28 octubre, 2018

Ambassador Business Center

por Arquine | @arquine

 

Nombre del proyecto: Ambassador Business Center
Arquitectos: Jorge Gambini | ENCIAM arquitectura + Hans Kenning arquitectos
Colaboradores: Henry Gonzales, Leidy Rodríguez, Belén Avila, Remberto Bello y Javier Vargas
Directores de obra: Mario Pizarro y Norman Zurita
Project management: Edgar Puch y Mario Parada
Construcción: TOTAL
Fundaciones: Incotec
Obra fina: Constructora NH3
Climatización: Manuel Guzmán
Proyecto de sistemas:Telis
Proyecto estructural: TESS
Proyecto hidráulico: IH
Proyecto eléctrico: ITA
Cliente: Constructora NH3
Ubicación: Santa Cruz de la Sierra, Bolivia
Programa: Oficinas y locales comerciales
Fecha: 2017
Superficie: 26.480 m2
Fotografía Edificio terminado: Leonardo Finotti
Fotografía Obra: Jorge Gambini


 

El Ambassador Business Center se implanta en un terreno pasante a “medios rumbos”, con una fachada abierta a la Avenida San Martín, un bullicioso boulevard lleno de actividad y vida urbana y otra fachada con frente a un pasaje barrial que da acceso a una serie de casas y termina en la entrada de un centro de educación infantil.

Frente a la Avenida se proyecta un espacio abierto que articula la altura de la torre con la horizontalidad del entorno. Este vacío continuo se concibe como un paseo peatonal, liberando todo el espacio exterior disponible al uso público. Como un podio, esta plaza dibuja con precisión los límites del sitio, otorgándole al proyecto y a su contexto un sentido particular de escala y de gracia.

Hacia el pasaje de la calle Hugo Wast se plantea una placa horizontal que toma la altura de los vecinos inmediatos, reduciendo visualmente la magnitud aparente del proyecto en un entorno doméstico. Se ha diseñado un pasaje peatonal que une ambos frentes facilitando el transito de niños y adultos. Con objeto de liberar la planta baja para uso público y comercial se han construido 3 niveles subterráneos de aparcamientos.

El desafío arquitectónico fue desarrollar el potencial urbano radicado en el sitio y volcarlo a la ciudad; integrar la forma autónoma del edificio de oficinas, con las características particulares del emplazamiento y con las condiciones climáticas de la sabana tropical.

El carácter tectónico del Ambassador Business Center se contrapone a la apariencia genérica de la torre de oficinas de cristal. En el proyecto, los arquitectos buscaron adecuar los principios formales de la arquitectura moderna a las condiciones climáticas y productivas, de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. En lugar de pensar la fachada del edificio como una superficie continua, la envolvente se diseña como un espacio, en si mismo, capaz de mediar entre las condiciones climáticas del entorno y el espacio interior.

La estructura de concreto y la piel de vidrio se envuelven con un sistema lineal de balcones que se proyectan en voladizo al exterior de la estructura, que junto con una celosía reticular de aluminio proveen de protección contra el sol y la lluvia, y al mismo tiempo aseguran el fácil mantenimiento de las superficies vidriadas.

Se han dispuesto unidades individuales de climatización por piso a las que se les accede desde las pasarelas laterales.

La envolvente multi-laminar, estriada y profunda, le aporta a la torre un sistema de control ambiental que asegura un alto nivel de interacción entre el espacio de trabajo, la ciudad y el paisaje.

El edificio se formaliza a partir del choque entre una idea de simplicidad arquetípica y universal; la torre concebida como una sucesión de bandejas horizontales en voladizo y un campo específico de condiciones materiales.

La técnica media entre una fuerza conceptual y una fuerza natural, devolviéndonos una nueva entidad híbrida y en tensión que percibimos como forma; ya sea forma como representación de la construcción o como presentación dinámica del conflicto entre el soporte y la carga.


Un objeto abstracto de gran escala se aproxima a la noción kantiana de lo sublime matemático según la cual, la apreciación matemática de las magnitudes no tiene una cota máxima, mientras que en la apreciación estética sí; y ésta es el límite intuitivo de la comparación -cuando la imaginación se ve obligada por la razón a cruzar mas allá de la apreciación estética, nos encontramos con lo inconmensurable -con la forma no-referencial de lo sublime.

 

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