31 octubre, 2017

Arqueología de una modernidad fracturada

por Hans Kabsch Vela | @hanskabsch

Daños en el edificio administrativo de la estación FFCC. Tonalá Chiapas. Fotografía HKV

¿Qué imaginamos cuando hablamos de patrimonio en Chiapas? Lugares comunes: iglesias, conventos, ciudades y pueblos de muros de adobe y teja castellana. Pero, inesperadamente, al final de una calle con arquitectura pintoresca y regional, aparecen edificios con singulares cubiertas de concreto aparente, muro cortina de cristal, celosía, cintilla o veneciano. Esto también es patrimonio.

El sismo del pasado siete de septiembre impactó gran parte del sur y centro de México. En extensión geográfica el estado más afectado fue Chiapas: desde la zona de costa, la sierra y la planicie central. Un tema importante en la entidad fue la cantidad de edificios patrimoniales afectados, los que rápidamente recibieron, en la mayoría de los casos, la atención para su consolidación preventiva y futura rehabilitación en un plazo no mayor a treinta meses, según las autoridades culturales. Se trata de edificios construidos entre los siglos XVI al XIX y de la primeras dos décadas del siglo XX que están bajo el resguardo del Instituto de Antropología e Historia (INAH). Dicho Instituto tiene una sede en el estado con un sólido equipo de arquitectos y restauradores especializados en las características propias de las diversas técnicas utilizadas desde los albores del periodo colonial hasta el final del historicismo porfiriano y los incipientes nacionalismos revolucionarios.

Pero la arquitectura del movimiento moderno, a pesar de ser considerada “patrimonio arquitectónico artístico relevante,” no encaja en los lugares comunes de la visión patrimonial de Chiapas.

En Chiapas, la conservación y catalogación de los edificios modernos chiapanecos queda a cargo del Instituto Nacional de Bellas Artes, a través de su Dirección de Patrimonio Inmueble, que a diferencia del INAH, no dispone de una sede estatal, ni de especialistas e investigadores interesados. Con un marco legal laxo y confuso, el eventual análisis para la rehabilitación y conservación de este tipo de edificaciones queda en manos de arquitectos, ingenieros y contratistas locales, quienes en la mayoría de los casos son ajenos a criterios de conservación para este tipo de edificaciones, técnicamente más complejas de rehabilitar que los edificios construidos en siglos anteriores. ¿La razón? Las complejidades que conllevan las estructuras del concreto armado y las patologías asociadas al deterioro y debilitamiento crítico de las mismas con el paso del tiempo.

Los edificios del periodo moderno son en su mayoría mercados, escuelas, estaciones ferroviarias, viviendas, construidos entre 1930 y 1970. La costa de Chiapas y el Istmo de Tehuantepec en Oaxaca son territorios con abundante producción de edificios funcionalistas que han sobrevivido a pesar del nulo o poco mantenimiento. Casos notables como el mercado municipal de Juchitán cuya techumbre de paraboloides resistió el sismo, solo se derrumbaron las bóvedas aledañas por el efecto que produjo en ellos el colapso de los muros de colindancia del Palacio municipal. En Tonalá, Chiapas, la antigua estación de ferrocarril sufrió algunos daños estructurales en su edificio administrativo, pero la antigua sala de espera abierta con su característica cubierta alabeada no sufrió daños aparentes a pesar del abandono en que se  encuentra. En Tapachula, el Jardín de niños Gabriela Mistral, conjunto pequeño de aulas techadas con un sistema de bóvedas de concreto, también resultó afectado en el sismo.

Como estos, hay muchos edificios de notable factura, que a pesar de haberse comportado mejor que muchas estructuras recientes, están a merced de juicios pragmáticos, someros y pobremente fundamentados, en donde no se admiten soluciones intermedias a la demolición total. Estas resoluciones exhiben prejuicios y falta de conocimiento acerca del comportamiento de cierto tipo de estructuras. Tal es el caso de las cubiertas alabeadas de concreto: bóvedas, paraboloides de borde recto o libre, que trabajan por forma y no por masa. Este tipo de soluciones son desestimadas por ser consideradas pertenecientes a un periodo constructivo anterior a las reformas de los códigos estructurales, producto de las experiencias del sismo de 1985.

El reto es evitar, dentro de lo posible, la desaparición de estos edificios que exhiben técnicas constructivas singulares, promover su rehabilitación y divulgar entre los profesionales del ramo de la construcción, los atributos y ventajas funcionales de un espacio ya construido. Exige voluntad conjunta de colegios e instituciones académicas; colaboración interinstitucional para facilitar modelos que no están considerados en la ley de obra pública estatal; catalogación, estudio, posible rehabilitación y adaptación para garantizar un funcionamiento seguro. Implica también crear modelos de gestión para la difusión y apropiación popular de los principios y valores de la arquitectura del movimiento moderno.

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