1 agosto, 2012

Arquitectura desdoblada

por Gabriel Villalobos | @gabswolf

Un gesto fundamental en la conquista del bastidor, por parte de la pintura moderna, fue la supresión del marco. Experimentar libremente con las posibilidades de la pintura implicó eliminar los ornamentos, los elementos innecesarios, los parerga. Pero como señala Jacques Derrida, la eliminación del parergon desdibuja los límites de la obra; es imposible determinar dónde termina el texto y comienza el contexto. Para el muro de un museo, el marco es parte de la obra de arte; mientras que desde la obra, el marco forma parte del contexto de exhibición. Ante la supresión del marco, el espacio expositivo adquiere una relevancia que se refleja en el interés contemporáneo por las arquitecturas museísticas y la innovación museográfica.

El trabajo reciente de Pablo Rasgado (Zapopan, 1984) explora las posibilidades pictóricas de las ruinas museográficas. El artista jalisciense recupera restos de los muros de exposiciones desmontadas y produce reconfiguraciones, las cuales evocan el desarrollo de la abstracción y el ensamblaje de mediados del siglo XX a la vez que aluden a las técnicas murales del Renacimiento. Otros proyectos, como el que presenta actualmente en la galería Steve Turner Contemporary en Los Ángeles, recuperan muros urbanos. Los fragmentos de muro se ensamblan para formar superficies abstractas que, simultáneamente, revelan su materialidad. Estos trabajos se retratan y reflexionan en el libro Arquitectura Desdoblada, que ha sido presentado en el Museo de Arte Moderno el pasado 21 de Julio.

Los esfuerzos arqueológicos de Rasgado por recuperar la arquitectura muda de las exposiciones desplaza la atención de la obra pictórica a su contexto. El muro museográfico, que una vez fue telón de fondo para la libertad expresiva de la obra de arte, pasa a ser visible como objeto de atención. Este muro, del que sólo quedan rastros, se convierte en un palimpsesto pictórico. La imagen entonces es un ensamblaje de partes, una composición de rastros. Esta obra nunca puede considerarse acabada, puesto que sólo comunica rastros, murmullos. La reconfiguración semántica de los enunciados de este muro suponen una auténtica deconstrucción del texto museográfico.

Las arquitecturas desdobladas de Pablo Rasgado conciben al espacio expositivo como un objet trouvé; la arquitectura es materia para la experimentación pictórica. El contexto espacial que legitima a la obra de arte ocupa ahora su lugar, el parergon se vuelca hacia el interior. La obra de Pablo Rasgado desdibuja los límites entre obra y contexto, y revela el potencial de la arquitectura y la museografía como material de experimentación.

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