26 julio, 2015

Un mundo feliz

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

La ventaja de su línea de trabajo es que lo puede hacer uno mismo, sin colaboración. No hay necesidad de llamar a nadie aparte de uno mismo, o de tener algún tipo de trato con nadie más si uno no quiere. Eso es lo deplorable de la arquitectura. No hay privacidad, por así decirlo, siempre esos  horribles empujones con clientes y constructores y contratistas y gente, antes de poder ver cualquier cosa hecha. Resulta fastidioso. Yo no soy bueno tratando con la gente. La mayoría no me gusta para nada, para nada.

Eso lo dice Mr. Gumbril Sr., padre de Theodore Gumbril, protagonista de Antic Hay, una novela satírica que publicó Aldous Huxley en 1923. La trama gira alrededor de un invento de GUmbril Jr.: unos pantalones con un cojín inflable que procuran mayor comodidad al sentarse. Pero la novela está salpicada de comentarios de Gumbril Sr. acerca de la arquitectura, el diseño interior y de mobiliario. El párrafo citado más arriba continúa con Gumbril quejándose de no llevarse bien con la gente: “ese no es mi negocio, mi negocio es la arquitectura. Pero rara vez tengo oportunidad de practicarla. No apropiadamente.” Y agrega: “sin embargo, puedo hacer algo,” y tras decirlo, Gumbril invita a sus interlocutores a pasar a la habitación en el piso superior. “Abrió la puerta de lo que hubiera sido, en una casa bien ordenada, un salón de recepciones, y se deslizó en la oscuridad.” La habitación está en la oscuridad y Grumbril les pide que entren con calma en lo que enciende la luz. “Los únicos muebles eran un par de mesas sobre caballetes. Sobre ellas, en la repisa sobre la chimenea y sobre todo el suelo estaban dispersos, como elementos de una ciudad revuelta, una gran colección de maquetas. Había catedrales, palacios, universidades, bibliotecas, tres o cuatro elegantes rascacielos, bloques de oficinas, grandes bodegas, fábricas y docenas de magníficas casas de campo, con todo y terrazas, escalinatas, fuentes con lagos ornamentales y canales con puentes y sus pequeños pabellones rococó.”

Lenina miró hacia abajo a través de la ventanilla situada en el suelo entre sus pies. Volaban por encima de la zona de seis kilómetros de parque que separaba Londres central del primer anillo de suburbios satélite. El verdor aparecía hormigueando de vida, de una vida que vista desde arriba parecía aplanada.

Bosques de torres de Pelota Centrífuga brillaban entre los árboles.

—¡Qué horrible es el color caqui! —observó Lenina, expresando en voz alta los prejuicios hipnopédicos de su propia casta.

Los edificios de los Estudios de Sensoria de Houslow cubrían siete hectáreas y media. Cerca de ellos, un ejército negro y caqui de obreros se afanaba revivificando la superficie de la Gran Carretera del Oeste. Cuando pasaron volando por encima de ellos, estaban vaciando un gigantesco crisol portátil. La piedra fundida se esparcía en una corriente de incandescencias cegadoras por la superficie d ella carretera; las apisonadoras de amianto iban y venían; tras un camión de riego debidamente aislado, el vapor se levantaba entre nubes blancas.

Londres visto desde los aires el años 632 A.F. —after Ford, 2540 para nosotros. Un mundo feliz, también escrita por Aldous Huxley, nueve años después de Antic Hay. Nacido en Godalming, Inglaterra, el 26 de julio de 1894, en 1937 Huxley se mudó a Los Angeles. Ahí murió el 22 de noviembre de 1963, a las 5:20 de la tarde, cuatro horas y cincuenta minutos después del asesinato de Kennedy.

Milla tras milla de casas suburbanas, gasolinerías, terrenos baldíos, iglesias, tiendas. Interminablemente. A la derecha y a la izquierda las calles de enormes barrios residenciales se pierden en un punto de fuga.

No es la visión aérea de una ciudad armada con maquetas en la sala de una casa por un oscuro arquitecto al que no le gusta la gente y que construye poco, ni Londres en el siglo XXVI visto desde un helicóptero. Es Los Angeles, visto, como debe verse, desde la ventana de un coche. También se trata de una novela de Huxley, After Many a Summer, publicada en 1939, dos años después de su llegada a Hollywood. Se dice que la trama de la novela pudo haber inspirado a Orson Welles para escribir el guión de El ciudadano Kane. Michael Snyder dice que la lectura del paisaje urbano de Los Angeles que hace Huxley en esa novela también prefigura la que harán casi tres décadas después Venturi y Scott Brown de Las Vegas.

Snyder también cita una crítica directa de Huxley a la arquitectura moderna y particularmente a la de Le Corbusier en un ensayo titulado Puritanism in Art:

Los cubistas y otros fariseos de la arquitectura moderna se niegan a admitir la existencia de algunas nimiedades como las tradiciones nacionales, los hábitos establecidos hace tiempo y las curiosas particularidades de la naturaleza humana. Para ellos, el hombre está hecho para la técnica moderna, no la técnica moderna para el hombre. Por tanto, en el nombre de la técnica moderna, Le Corbusier nos obligaría a vivir en una mezcla de invernaderos con salas de hospital amueblados con el estilo del consultorio de un dentista.

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