26 octubre, 2015

Algo de provocación | Conversación con Pedro Gadanho

por Miquel Adrià | @miqadria

Miquel Adrià [MA]: Hablando sobre lo urbano, has dicho que, de algún modo, hemos estado sometidos a mucha información, a muchos datos, y que ya es hora de usar esa información para proponer. Desde el MoMA, como curador, has propuesto bastantes ideas durante estos últimos tres años con algunas de tus exposiciones.

Pedro Gadanho [PG]: Todo lo que he planteado tiene un poco de provocación. Hay gente que está haciendo cosas desde un punto de vista académico y está desquiciada con los fenómenos de ciudad informal. Hay acciones, hay gente que ha hecho cosas importantes. En Brasil, por ejemplo, hay muchas experiencias sobre la ciudad, pero pienso que es tiempo de ampliar el debate y atraer a más gente con un conocimiento amplio de la arquitectura para que intervenga y hable de más cosas. No sólo queremos opiniones de aquellos que están inmersos en esas condiciones urbanas problemáticas, sino que también de aquellos que están fuera y siguen discutiendo las mismas cuestiones. ¿Cómo vamos a cambiar la práctica en la arquitectura para responder a todas estas cuestiones presentes? Me viene la idea de lo político en la arquitectura. Tenemos que responder de una forma más política, recuperar lo que estaba muy presente al inicio de la modernidad, cuando el arquitecto tenía proyectos de cambio social.

[MA]: Tu papel como curador realmente asume esa condición, es decir, tomas una actitud política y provocadora, una actitud de DJ o coctelero, en el que tú escoges los ingredientes para ver qué sucede. En el caso de tu última exposición: Uneven Growth: Tactical Urbanisms for Expanding Megacities. Algunos cocteles que proponías te explotaron quizá en las manos, otros resultaron ser muy sabrosos y en otros no distinguías los sabores. Ahí viene un punto de inflexión entre el curador más canónico, que proponía un tema y lo desarrollaba probablemente bien, y el tuyo en el que utilizas esa plataforma tan generosa.

[PG]: Eso viene de una reflexión que había hecho antes sobre cómo llega el conocimiento en nuestra disciplina y tiene centros y periferias. Mi idea era combinar diversos modos de aprender la ciudad y de actuar en ella. Ahí es cuando el DJ es necesario para combinar conocimiento sobre la ciudad, conocer a los actores locales y que tuvieran algún proyecto reconocible y con cierto valor para que el curador identifique quién puede responder de una forma adecuada y combinarlo con una visión externa, más teórica, que circula por el mundo de la academia y de la cultura arquitectónica.

Para mí era interesante el sentido explosivo, porque había gente que no concordaba. Algunos se conocían, otros no y otros, al final, no tenían nada que ver. Esa fórmula de conocimiento originada en el conflicto era interesante. En diversos momentos hablaba con los participantes y les decía que teníamos que entender esto como un conflicto productivo.

[MA]: ¿Esto lo organizaste con una serie de workshops?

[PG]: Sí, era la forma en que los grupos localizados en ciudades diferentes y distantes se podían encontrar para empezar a definir las ideas, estrategias y, después, usar otros medios para continuar con el trabajo. Pero debo decir que, como curador de arquitectura, no me satisface la idea de usar siempre el mismo modelo. En aquel entonces me interesaba ese modelo en particular. Hacer ver la arquitectura y el discurso arquitectónico de una forma diversa. En todas las exposiciones que hago siempre me cuestiono sobre lo que hice en el pasado para hacerlo diferente en el presente y llegar a otras partes.

[MA]: En el caso de Río de Janeiro el concepto de Tactical urbanism se entiende muy bien: es un manual con sentido del humor. Otros, sin embargo, se te fueron al campo netamente arquitectónico, con utopías que hacen pensar en Yona Friedman. ¿Qué detona esas cosas?

[PG]: Hay una idea que está presentada como desafío a los participantes y a la que ellos responden de forma diversa. Es algo muy común en la curaduría de arte contemporáneo: hay un tema, se invita a artistas a que respondan y se espera que en esas respuestas haya diversidad. Esta diversidad es importante porque lo que interesa no es hacer urbanismo táctico, sino usarlo como inspiración o dispositivo para que se combine con otras intenciones. En el caso de Mumbai, por ejemplo, había una iniciativa del gobierno para que, en lugar de construir y destruir torres, se planteara una infraestructura que pueda ser apropiada por la gente. Aquí el Tactical Urbanism viene después de que el gobierno ha establecido la infraestructura básica, que es un modo de urbanismo muy discutido teóricamente ya en los años 70, que parte de ofrecer lo mínimo para que la gente pueda construir el resto.

Para mí, el papel del curador no es el de obtener una idea muy concreta para que hagan lo que yo creo. Para mí es una sorpresa ver los resultados que se pueden presentar como algo totalmente inesperado. No soy un micro-manager que está dirigiendo a gente para que haga lo que espero, sólo doy indicaciones para que las ideas tengan cierta coherencia.

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