9 diciembre, 2020

Casa Huayoccari | Barclay&Crousse Architecture

por Arquine | @arquine

 

Nombre del proyecto: Casa Huayoccari Arquitectos: Barclay&Crousse Architecture | Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse Páginas web: barclaycrousse.com Equipo de diseño: Tommaso Cigarini, Andrea Otero Ingeniería estructural: Jorge Indacochea Construcción: Fernando Parra Ubicación: Huayoccari, Cusco, Perú Supeficie: 245 m2 Fecha: 2018 Fotografía: Cristobal Palma


 

Si las casas Vedoble fueron nuestro primer laboratorio sobre el paisaje y la creación de microcosmos, la casa Huayoccari nos dio la oportunidad de seguir reflexionando sobre estos temas en un contexto muy distinto al de la costa desértica. El proyecto contempla dos casas “mellizas”, pareadas, que generan un conjunto coherente y monolítico, como si se tratase de una sola unidad. Sólo se construyó una de ellas.
El valle del Urubamba, en Cusco, se distingue por los numerosos nevados, considerados sagrados por los incas. Uno de ellos, el Pitusiray, domina sobre Huayoccari, la localidad en la que se encuentra la casa, a 2 950 m de altitud.
El referente de esta casa no es la arquitectura tradicional del valle, sino las montañas que la circundan. Actuamos sobre dos elementos esenciales: el suelo y la cubierta, para crear un microcosmos, una pequeña montaña habitada, a imagen de las cimas habitadas que configuran el paisaje cultural que nos ha llegado hasta el presente.
El suelo en pendiente es modificado con el mismo elemento que definió el paisaje ancestral del Cusco: el sistema de andenes o terrazas agrícolas incas, en este caso construidos en andesita, la piedra de tono rojo oscuro que le da el color a las montañas del valle. Uno de estos andenes se ensancha para formar una plataforma en la que se instala el espacio habitado.
La cubierta clásica a dos aguas se despliega y los planos inclinados se desplazan para resonar con la geografía circundante y proveer las condiciones espaciales y ambientales que hacen posible habitar el lugar. La cubierta adopta la inclinación y materialidad de las montañas circundantes, genera compresiones que enmarcan el valle bajo y dilataciones espaciales que se abren hacia el nevado sagrado de los incas, el Pitusiray. La cubierta se convierte en el umbral entre la superficie horizontal de los sembríos del valle bajo y la verticalidad de las montañas.
Su inclinación también permite crear un sistema pasivo de control térmico en el interior de la casa: la superficie interior del techo recibe los primeros rayos del sol para calentar los espacios de vida al amanecer, mientras en la tarde la cubierta de concreto visto y piedra protege la casa del sol del poniente. La inercia térmica permite que el calor acumulado se propague durante las frías noches de la región quechua.
Entre la cubierta y el suelo, muros macizos de andesita ocultan la estructura en concreto para unir la cubierta con los andenes y formar un patio que tiene como protagonistas el nevado sagrado y un pisonay, el árbol más importante y majestuoso de los Andes centrales.

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