3 diciembre, 2021

Atlas Western

por Christian Mendoza

 

La frontera es un espacio que delimita territorios y un lugar donde se pueden construir ficciones. La artista Chantal Peñalosa reflexiona sobre esta doble condición en Atlas Western, su más reciente videoinstalación. Comisionada por el Museo Universitario de Arte Contemporáneo y exhibida por primera vez en este recinto, la pieza se aproxima a un sitio cuya relación con la frontera alberga tanto las violencias como los ideales del género cinematográfico que le da nombre a la muestra. De hecho, los territorios fronterizos son una constante en la práctica de Peñalosa. “Más que un tema, yo veo a la frontera como un espacio donde suceden otro tipo de fenómenos que tienen que ver con el tiempo o lo desapercibido, con el cuerpo o el paisaje, todo esto pensado en determinados espacios políticos y sociales”, dijo en entrevista para Arquine. “Sucede que muchos de mis proyectos se han desarrollado en la frontera, pero yo no la veo tanto como un tema sino como algo más natural, porque es donde crecí. Crecí a dos cuadras de donde ahora está el muro, que antes era una valla, y con el paso del tiempo cambió muchísimo esta misma estructura divisoria, así como la idea de la frontera. Es un espacio que cambia cada cierto tiempo”.

Atlas Western es una aproximación a Cine Pueblo, un set para filmaciones y un lugar de proyecciones de cine. “Trabajé en la locación de un set western ubicado a las afueras de Tecate, Baja California, llamado Cine Pueblo. Éste fue construido para atraer capital norteamericano y, sobre todo, pensado por la cercanía que tenía con Hollywood. Está a unas pocas horas de ahí. Cine Pueblo se presentaba como un lugar idílico por las peculiaridades del paisaje, semidesértico, con montañas y unas piedras gigantes. Tuvo también actividades de ganadería y otras características que lo volvían atractivo para atraer a directores estadounidenses, por la proximidad con Hollywood, y también por la mano de obra, que resultaba más barata por encontrarse en la frontera”, narra Peñalosa. Sin embargo, la ficción del western afectó a la economía del lugar: “A finales de los 70, cuando se termina de construir, se dio la coincidencia que el western como género empezó su declive, por lo que ya no se filma nada a la escala que se tenía pensada. Solamente filmaron algunas escenas para películas de bajo presupuesto. Fueron ya sólo escenas, ni siquiera metrajes completos, y para películas de serie B. El set fue desapareciendo con el tiempo y actualmente sólo quedan algunos vestigios de ese lugar”.

La relación de la artista con el lugar surge desde que era pequeña, ya que creció a media hora de Cine Pueblo y recuerda que, para ella, fue muy impactante ver las construcciones del set en medio de la nada. Recientemente, volvió para realizar Atlas Western y elaboró algunas reflexiones. “Por ejemplo, que ese lugar es como si se hubiera edificado una ciudad que nunca se habitó. También pensaba en la idea del set como un espacio que se construye para simular la realidad donde suceden determinadas narrativas. Pero, ¿qué tipo de narrativas iban a darse dentro de este paisaje? Luego, me planteé una hipótesis ficticia, un lado B de la historia, sobre por qué el lugar ya no funcionó. Pensaba en los gestos que aparecían en los personajes arquetípicos del cine o del género western, y cómo ellos se integraron a la vida cotidiana en cuerpos sobre todo masculinos. Comencé a comparar fotogramas de películas con imágenes que miraba en las noticias y entre ambas aparecen, sobre todo, cuerpos masculinos. Para mí es muy curioso ver que la manera de fotografiar estas notas periodísticas era muy similar a la de las películas. Los gestos eran exactamente iguales. Por lo que surgió la hipótesis de que el western, una vez que migró de la ficción a la vida, no necesitó más un set para existir”.

En su ensayo “La ciudad sobreexpuesta”, Paul Virilio habla sobre cómo los sets cinematográficos tienen el potencial de proyectar ciudades que puedan ser asimiladas con facilidad en el plano de lo real. Menciona que, “más que Las Vegas de Venturi, es Hollywood quien detenta el saber urbanístico ya que, después de las ciudades-teatro de la Antigüedad y del Renacimiento italiano, fue Hollywood la primera Cinecittà, la ciudad del cine viviente donde los decorados y la realidad, las listas de contribuyentes y los guiones de cine, la vida y la muerte, se fundieron y mezclaron en el delirio.” El video realizado por Chantal es una recreación minuciosa de películas western emblemáticas —sin actores, sin cuerpos—, hecha en el paisaje actual de Cine Pueblo. También, se instalaron telones que pareciera que están colgados alrededor de las ruinas que, de alguna manera, “terminan ficcionalizando un lugar que se construyó para realizar ficciones”. Peñalosa apunta: “Ya era una ruina y, de alguna manera, para filmar esas escenas, tuve que regresarlo a que fuera un set”.

La doble condición de la frontera –una línea geopolítica y una escenografía– puede demostrarse por la existencia de varios sets cinematográficos. “En México hubo varios sets importantes, en Durango o en Coahuila. Existe una posibilidad que da paisaje del norte (no tanto particularmente de la frontera) de desarrollar cierto tipo de ficciones por la idea del paisaje. Para mí, era interesante pensar en la construcción de los espacios, sobre todo en los que que facilita el set, que es donde se coloca algo que no está realmente. Por otro lado creo que, tanto en este proyecto como en otros, busco siempre pretextos para explicarme otra cosa. Trabajar en la frontera o con el género del western funciona más bien como una metáfora para ilustrar la violencia en la vida cotidiana. Para entender los cuerpos que surgen de esta circunstancia y pensar por qué nos movemos como nos movemos y cuáles son los gestos que permean a una sociedad violentada como la nuestra.

¿Cómo es que las narrativas del western enmarcan al espacio de la frontera? “Si hiciéramos una revisión artística y visual sobre cómo se ha representado la frontera, obtendríamos muchas respuestas, y sobre todo si le prestamos atención a desde dónde se está mirando a este lugar. Ya sea desde el lado mexicano o de Estados Unidos, hay múltiples visiones sobre cómo se construye o cómo se debe construir. En el western, cuando aparece la frontera, es como el lugar donde la ley no existe. También se construye la imagen del enemigo y los otros: vaqueros contra indios. Narrativas que tienen que ver con la colonización, con ir a conquistar un territorio. El western perpetra un mito de que la tierra no es de nadie, por lo que puedes ir e instalarte para crear una ciudad nueva. Creo que no es en vano que el género del western sea la exportación cultural norteamericana más importante.”

Para Peñalosa, el punto de vista del western también delata mucho de lo que sucede en la frontera: “Otra arista que es importante pensar para mí es cómo este género activa una visión de que la creación de espacios —o del mundo mismo— se da a partir de la mirada masculina sobre el territorio. Si esto es uno de los productos culturales más importantes a nivel global y sugiere que la visión de inventar mundos está mediada por la mirada masculina, ¿qué nos quiere decir eso? Los espacios donde vivimos ahora, actuamos y estamos, ¿qué tanto están fundamentados por esa mirada masculina? Las representaciones sobre las cosas nunca son inocentes. Me preguntaría qué implicaciones tienen estas representaciones que se hacen desde el arte o el cine en relación con la vida”.

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