8 diciembre, 2015

Caos, el orden urbano

por Mónica Arzoz | @marzozcanalizo

Existe una percepción –mayoritaria de la cultura occidental– que las grandes ciudades en países en vías de desarrollo son caóticas e imposibles de descifrar. Si bien es verdad que existen algunas con dinámicas y procesos complejos y desordenados, que requieren de un estudio más profundo para lograr un grado de entendimiento mayor, la verdad es que el ser humano tiende a calificar lo inexplicable y lo desconocido como caótico o desordenado, cuando la mayoría de las veces simplemente no está entendiendo lo que realmente ocurre. Quizá lo que pasa es que muchas veces se olvida que el orden es una condición necesaria de todo lo que la mente humana construye y tiene un origen sensitivo.

El caos se puede entender como todo aquello que existe en un estado indiferenciado, asociado con lo informe, lo impensado, lo vacío y desordenado. Es la ausencia de forma y, también, el medio donde tiene lugar la creación de ésta. Posee dentro de sí profundas estructuras donde las zonas de simetría se mezclan con las de asimetría, recorriendo todas las escalas y magnitudes, creando así formas y sistemas complejos. En cierto sentido, el caos hace posible el orden siendo su precursor y socio, y no necesariamente su opuesto.

El orden y el caos están interrelacionados. Se puede pensar que el caos es resultado de una complejidad que se puede desnudar hasta sus ordenados orígenes y, paralelamente, encontrar dentro del caos y la irregularidad elementos que tienen leyes propias. Como señalaba Wallace Stevens: “Un orden violento es el desorden. Un gran desorden es orden. Ambas cosas son una.” El segundo principio de la termodinámica habla de la entropía, la cual se pudiera definir como el “progreso para la destrucción” o un “desorden inherente a un sistema”. El azar, el destino, la suerte y el caos son los elementos de estudio principales de la entropía. En ese sentido, también existe entropía en las ciudades.

Mexico

Todas las ciudades tienen un grado de entropía y, por definición, son hasta cierto punto “ciudades caóticas”. Las ciudades o territorios son sistemas complejos de lugares, dinámicas y patrones, articulados entre sí, continuamente en procesos de transformación que, si bien alcanzan ciertos equilibrios, ninguno es estático.

La ciudad es, intrínsecamente, caótica. Es parte de su esencia, de su configuración. Es su manera o instinto natural de sobrevivencia ante procesos de transformación provocados por fuerzas externas. El caos es su manera de transformar su propia organización, orden o estructura urbana. Por lo mismo, resulta incluso irónico el insistir en concebirlas desde el orden, buscando su entendimiento únicamente a través de lecturas urbanas estructuradas y sistematizadas.

En otras palabras, las ciudades o centros urbanos, se pueden entender como establecimientos de un orden distinto, creadoras de un sub-sistema dentro del universo, de un orden propio dentro del desorden. El caos es lo que define y da identidad a cada una; es lo que hace de la experiencia urbana algo distinto, otorgando un valor distinto. Diferencia a Bangkok de Londres, a Buenos Aires de Estambul o a ciudad de México de Nueva York.

La crónica mediática de ciudad de México esta llena de relatos que muestran la proliferación generalizada de desacuerdos y conflictos. El desorden y caos urbanos es, aparentemente, identificable a simple vista. Las alteraciones respecto de lo que debería de ser el funcionamiento “normal” del sistema son tan frecuentes que han pasado a formar parte de la rutina diaria de sus habitantes. El escenario del desorden metropolitano es tan amplio y diversificado que pareciera que la ciudad esta a puto de colapsar.

Al experimentar la vida urbana de ciudad de México, su inmenso nudo en crecimiento de coches, gente, perros, edificios, calles, bicicletas, transporte público, contaminación o informalidad, la percepción del caos es ineludible y, a pesar de ello, la ciudad se mueve y mantiene sus funciones; hay un orden detrás de nuestra “caótica” ciudad. El aparente desorden que observamos no nos impide vivir en la metrópoli, disfrutar de ella y querer seguir viviendo de ella. Entre todo lo que ciudad de México refleja, puede percibirse que el caos, extrañamente, encuentra un ritmo natural. Pareciera que todos los sistemas, redes o piezas desorganizadas, siguieran un orden que solo ellas conocen. La ciudad es resiliente pero también vulnerable. Está lejos de ser una ciudad perfecta o idílica, pero tiene su encanto, difícil de percibir, puesto que tampoco es abiertamente amable.

Siempre vista como la materialización del caos humano, en el que el ciudadano no es más que un débil eslabón, la ciudad ha llegado hasta nuestros días recogiendo las diversas fases por las que ha transcurrido y se ha marcado. La ciudad es caótica porque es diversa, porque es compleja, porque es mutante, porque es inestable y enérgica, porque está viva y en ella transcurre la vida. Aldo Rossi menciona que “el proceso dinámico de la ciudad tiende mas a la evolución que a la conservación”.

Se puede decir que, al hablar de las ciudades, el caos es un tipo de orden que permite la evolución de las mismas, a pesar de que muchas veces nosotros no lo podamos entender.

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