16 julio, 2019

Arquitectura promiscua

por Alfonso Fierro

En una nota anterior, dedicada al pensamiento urbano de Alberto J. Pani, hablamos de su preocupación por lo que a partir de la posrevolución empiezan a concebirse como espacios arquitectónicos promiscuos: espacios que no tienen una función clara, espacios que son casa y taller al mismo tiempo, habitación y cocina, espacio público y espacio privado. Para Pani y otros urbanistas, estos espacios presentaban contaminaciones preocupantes: la vivienda se confundía con el trabajo, lo social con lo familiar, lo masculino con lo femenino. Así, construir la modernidad, construir modernamente, pasaba antes que nada por un proceso de ordenamiento, visibilidad y clarificación espacial, que para Alberto Pani y otros urbanistas de la época culminaría en el ordenamiento de la sociedad misma. 

Siguiendo este hilo, la lógica hegemónica para los arquitectos y urbanistas modernos fue una lógica divisiva y expansiva: se basaba casi siempre en la delimitación clara de las funciones de un espacio o de las secciones dentro de un espacio —casa/trabajo, público/privado, habitación/cocina, etc.—, así como en la planeación de zonas a desarrollarse de acuerdo a un objetivo determinado desde arriba. La figura del suburbio, dependiente a su vez del automóvil y de la construcción de infraestructura de comunicación para éste, replicaba esta lógica en tanto exigía el desarrollo de barrios casi exclusivamente residenciales donde antes era el campo para así lograr esa separación del hogar y el trabajo que tanto se anhelaba a nivel de aspiración de clase y supuesta calidad de vida. En el caso específico de la Ciudad de México, pese a la ausencia de espacio hacia donde expandirse, la lógica pervive de cierta manera tanto en el proceso de fraccionalización privada, como en el proceso de densificación llevado a cabo estos últimos años por desarrolladores y especuladores inmobiliarios que priorizan la demolición de barrios enteros para construir en su lugar edificios de mayor o menor calidad arquitectónica, urbana y social. 

Sin embargo, ante este panorama y al fracaso urbano del mismo –que, entre otras cosas, genera guetos de ricos y pobres–, han surgido también una serie de prácticas, proyectos y reflexiones arquitectónicas que, en busca de otra forma de realizar el proceso urbano, se interesan por lo que podríamos llamar una arquitectura promiscua, es decir, una arquitectura abierta a esas contaminaciones, impurezas y confusiones que tanto le preocupaban a los urbanistas de la modernidad. Tal es el caso, por ejemplo, de las reflexiones de ArqdelaCulPop (@arqdelaculpop en Instagram) en torno a esa arquitectura surgida de la necesidad y siempre en proceso que llamamos autoconstrucción, o del proyecto de apropiación del espacio (APRDELESP), algunas de cuyas reflexiones aparecen en su reciente libro A Manifesto on the Appropriation of Space A Methodology for Making Arquitecture (Gato Negro, 2019). 

La forma misma del manifiesto de APRDELESP tiene algo de promiscua. Las propuestas y reflexiones que componen el cuerpo principal del texto conducen a una serie de notas al pie que, a diferencia de lo que sucedería en un texto académico, no mantienen una relación directa o referencial con el texto. En cambio, aunque resuenan con el cuerpo principal, funcionan más bien como puntos de fuga, invitaciones a senderos y aperturas que el lector puede seguir o no. Como en la escena de Merry Poppins referida en una de las notas en la que los personajes van entrando a las pinturas, el texto contiene una serie de capas o bifurcaciones textuales que el lector puede perseguir de así desearlo. Además de eso, estas referencias provienen de muy diversos lados —incluyen desde textos teóricos hasta la ya mencionada Merry Poppins o canciones pop como My Little Corner of the World–, provocando también en este caso un sentido de apertura creativa a la contaminación y la confusión. Si pensamos que la construcción de un libro es también una construcción espacial, ya desde la forma elegida por APRDELESP existe un golpecito irónico a las premisas modernistas de racionalidad, ordenamiento y división funcional de las piezas que componen una determinada espacialidad. 

Otro tanto sucede con algunas reflexiones del texto, en particular las así llamadas notas en torno a una oficina arquitectónica. Su propuesta, que llaman mansion-studio, postula un espacio en continua mutación, donde las funciones se confunden en tanto está abierto a usos, apropiaciones e intercambios: “The entire building is an office, a laboratory, an archive, a school and a house. The entire building is a bar, a café, a diner, a gallery, a guest house, a movie theater, a museum, a park, a restaurant, a shelter, a studio, a venue… (30) [“Todo el edificio es una oficina, un laboratorio, un archivo, una escuela y una casa. Todo el edificio es un bar, una cafetería, un restaurante, una galería, una casa de huéspedes, un cine, un museo, un parque, un restaurante, un refugio, un estudio, un lugar … «]. No es que se proponga, dentro de la oficina, un cuarto-museo, un cuarto-café, un cuarto-laboratorio, “the entire building has the single use of mansion-studio: it is not a sequence of rooms with specific uses” (31) [«Todo el edificio tiene el uso único de mansión-estudio: no es una secuencia de habitaciones con usos específicos»]. La enumeración de las posibilidades continúa hasta el punto de que la ciudad misma se vuelve parte de la oficina, dejando claro el punto de que su propuesta espacial busca sobre todo oponerse tanto a la delimitación permanente y ordenada de funciones, como a la lógica divisiva y expansiva que caracterizó (y sigue caracterizando) el crecimiento urbano de distintas ciudades en México, incluyendo la capital. En busca de otra manera de ejercer la ciudad, APRDELESP intenta recuperar al menos parte de esos elementos que los urbanistas modernos veían como un desorden urbano que debía ponerse bajo control y, de preferencia, eliminarse. La promiscuidad y el desorden que tanto le molestaban a Pani tiene aquí, en su reflexión contemporánea, un componente doble: por un lado, la ya señalada promiscuidad espacial donde funciones y usos se encuentran, confunden y transforman; por el otro, una promiscuidad temporal de alguna manera ligada a la arquitectura como proceso que vemos en la así llamada autoconstrucción. Es decir, la construcción del espacio no como un proceso que termina en el momento anterior al habitar, sino como un proceso que va dándose con el habitar mismo, de acuerdo a las necesidades y posibilidades que van surgiendo con el paso del tiempo: “The entire building is permanently under construction and it can never be finished” (31-2) [«Todo el edificio está permanentemente en construcción y nunca se puede terminar»]. Si, tal como sugiere APRDELESP, una oficina de arquitectura es un sitio crítico para la investigación y experimentación espacial, es sobre todo esta promiscuidad espacio-temporal, que ellos llaman apropiación y que habría escandalizado a Pani y otros modernos, en donde ellos localizan la posibilidad de pensar otras formas de construir y habitar una ciudad

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