablamos sobre su visión de la Bauhaus como egresado del Politécnico, y de su entendimiento de la pedagogía en relación a la práctica arquitectónica.

Ver más