4 marzo, 2021

Amozurrutia-Facio, los inicios

por Gustavo López Padilla

 

Pabellón en El Eco. Foto Dane Alonso.

 

Comenzar a andar el camino profesional es siempre una aventura fascinante, interesante, que depende en gran medida de la formación académica, las relaciones públicas, la voluntad de riesgo y emprendimiento, pero en donde el azar juega también su papel, ya que en un principio se abren o cierran alternativas inesperadamente. Hay que practicar además paciencia y constancia, hasta que las rutas posibles se abran en el horizonte. El ensayo y el error, el caerse y levantarse, como parte de la realidad y la vida van formando personalidades. En el panorama de la arquitectura mexicana reciente, en la transición entre los siglos XX y el XXI, han ido surgiendo equipos de arquitectos jóvenes que la han renovado, diversificado y enriquecido. Arquitectos que han ido mostrando sus compromisos, seriedad profesional y sus realizaciones, volviéndose poco a poco visibles, reconocidos, con la voluntad de ocupar su propio lugar en la historia.

Como parte de este panorama, podemos hablar ahora de los inicios del equipo de trabajo denominado TO, conformado por José Amozurrutia (1983) y Carlos Facio (1983), egresados en el 2008 de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, particularmente del Taller Max Cetto. Es natural que como parte del proceso de aprendizaje, en los inicios se comience trabajando como colaboradores en el despacho de algún otro equipo de arquitectos, que cuente con mayor experiencia y reconocimiento, lo cual termina por consolidar la formación profesional, al enfrentar de alguna manera la realidad proyectual y constructiva. Tal es el caso de Amozurrutia y Facio, que colaboraron de distintas maneras en algunos proyectos, con los arquitectos Mauricio Rocha y Gabriela Carrillo, recibiendo de ellos naturalmente algunas influencias conceptuales y proyectuales. Con estos últimos participaron en la realización de proyectos como las llamadas Casas Río (2019) y el Mercado Matamoros (2020). En este último participaron el Colectivo C733, constituido por profesores y alumnos de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, formando parte Gabriela Carrillo, Israel Espín y Erick Valdez.

Feria de las Culturas Amigas, Zócalo de la Ciudad de México. Foto Rafael Gamo.

 

Es a partir del año 2015, que como taller de proyectos independiente comienzan a volar en solitario y en este breve lapso han realizado ya algunos proyectos, de pequeña escala, pero  que comienzan a darles visibilidad dentro del panorama de la arquitectura mexicana contemporánea. En este sentido hablamos inicialmente de dos concursos de obras efímeras que ganaron en 2018: el primero denominado El Campanario, una intervención temporal en el patio del Museo El Eco (1953) de  Mathias Goeritz (1915-1990) y el segundo, las cubiertas que conformaron el conjunto del Pabellón de la Feria de las Culturas, que se ubicó en el Zócalo de la ciudad de México.

Mercado Matamoros. Foto Rafael Gamo.

 

Ya en estos primeros proyectos se pueden identificar y valorar sus intereses, compromisos, habilidades proyectuales y constructivas, que tienen que ver con la libre experimentación de la forma para crear ambientes habitables y lo que tiene que ver con la racionalidad y eficiencia constructiva, para materializar sus propuestas, utilizando materiales naturales en su condición aparente. Por esta ruta, posteriormente realizan algunas intervenciones en casas preexistentes, como las casas Luna y Hortensia, ubicadas en la ciudad de México, en las cuales se aprovecha básicamente la estructura previamente construida, transformando y actualizando su funcionamiento, calidades vivenciales y sus imágenes urbano arquitectónicas.

Departamento calle Tapachula. Foto Jaime Navarro.

 

En 2019 Amozurrutia y Facio tuvieron la oportunidad de proyectar un pequeño departamento, de tan solo 45 metros cuadrados construidos, en la azotea de una casa de los años cuarenta, ubicada en la calle de Tapachula, en la colonia Roma Norte, con la premisa de que funcionara de alguna manera de forma independiente al resto de la construcción. El resultado final se aprecia como el apilamiento volumétrico del nuevo espacio habitable, resuelto mediante la sobreposición de una estructura metálica esbelta, puntual, de criterios miesianos, complementada mediante componentes de madera, tanto en lo que respecta a la cubierta del espacio, sus pisos, así como a su limitación perimetral. Tres componentes programáticos definen la propuesta, una zona de servicios, un espacio dominante y la extensión del mismo hacia sendas terrazas vegetadas, como extensiones en continuidad del espacio principal. La luminosidad y calidez del espacio,  el cuidado en la selección de maderas claras, la definición modular, estrictamente ordenada de sus despieces y el cuidado de los detalles correspondientes, puntualizando conexiones y transiciones entre materiales, dan cuenta de las habilidades proyectuales de sus diseñadores. Un cierto espíritu austero minimalista se aprecia en el lugar, puntualizado por los recorridos aparentes de algunas instalaciones eléctricas y de iluminación.

Departamento calle Tapachula. Foto Jaime Navarro.

 

Ya en el 2020, diseñaron un conjunto de espacios habitables, llamados Casa al Mango, ubicados en Malinalco, Estado de México, a 84 kilómetros de la ciudad de México, ocupados preferentemente como lugares de fin de semana, contando con una superficie construida de 450 metros cuadrados. El sitio en cuestión, de pendiente topográfica pronunciada y un paisaje arbolado circundante atractivo, indujo a sus diseñadores a ir propiciando plataformas escalonadas donde se asentaron los componentes de programa, buscando las mejores vistas del lugar y su posicionamiento de tal manera de controlar y regular las incidencias del sol, sus ganancias de calor, procurando además ventilaciones naturales cruzadas. La disponibilidad de piedra en el lugar permitió su utilización preferencial, busca además que los diferentes componentes volumétricos se mimetizaran con el paisaje natural preexistente. La propuesta esencial de diseño asume la postura de buscar variantes, que vayan mas allá de las formas tradicionales usuales en la región. Se descompuso el programa en cuatro componentes: invitados, servicios comunes, lugares privados y sitio para el vigilante de la propiedad. Los espacios interiores se extienden en continuidad con terrazas porticadas, propiciando ambientes sombreados y con ello una mayor intensidad de vida colectiva.

 

Se trata de una propuesta proyectual constituida por volúmenes sencillos, formas geométricas simples, regulares, de traza  ordenada, modular, combinando piedra del lugar, con soporterias de concreto y terminados con maderas de diferentes naturalezas, además de cementos pulidos, conformando así el repertorio de acabados. Se aprecia claridad y racionalidad constructiva, identificando visualmente el trabajo de los distintos componentes estructurales. Se complementa el diseño con tratamientos paisajísticos utilizando vegetaciones de la región y articulando los distintos itinerarios con veredas caminables y escaleras que se mimetizan con el sitio. Los resultados proyectuales interiores son agradables, amenos, disfrutables en relación al paisaje. Sin embargo en la zona a doble altura de los espacios públicos, me parece poco logrado, espacial y vivencialmente el lugar de la sala común, dadas la posición de un elemento escalera y la intersección resultante entre los volúmenes que definen las zonas públicas y las privadas. Al final del camino, de nueva cuenta se alinean los resultados de diseño, con  ideas relacionadas con el movimiento racionalista, transitando entre el minimalismo abstracto y algunas expresiones que recuerdan la arquitectura de Richard Neutra, también racionalista. Dada la calidad del conjunto de las obras comentadas, nos refieren de unos inicios proyectuales con perspectivas alentadoras.

 

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