6 agosto, 2019

Charles Babbage sobre el Crystal Palace

por Arquine | @arquine

Charles Babbage (1791-1871) fue un matemático inglés y diseñador de máquinas de cálculo. En 1846 publicó Sobre la economía de las máquinas y las manufacturas, y en 1851 La exposición de 1851, puntos de vista sobre la industria, la ciencia y el gobierno de Inglaterra. De ese libro retomamos parte del capítulo dedicado a la elección del sitio y del proyecto de lo que sería el Crystal Palace.

 

El sitio y la construcción del Crystal Palace

Charles Babbage

 

Las cuestiones concernientes la construcción del edificio estuvieron rodeadas por dificultades considerables, aun para el mejor informado. Debía ser capaz de contener especímenes, no sólo de todos los productos manufacturados del mundo, sino también de toda la materia prima que actualmente se usa e incluso de aquella que, presentada a la atención de las personas competentes, podría ser útil en un futuro.

El sitio para tal edificación, su conveniencia para tal propósito y el costo de su construcción, fueron los puntos principales a considerarse.

Su localización fue lo más importante, pues esa circunstancia tendría gran influencia en el número de personas que visitaran la Exposición y, por tanto, en la cantidad de entradas con las que se pagaría el edificio. 

El primer principio que debía guiar la elección del sitio es obviamente la conveniencia para los visitantes; y un poco de observación, o una dosis moderada de sentido común, mostrarían cómo se debía aplicar dicho principio.

Todos aquellos que han observado el recorrido de multitudes que van o regresan de algún centro de atracción saben que, si el punto en el que dicha reunión debe tener lugar se deja a nuestra elección, muchas de las dificultades de dichos arreglos se evitarían.

Siendo similares otras circunstancias, el sitio es mejor cuando admite la mayor cantidad de canales independientes por los cuales la multitud pueda llegar y retirarse. Los medios de acceso deben arreglarse de manera que varias divisiones de visitantes puedan, de acuerdo al barrio en el que residan, tomar naturalmente cada una el camino más conveniente, sin necesidad de ninguna instrucción de la policía o de asistentes.

Se han propuesto varios sitios. Hyde Park, Regents Park, Primrose Hill, más retirados los campos al sur de Támesis que se destinarán a formar Battersea Park.

Afortunadamente no se eligió ninguno de los dos últimos, aunque muchos los preferían, pues las entradas se hubieran reducido en un tercio, si no es que a la mitad.

Varios sitios se señalaron en Hyde Park. Uno al norte, casi frente a Hyde Park Gardens, otro al sur, casi opuesto a Barracks; éste fue el elegido.

Pero una posición distinta se pudo elegir que combinara tantas ventajas que es una pena que no se colocara a la disposición de la Comisión. La distancia entre Cumberland Gate y la puerta de Hyde Park Corner es de unas 1300 yardas o casi tres cuartos de milla. Del lado este del parque, junto a Park Lane, hay una angosta franja ocupada por plantaciones, el tanque circular y jardines. En el campo abierto adyacente a esa franja, pero más cercano a Cumberland Gate, el Crystal Palace pudo haberse colocado con ventaja. Con su longitud de casi 629 yardas, cada extremo hubiera estado a unas 350 yardas de los dos grandes caminos de acceso. Ese sitio hubiera tenido las siguientes ventajas:

  1. La distancia de la entrada norte o sur del parque hubiera sido, para ventaja de los visitantes, mucho menor que en el sitio actual. Para personas que estuvieran en Hyde Park Corner o en Cumberland Gate, los respectivos extremos del edificio aparecerían, desde su gran altura, casi cercanos.
  2. Hay muy pocos árboles ahí y los que hay son aun jóvenes.
  3. Es el terreno más alto del parque, y pudo, por tanto, drenarse de mejor manera.

En su posición actual, el edificio podría ser apenas visto desde cualquiera de esas posiciones. Está a más de media milla de Hyde Park Corner y a tres cuartos de milla, a pie, y casi una milla en carruaje, desde Cumberland Gate.

La gran mayoría de los visitantes desde el norte y el sur entrarán al parque por estos dos caminos. La distancia promedio que, por tanto, cada uno tendrá que recorrer en el parque, será de casi tres cuartos de milla.

Una de las primeras acciones de la Comisión fue aconsejar planos para un edificio acorde con su propósito. Se establecieron ciertos principios. Debería ser de carácter temporal y de costo económico, a prueba de fuego, o casi, debía construirse y alistarse para su uso en un tiempo inconcebiblemente corto y capaz de desmantelarse más rápido aun.

Una litografía del plano del sitio se circuló para el uso de cualquiera que decidiera hacer sugerencias o competir por los premios para los diseños aprobados; esto aseguró cierta uniformidad en la escala, lo que hizo más fácil comparar. Aunque, necesariamente, se dio muy poco tiempo para la preparación, se recibieron 240 diseños para el edificio.

Se exhibieron al público en las oficinas de la Sociedad de las artes; algunos fueron seleccionados como dignos de elogio y otros merecedores de premios más sustanciosos.

Parece que desde un principio la opinión pública, no sólo en Inglaterra sino también en el continente, tenía la idea de que los comisarios no serían demasiado rígidos al interpretar sus reglas. Esto se confirmó probablemente por el repentino e imprevisto retiro de los grandes premios prometidos al público en un inicio. En consecuencia, los distintos planes parecían competir unos con otros en qué tanto violaban las reglas establecidas por la Comisión; aquellos elegidos para un premio no fueron los más consistentes con ellas. Con el fin de dar confianza en el futuro, hubiera facilitado, antes de examinar sus méritos, que se rechazaran todos aquellos que groseramente violaban las condiciones propuestas por la Comisión.

Se pudieron sugerir bellos planos para edificios magníficos, si los diseñadores fueron descuidados con los costos y el tiempo de construcción, y aquellos que honestamente se habían restringido a las condiciones prescritas sintieron, con cierta razón, molestia al ver a quienes las violaron recibir aplauso y premios.

Aunque, en opinión de los comisarios, hubo mucha belleza y genio, y muchas propuestas de valor, ninguno de los planes se acercaba a su idea de lo que era requerido. Se resolvió entonces que la Comisión debería originar un plan ella misma, tomando lo mejor de lo contenido en las propuestas.

Mientras tanto, el señor Paxton, quien había ideado y desarrollado exitosamente una nueva forma de arquitectura, cuyo material principal era el vidrio, llegó para asistirles. Dibujó los planos de su singular diseño y fue suficientemente afortunado de encontrar en los señores Fox y Henderson una firma capaz de proveer todos los detalles técnicos necesarios para su éxito, e incluso contratarlos para ejecutar la obra en un tiempo tan corto que probablemente no tendrá rival en el arte de la construcción en muchos años.

La Comisión aceptó la oferta y el actual bello edificio surgió como por arte de magia.

Entre todos los productos curiosos y singulares con los que el gusto, la habilidad, la industria del mundo, han confiado el juicio de Inglaterra, se encontrarán pocos dentro de la envolvente de cristal cuya manufactura pueda reclamar mayor parte de nuestra admiración que el palacio mismo, que cobija estos espléndidos resultados de la civilización avanzada.

El mismo edificio fue fabricado con regularidad. Simple en su construcción, y requiriendo la repetición multiplicada de pocas partes, su fabricación estuvo de acuerdo con la habilidad consumada. La economía interna con la que se hicieron y ensamblaron las partes en el mismo sitio es por si misma algo a estudiar con el mayor provecho. 

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