5 marzo, 2019

Arata Isozaki

por Arquine | @arquine

Biblioteca de la prefectura de Oita

 

Arata Isozaki ha recibido el Premio Pritzker 2019. Isozaki nació en 1931 en Oita, una ciudad en la isla de Kyushu, en Japón. En la nota biográfica publicada en el sitio del Pritzker, se cita a Isozaki, que tenía 14 años cuando Hiroshima y Nagazaki fueron bombardeadas, diciendo:

“Cuando era lo suficientemente grande para empezar a entender el mundo, mi ciudad fue arrasada. Al otro lado de la costa, la bomba atómica había sido lanzada sobre Hiroshima. Todo estaba en ruinas y no había arquitectura, no había edificios y ni siquiera una ciudad. Sólo me rodeaban galeras y refugios. Así que mi primera experiencia de la arquitectura fue el vacío de arquitectura, y empecé a considerar cómo la gente podría reconstruir sus casas y sus ciudades.”

Isozaki studió arquitectura en la Universidad de Tokio, donde se graduó en 1954. Al salir de la escuela, entró a trabajar al taller de uno de sus profesores: Kenzo Tange —quien recibió el Pritzker en 1987. En 1960, Tange acompañaría a varios arquitectos más jóvenes, como Kurokawa, Kikutake y Make, entre otros, al publicar el manifiesto Metabolismo: propuestas para un nuevo urbanismo. Dos años después, Isozaki publicó City Demolition Industri, Inc, un texto en el que, según él mismo, tomaba distancia del Metabolismo: 

“No deben reírse de este extraño negocio. ¡La compañía es real! En el centro mismo de Tokio, sí, flotando en el aire, intenta meterse por las grietas de su vida —la vida que gastan en la megalópolis.”

 

Ciudad en el aire

Ese mismo año trabaja en su proyecto para una Ciudad en el aire, una urbe de edificios flotantes, suspendidos sobre una vieja ciudad en ruinas. Terence Riley relaciona esta propuesta no sólo con el trabajo de Tange sino con las ideas de Constant Nieuwenhuis y su Nueva Babilonia, de Yona Friedman en su Plan espacial de París, de 1958, y de Archigram, en los años 60. Isozaki haría aun más radical su propuesta con Clusters in the air, una propuesta para un nuevo tipo de vivienda en Shibuya y que, según Charles Jencks, estaba basado en la forma tradicional de construir una pagoda llevada al extremo. En 1963 Isozaki formó su propia oficina. Uno de sus primeros trabajos construidos fue la Biblioteca de la Prefectura de Oita, su ciudad natal, donde también es visible la influencia de Tange y de Le Corbusier. En 1970, Kenzo Tange, quien junto con Uzo NIshiyama estaba a cargo del plan maestro para la Exposición Mundial de 1970, en Osaka, lo invitó a ser parte del equipo de arquitectos y a diseñar las instalaciones mecánicas y electrónicas de la Festival Plaza. Entre otras piezas, Isozaki diseñó varios robots que ejecutaban demostraciones bajo las estructuras propuestas por Tange. En una entrevista con Rem Koolhaas, Isozaki dijo: «No teníamos tantas ideas; pensamos más bien en un marco para distintas actividades. Propusimos un techo movible, pero realmente Tange diseñó el marco y yo diseñé el equipamiento debajo, incluyendo un robot suspendido y otro que caminaba.»

 

En la década de los 70, la oficina de Isozaki desarrolló proyectos como el Museo de Arte Moderno en Gunma,, o el Museo Municipal de Arte de Kitakyushu. A partir de los años 80, Isozaki también diseñó proyectos fuera de Japón, como el Museo de Arte Contemporáneo de Los Angeles, el Palau Sant Jordi en Barcelona, o el Centro Cultural de Shenzhen. Para Jencks, Isozaki es un arquitecto que, como James Stirling o Hans Hollein, puede fácilmente cambiar de un estilo a otro. Emmanuel Petit también relaciona a Isozaki con Stirling pensando explícitamente en el momento posmoderno de ambos: “Como Stirling, Isozaki usa la referencia paradójica al pasado como una manera de exponer su “sabiduría” crítica sobre la naturaleza de la creatividad humana. La inteligente e irónica transformación del pasado se usa para demostrar la particular agilidad de la mente creativa del arquitecto; ambas, inteligencia e ironía, relajan la liga del arquitecto con las imposiciones exteriores a sus ideas y le garantizan cierto grado de autonomía creativa.”

 

En el 2006 Isozaki publicó su libro Japan-ness in Architecture. Ahí explica que “desde el cambio de siglo, se ha vuelto más difícil crear arquitectura con una fuerza constructiva real. Japón se ha encogido y una vez más ha cerrado sus puertos, esta vez debido a la recesión. La ausencia de cualquier presión cultural externa que pueda provocar cierta consciencia crítica hace más extrema la situación. Más bien, pareciera que la forma entera del mundo hace hoy la noción de una frontera que se desvanece en el océano obsoleta, haciendo incluso imposible cerrar los puertos, dividiendo no sólo Japón sino al mundo entero en innumerables archipiélagos.” En ese caso, agrega Isozaki, cualquier problematización de la japonidad (Japan-ness) resulta imposible y es vital detectar lo que puede atraparnos en las nociones ficticias de Japón, lo japonés o la japonidad o, en su caso, cualquier tipo de identidad cultural y arquitectónica absolutamente cerrada.

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