29 marzo, 2013

102 años de Mario Pani

por Miquel Adrià | @miqadria

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A 102 años del nacimiento de Mario Pani (29 de marzo 1911 – 23 de febrero 1993) cabe recordar que buena parte de las grandes innovaciones urbanas y arquitectónicas de mitad del siglo veinte mexicano provienen de su mano. Este prolífico arquitecto irrumpió en los años treinta con un gran proyecto y una, no menos grande, polémica. Y así sería a partir de entonces su fulgurante carrera: colmada de polémicas y grandes proyectos. Procedente de una acomodada familia vinculada al poder político-diplomático de México y formado en Europa, Mario Pani era un cosmopolita brillante en todos los frentes y emanaba la generosidad del que lo ha tenido todo. Su modelo renacentista del papel del arquitecto le permitió intervenir en todas las escalas, tipologías y temas de la profesión, imaginar la ciudad ideal, proyectar y hacer realidad las unidades de habitación corbusianas, codearse con presidentes de la República, secretarios de Estado, empresarios y socializar con albañiles. La ciudad ideal que imagina Pani es la representación platónica que mezcla el París de Haussmann y la Ville Radieuse de Le Corbusier. Su ciudad se construye en positivo, siendo los edificios los que la moldean. Y es que a Pani le interesa más la forma que el espacio. Su arquitectura es narrativa y orquestal, donde cada material se expresa, nada calla: cada edificio es una pieza que conforma un gran mosaico urbano implícito en las utopías del Movimiento Moderno, que Pani haría realidad. Pragmático y antisolemne, luchó en todos los campos y apostó a lo grande por soluciones totales que implican aspectos urbanos, sociales, económicos y políticos.

Pani fue uno de los últimos estrategas que se sentaron delante del tablero metropolitano para mover las fichas que respondían a un plan. Después de él, las lecturas serán fragmentadas, tendiendo a intervenciones autónomas y episodios urbanos de escala menor. Para Pani, la problemática metropolitana debida al acelerado crecimiento sin planeación puede intervenirse desde dos acciones precisas: la ciudad desde dentro y la ciudad desde afuera, llevando a la práctica ejemplos de gran magnitud como la Ciudad Universitaria, Tlatelolco o Ciudad Satélite, respectivamente. Y por consiguiente decía que “el problema de la habitación es fundamentalmente un problema urbanístico”. Su convencida y acrítica militancia moderna le hacía confiar ciegamente en la idea del progreso lineal, y el implícito crecimiento constante hacia un mundo mejor. Pani explotaba su contradictoria áurea internacional, por su formación francesa, y adolecía del sentido crítico –histórico y social– de sus colegas “socialistas” mexicanos. Ambas circunstancias lo harían atractivo e inofensivo a la vez, facilitándole el acceso al poder para abordar proyectos de índole social a gran escala. Sus ideas retomaban los postulados modernos como verdades incuestionables que sólo requerían llevarse a cabo. Sus edificios de los primeros años enfatizan su condición vertical con el afán de construir un modelo más denso y eficaz de la ciudad; sus multifamiliares harían realidad las unidades de Le Corbusier avant la lettre; y los conjuntos habitacionales materializarían el sueño abstracto de Hilberseimer.

Este arquitecto que inventó lo que quería hacer en cada momento de su carrera, construyó todo por vez primera: el primer hotel internacional de México, el primer multifamiliar, el primer condominio, la primera supermanzana y la primera ciudad satélite. Para alguien que profesó la linealidad creciente del progreso, su carrera se vería fragmentada por los cambios sexenales de los gobiernos y truncada por los lamentables episodios de 1968, que tomaron como escenario el megaconjunto habitacional de Nonoalco Tlatelolco, poniendo fin al modelo masivo, funcional y acrítico que postulaba el arquitecto. Mario Pani murió a los 81 años. Detrás quedaron 136 proyectos realizados a lo largo de seis décadas de práctica profesional. Construyó a lo grande, haciendo realidad lo que antes de él eran sólo utopías. Sólo entre 1958 y 1964, levantó más de 30 mil viviendas. Su importancia “se halla en su papel de pionero del urbanismo moderno que se atrevió a probar hipótesis urbanas a gran escala para responder a los problemas más urgentes derivados del crecimiento incontrolable de la metrópoli”. Fue el publicista y promotor del ideario de Le Corbusier en México. Las soluciones internas que Pani desarrolló en dos niveles siguiendo la propuesta de los Inmuebles Villa, las circulaciones cada tres pisos, la conformación en zigzag del primer multifamiliar que reproducía literalmente el proyecto de la Ciudad Radiante, o el partido urbano de Tlatelolco, van más allá de meras importaciones de un modelo moderno. Su reiterada apropiación debe entenderse como la fidelidad a una concepción del mundo basada en el progreso, que no buscaba la originalidad prototípica sino que pretendía expandir las virtudes de ésta. Su interés por la vivienda social a lo largo de toda su carrera, respondía a la voluntad de paliar los efectos de un crecimiento urbano que se desbordaba, más que por sintonía con un discurso social.

Pani supo convencer en cada momento a las personas adecuadas y entusiasmar a los equipos de profesionales necesarios para llevar sus ideas a la práctica. Pani era un hombre de acción, capaz de sortear los obstáculos y retos para que las utopías modernas tuvieran su lugar y su tiempo: su aquí y ahora. Entusiasta, vital y pragmático, siempre supo abrir cauces, ofrecer soluciones brillantes sin deparar en sus consecuencias ni atender con atención los detalles. Su paso por la vida fue un torbellino que construyó y dejó tambaleando buena parte de sus visionarias ideas. El polvo que levantó acabó por cubrir como dunas su nueva morfología urbana. La ciudad creció, integrando sus propuestas singulares al bullicio anodino de torres anónimas. Los temblores hicieron el resto, afectando a la Escuela Normal de Maestros con la amputación de la torre central, al Multifamiliar Presidente Juárez que tuvo que ser demolido, y Tlatelolco que se sometió a drásticas reestructuras, dando temporalmente la razón a los más prudentes que siempre vieron a Pani con desconfianza. Sin embargo, una relectura de la modernidad con perspectiva histórica, permite rescatar la urbe que soñó Pani para poder reivindicarlo como el último arquitecto visionario que creyó en una propuesta total, arropado por un discurso sin fisuras: Mario Pani, el hacedor, logró que el “mundo mejor” imaginado a principios del pasado siglo por Le Corbusier, tuviera lugar en México.

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© Zaruhy Sangochian

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