7 mayo, 2020

Carlos Martí Arís y el silencio

por Carlos Lanuza | @carlos_lanuza_

El pasado 1 de mayo falleció Carlos Martí Arís. Nacido en Barcelona en 1948, fue doctor arquitecto, catedrático del Departamento de Proyectos de la ETSAB (Escuela Técnica Superior de Arquitectura) en la UPC. Se dedicó a la práctica de la arquitectura, a la reflexión teórica y a la docencia.

La obra teórica de Martí fue un reflejo de un pensamiento pausado, reflexivo, que buscaba desentrañar aspectos complejos sobre el proyecto desde la claridad del discurso. La cimbra y el arco, Silencios elocuentes, y su tesis doctoral Las variaciones de la identidad, son tres textos de una factura impecable no sólo por la erudición, sino también por la humildad. Sus escritos abarcan un abanico de temas que van más allá de la arquitectura, ahondando acerca de pintura, cine y escultura.

Además, Carlos fue Sub-director de la revista 2C Construcción de la ciudad, impulsó iniciativas editoriales en la fundación Arquia y en la revista DPA, del Departamento de Proyectos Arquitectónicos de la ETSAB. Martí formaba parte de un grupo de profesores, junto con Antonio Armesto, Josep Quetglas, Helio Piñón, entre otros, que profundizaron en la teoría del proyecto de arquitectura desde un prisma basado en los clásicos para generar una reflexión cuya validez perdura y se hace más patente a medida que pasa el tiempo.

Hablando sobre el silencio, Carlos escribió:

“Cuando una obra tiene la propiedad de engendrar en torno suyo un espacio de silencio, promueve una mirada distinta sobre la realidad, una mirada despojada, abstracta, en la que el mundo se nos presenta bajo el signo de la contemplación. A través de ese silencio no se persigue escapar al mundo o suplantarlo, sino, más bien, revelar sus dimensiones ocultas y escondidas”.

Esto es también lo que pasa cuando uno lee sus escritos, generan silencio, exigen que nos detengamos y pensemos no sólo sobre lo que él escribió, sino sobre todo lo que hemos leído al respecto.

La crítica de la arquitectura ha perdido a uno de sus grandes valores, quizás muy desconocido para muchos, pero que vale la pena tener presente siempre, en cualquier escuela de arquitectura o en cualquier despacho.

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