26 marzo, 2018

Campanario | Pabellón Eco 2018

por Anna Adrià
Foto: MEXTRÓPOLI / Jasso

 

«Un pabellón es un género arquitectónico que te permite experimentar en el 1:1. Nos interesa entender el diseño en todas sus escalas y complejidad» –T O, Carlos Facio Gaxiola y José G. Amozurrutia.

 

Visitar el Museo Experimental El Eco en los próximos meses te lleva a una experiencia sensitiva que va más allá de la arquitectura propuesta por Goeritz: la razón es Campanario, el proyecto ganador del Pabellón Eco 2018 diseñado por el estudio T O, compuesto por Carlos Facio Gaxiola y José G. Amozurrutia.

Foto: Anna Adrià

 

Foto: MEXTRÓPOLI / Jasso

 

Campanario propone la ocupación del espacio a través de las sombras y los sonidos. Se trata de una instalación efímera que está viva, que baila y suena a partir de la interacción que tiene el visitante en ella. Un bosque de varillas, organizado en una retícula aparentemente perfecta en una trama de 12 por 12, que se tiene que adaptar a las formas no ortogonales del Museo y que se arma como un sistema estructural estable de varillas que, unidas entre sí en forma de cuadrícula en el nivel de suelo, permite el movimiento y, por ende, el choque de los platos de cobre que, a diferentes alturas, hay en la parte superior de cada varilla.

Foto: Anna Adrià

 

Foto: MEXTRÓPOLI / Jasso

 

Nos dijimos «el museo es un templo, le hace falta el sonido” y, al imaginar una superficie que pudiera moverse para crearlo, el proyecto fue casi inmediato. Queríamos algo que sonara, que se activara, así que llevamos al mínimo la tectónica de la varilla, para que fuera un elemento mínimo, que se soportara sin alterar el piso, y pensamos en un sistema de varillas que se doblara. Nos interesaba lograr que el sistema fuera estructuralmente legible.  Necesitabamos un material que hablara de cierta fragilidad y llegamos al cobre, un elemento que terminó reuniendo muchas virtudes que buscábamos: un material moldeable, que generara sombras pero también luces y reflejos. –T O, Carlos Facio Gaxiola y José G. Amozurrutia.

 

El espacio cambia en todo momento: por su carácter lúdico, que invita al visitante a jugar con la instalación y activa un espacio sonoro con el choque de los 144 platos de cobre, y por el juego de sombras que se convierten en lunares que recorren las diferentes superficies del patio a lo largo del día.

Foto: Anna Adrià

 

Foto: MEXTRÓPOLI / Jasso

 

ARTÍCULOS DEL MISMO AUTOR./

Publica

Sentirte parte de la luz

Conversación con Andrus Marín – exalumno del Posgrado Lighting Design-  por la participación en el Workshop Lights in Alingsås becado por Lightecture.

Ver más