7 diciembre, 2015

Assemble, premio Turner 2015

por Pedro Hernández Martínez | @laperiferia

Publicado originalmente en Vocero.

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Europa –no es ningún secreto– vive una crisis de representación en la que existe una desvinculación entre la clase política y la sociedad civil. En este contexto, la ciudad se ha convertido en un nuevo escenario de acción. En ella, distintos agentes pueden encontrarse y conectarse. Las ya comunes manifestaciones son el síntoma de hastío de una sociedad que, cansada de esperar una respuesta de sus dirigentes políticos, acabó por buscar nuevas fórmulas de organización más directas. Con los políticos más preocupados por las previsiones económicas a corto plazo, intentando salvar los bancos y los mercados, estos movimientos autoorganizados aparecen, más que nunca, como formulas necesarias para atender las diferentes agendas de una ciudadanía que no espera ya grandes planes urbanos –no hay dinero ni tiempo para ello–, sino que se pone manos a la obra para atender las urgencias. Por su parte, la arquitectura ha perdido la pretensión positivista que auspiciaba la modernidad. En un período de incertidumbre como el que nos acecha, la arquitectura, como otras tantas cosas, carece de futuro. Pero lo que parecía ser un hándicap puede, sin embargo, transformarse en una necesaria oportunidad. Liberada de su responsabilidad con el porvenir, la arquitectura puede centrarse en los problemas del presente.

Los jóvenes arquitectos no pueden esperar en su oficina la llegada del encargo, pero su conocimiento técnico y urbanístico los hace parte imprescindible de la solución de los problemas. Como parte de los movimientos ciudadanos, su potencia es enorme. Si la construcción de una ciudadanía responsable –y por extensión, de una ciudad en los mismos términos– es hoy una aspiración, los arquitectos necesitan desplegar sus saberes e incorporarse como ciudadanos.

En Inglaterra, por ejemplo, el colectivo de arquitectos Assemble sorprendió a todos al ser nominado al Premio Turner –posiblemente el más prestigioso que puede ganar un artista en la Gran Bretaña– por el proyecto Granby Four Streets en Liverpool. Assemble ya había destacado por proyectos a medio camino entre la arquitectura y el acontecimiento urbano, como su Cineroleum o su Folly for a Flyover, donde reciclaban materiales y espacios degradados para construir mejores entornos sociales. Su proyecto en Liverpool sigue la misma línea.

Assemble se encontró con que el barrio de Toxteth, concretamente en la calle Granby, había sufrido un importante abandono desde hacía treinta años por parte de las autoridades, cuando, en 1981, diversas protestas sociales acabaron con varios edificios incendiados y cientos de personas detenidas. La solución política sólo era una de entre todas las posibles: “había que demoler”, extirpar el problema sin miramientos. Pero la acción vecinal primero, y la ayuda de los arquitectos después, acabó por activar y reconocer otras fórmulas. Reutilizando materiales de desecho han construido nuevos espacios donde la comunidad pueda desarrollarse y recuperar el entorno para el disfrute colectivo. Y no sólo eso, los trabajos iniciados en el área han ofrecido capacitación y oportunidades de empleo a los miembros locales. El conocimiento no sólo produce mejores espacios, sino que además se distribuye y se comparte. Ese es el verdadero aporte de un proyecto como éste: aprender juntos para construir una ciudad mejor. La enseñanza de Assemble está en enfocar las prácticas urbanas en otra dirección. Los premios son siempre secundarios, aunque den visibilidad al esfuerzo realizado.

Reciclar, reutilizar y repensar el entorno inmediato, entre todos, en común, se empieza a convertir en cotidiano. Las ventajas son numerosas. Nos otorga una ciudad empoderada por los ciudadanos, que ya no pueden permanecer desvinculados del lugar en el que viven, creando una ciudad más eficiente, competitiva y justa, sin esperar los grandes planes urbanos que la salvarán.

Sin plan, siempre nos queda la estrategia, más directa, más rápida, con posibilidad de cambiar si las cosas no salen como se esperaban. Hay trabajo por hacer.

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