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Manuel Gausa (1959-2025)
Manuel Gausa murió ayer, el 23 de agosto, a los 66 años. Co-fundador del IaaC con Vicente Guallart y de [...]
17 mayo, 2018
por Miquel Adrià | Twitter: miqadria | Instagram: miqadria
Balkrishna Doshi confesó en su conferencia en el nuevo auditorio de la universidad de Toronto que se siente tanto arquitecto como maestro después de toda una vida enseñando arquitectura en la universidad de Ahmedabad –que él mismo proyectó en 1964–, pero ante todo se reivindica como ciudadano. Recordó sus primeros proyectos en la India, que tenían que llevarse a cabo con presupuestos irrisorios; sus edificios multifuncionales; su primer edificio público, el Instituto Indio en 1958, realizado integralmente en concreto aparente sin puertas ni ventanas; el concurso para el ayuntamiento de Toronto en 1959 –que no ganó–, o una comunidad para ocho mil familias a partir de variables tipológicas que permitían su autoconstrucción en fases, instruyendo y empoderando a la gente.
https://www.youtube.com/watch?v=DlQoB90D3lg
Doshi da por implícita la sustentabilidad en toda obra de arquitectura y a lo largo de su larga carrera ha reivindicado las tradiciones, el uso de materiales locales, los elementos dinámicos que permiten modificaciones permanentes, la incorporación de usos mixtos para facilitar la vida urbana, así como el diálogo con clientes, usuarios e instituciones, donde se reconozca la inclusión de la complejidad. Para él, la arquitectura también es la conformación del tiempo y la generación de sorpresas y encuentros espaciales. Nunca estuvo interesado por “el partido arquitectónico” ni porque un edificio “exprese” lo que es. Cuenta que todavía hay quien le pregunta, al visitar su taller, si es un pabellón en medio de un parque. Él dice que sólo es un espacio para habitarse, hecho con materiales y tecnologías locales, que aísla del calor, deja pasar el aire y que es bello, que eso es arquitectura; sin olvidar que no sólo es cuestión de poética o belleza, sino de durabilidad y estabilidad. Para Doshi, la arquitectura requiere de mucho tiempo: primero, para soñarla, después, para contar con la participación del cliente y para entender el lugar. Argumenta que no tiene sentido hacer arquitectura en un lugar ajeno, que no cree que ningún arquitecto deba trabajar en países que no conoce.
En esta 40ª edición del premio Pritzker –la primera que se celebra en Canadá–, el jurado, presidido por última vez por Glenn Murcutt, celebra la continuidad moderna y la poética de la materialidad. Si durante años el premio encumbró a los stararchitects formalistas, en las últimas ediciones abogó por obras cercanas a la gestión social –Shigeru Ban, Alejandro Aravena– y a la creación local e intimista –RCR, en la penúltima edición–, para, ahora, celebrar la permanencia de la modernidad con este nonagenario vital que destila una cultura de más de 1,000 millones de personas, más de 40 lenguas y muchas religiones. Este viernes se formalizará la entrega del premio Pritzker en el Museo Aga Khan de Toronto, con la presencia de anteriores miembros de este olimpo arquitectónico.
‘Dibujando todo el tiempo comencé a entender el significado del espacio’ #ArquinePritzker #Doshi pic.twitter.com/bXOSV0Kx4H
— Arquine (@Arquine) 16 de mayo de 2018
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