12 enero, 2021

Antonio Toca Fernández (1943–2021)

por Lorenzo Díaz Campos

 

Antonio Toca acumuló a lo largo de sus años un sinfín de experiencias en el campo de la arquitectura. Lo movía una inquietud por saber y por compartir lo que sabía. Exploró todas las facetas del quehacer arquitectónico, y desde cada una de ellas defendía su posición con una enorme elocuencia y disciplina.

La cátedra, en las aulas, pero también en la sobre mesa, lo llenaba de energía. Fue profesor titular en la UAM desde 1974 donde incidió sobre miles de jóvenes a los que con toda la paciencia explicaba la dificultad de la profesión. Para Antonio, lo que vivimos hoy en día no era una época de cambios, sino un “cambio de época” y así lo hacía saber en charlas en universidades ante un público de diferentes naturalezas. Consciente que el saber es poder, su sed de conocimiento era inagotable y en particular le llamaba la atención cómo en esta nueva época el acceso a información en abundancia representaba un reto enorme para las nuevas generaciones. “Ustedes son una generación que tiene una enorme ventaja con todas las que han venido atrás y es que tienen muchísima información, el problema es cómo la van a usar,” decía, abrumado, por la era de la información.

Me acerqué a él en los años que coincidimos en el consejo editorial de AD. Lo conocí siendo yo pequeño, pero la diferencia de edades nos había ofrecido pocas oportunidades —podría haber sido yo su hijo. Del maestro Toca entendí que era indispensable afinar mis habilidades argumentativas si quería intercambiar ideas valiosas en torno a la arquitectura. Interesado siempre en las publicaciones de arquitectura, participó en un amplio abanico de revistas del medio. Sus contribuciones para la ahora desaparecida revista Obras, en torno al urbanismo y los temas de ciudad, eran claves para entender el México contemporáneo.

Tengo en mis estantes un librito publicado por la UAM en 2016 en dónde recorre la historia de la Bauhaus con el fin de desmitificar y desbaratar las leyendas existentes. Un objetivo muy ambicioso que logra con acierto. Apenas unos años antes del centenario de la Bauhaus, Toca baja de su pedestal a Gropius y deja en claro los huecos historiográficos en el recuento común de la historia de la trascendental escuela. Recurrentemente se acercaba a las figuras prominentes de la arquitectura con escritos en donde tocaba el tema de los “mitos y realidades” generando, lógicamente, polémica. Su acercamiento a la figura de Barragán, buscando romper los interminables mitos entorno a su persona, siempre causó incomodidad.

Toca tuvo la oportunidad de participar en una cantidad importante de proyectos construidos. En su gran mayoría lo hizo formado parte de un equipo extenso. Insistía en que “el fin último de la arquitectura es el trabajo comunal” y así la ejercía. Hizo mancuerna con arquitectos como Francisco López Guerra, Sara Topelson y José Grinberg entre otros. Participó además en el sector público como Subsecretario de desarrollo urbano del Estado de México y en el estado de Sinaloa, además de siempre haber estado involucrado en actividades de índole gremial.

Antonio Toca deja muchas páginas escritas, horas y horas de pláticas y conferencias, espacios construidos, entusiasmo gremial y el ejemplo disciplinado por una profesión que ejerció desde todos sus ángulos.  

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