24 septiembre, 2013

Vida mediada, arte y ética

por Pedro Hernández Martínez | @laperiferia

Joanna Zylinska es escritora teórico cultural en las nuevas tecnologías, los nuevos medios, la ética, la fotografía y el arte. Es profesora de Nuevos Medios y Comunicación en Goldsmiths, Universidad de Londres. Autora de cuatro libros – Life after New Media: Mediation as a Vital Process (con Sarah Kember; 2012), Bioethics in the Age of New Media (2009), The Ethics of Cultural Studies (2005) y On Spiders, Cyborgs and Being Scared: the Feminine and the Sublime (2001) y es la directora del Festival de Artes Electrónicas y Video Transitio_MX 05 Biomediaciones que se desarrolla en ciudad de México desde el pasado sábado 21 hasta el 29 de septiembre. Aprovechando su presencia en el festival conversamos con ella sobre la definición de vida como un hecho mediado desde lo que aprendemos, lo que vemos, lo que habitamos, la tecnología el lenguaje o, incluso, la arquitectura.

joanna Imagen vía Joanna Zylinska

Pedro Hernández: ¿Cuál es el papel que desarrollas en el festival y sobre qué busca reflexionar?

Joanna Zylinska: Mi papel principal es desarrollar la idea del festival; como directora artística he propuesto la noción de Biomediaciones. ¿Qué significa esta palabra? Tiene un sentido doble, por un lado, se refiere al hecho de que la vida está mediada y, por otro, que los medios son vivientes. Podemos decir que el festival va a tratar de la vida –que es el tema más importante para todos– porque muchas veces no pensamos en ella, la vivimos sin pensar, sin reflexionar sobre lo que significa. Con este festival queremos abrir la idea de artes electrónicas y nuevos medios para incluir más cosas, porque el cuerpo humano en sí mismo o un edificio -por llevarlo a la arquitectura- también son medios. Los espacios, las relaciones… todas conforman algún tipo de ecología invisible, constituida de fuerzas o comunicaciones que producen hechos diferentes. Sobre esto se ocupa este festival, trabajando con lo biológico, lo tecnológico, y como se entremezclan en distintos niveles: el celular, el cósmico, el humano, el de los espacios físicos o virtuales. Parece que hablamos de todo y así es, pero lo hacemos de forma muy organizada, con siete exposiciones de enfoques diferentes. Por ejemplo, en el Centro Cultural España se analiza la relación entre la vida y la muerte –que es tan destacada en la cultura mexicana a nivel simbólico– o la representación de la violencia en los medios de comunicación. O en el CENART, donde mostramos obras que mezclan lo biológico y lo digital. Obras como las del artista Eduardo Kac, que trabaja con genética. También está la conferencia magistral del artista autraliano Stelarc que es famoso por lo que el llama “arquitecturas alternativas del cuerpo” donde lo aumenta con diferentes prótesis, porque, para él, el cuerpo siempre necesita algo más para funcionar. Se trata de pensar no sólo con ideas sino también con materia.

PH: Has hablado de vida mediada, ¿qué elementos son los que median en la vida?

JZ: Se puede decir que la vida en sí misma no existe, sino que siempre está mediada por algo: por un discurso filosófico o religioso –donde se la presenta como un hecho metafísico– por la ciencia, que nos dice que la vida son sólo relaciones entre el ADN y el organismo. Donde  la vida es más un proceso que un hecho, algo que también tiene un significado muy importante en culturas mexicanas.

PH: Según expones, ¿se puede decir que todo mecanismo, sea humano o no, desde la filosofía, el pensamiento a la arquitectura, sirve como elemento entre mi “yo individual” y los otros?

JZ: Claro, aunque la noción de individualidad no existe. El ser humano siempre ha dependido de tecnología; en sí mismo no es nada y siempre requiere de estas herramientas para desarrollar sus comportamientos y otras maneras de existir en el mundo. La noción de mediación llega de la tradición de los medios pero también es un poco más amplia para incluir todos esos niveles en los que existimos y coexistimos con otros seres, humanos o aspectos como los animales, el aire, los espacios o los edificios. Por ejemplo, hoy en día puede verse como con los nuevos medios de comunicación o las redes sociales la vida se presenta mediada y una persona interpreta su espacio y su tiempo a través de los nuevos medios. La línea de tiempo de Facebook o las fotografías de Instagram organizan cómo vemos y comprendemos a nosotros mismos y al mundo.

PH: ¿Podrías desarrollar esa idea de la vida como un proceso a la que aludías?

Ahora hay mucho interés en torno a esta idea con las obras de Guattari y Deleuze. Pero creo que lo importante es que hay otra cosa que proceso y para que existan otras cosas tenemos que “cortar”. La noción de corte es algo que utilizo mucho en mis libros y, aunque es bastante obvio, significa lo que quiero explicar: si imaginas que la vida o la mediación como un proceso es como un flujo, nunca lo terminas, pero cuando la representas haces un corte en ella para tener una imagen. Pero esto es una naturaleza muerta, una estabilización temporal; la vida sigue pasando. El proceso es siempre lo que existe y si pensamos en cosas, en objetos, son solamente cortes que hacemos en las fuerzas, en las relaciones. No podemos pensar en esto en cada minuto o nos volveríamos locos, pero con el festival podemos abrir la manera de pensar y ligar cosas que no se presentan como vinculadas.

Si los medios –ya pensemos en la tecnología o en la arquitectura– son, como has dicho, medios vivos, ¿podemos pensarlos como algo en proceso? Digo esto porque, atendiendo a la arquitectura, siento que muchas veces se nos enseña en la escuela como un objeto cerrado y acabado.

JZ: Bueno, hay algunos casos en Londres, como la Bartlett School o la Architectural Association que piensan más la arquitectura en estos términos de proceso. Y hacen cosas muy extrañas y locas que luego nadie puede construir, pero es que de algún modo son como escuelas de anti-arquitectura.

Eso me recuerda a una polémica en la que Patrik Schumacher criticaba este tipo de pedagogía por realizar más “alegorías que diseños”.

JZ: Precisamente se dijo lo mismo de Zaha Hadid, cuando realizaba esas cosas que nadie había visto antes y a la que no le servían las formas tradicionales de representación. Ahora ya puede llevarlo a cabo porque los materiales y las tecnologías se lo permite pero entonces era algo muy distinto.

PH: Sí, que no sólo podían pensarse en el espacio sino que podían incluir factores como el tiempo en su representación. Representación que, como decías, podría ser una estabilización de un proceso –como si una cosa es la arquitectura y otra el ejercicio/práctica aunque sean temas muy relacionados.

Quizás sobre esta polémica, y por volver al tema desarrollado en el festival, se puede ver que los artistas, aunque lo hacen desde el campo del arte, trabajan relacionados con la ciencia. La ciencia se basa en normativas y regulaciones que muchas veces imponen y que vienen muchas veces marcadas cuando se supera cierto límite o se piensa en que se puede superar, pero el arte, como ocurre con los ejemplos de las escuelas que has mencionado, parece que se le toma menos en serio en la sociedad. Sin embargo pueden levantar y llevar ciertas cuestiones a sus fronteras. Ahora bien, ¿cuál sería el límite ético de estas prácticas?

JZ: Es importante poner la cuestión de la ética. ¿Qué responsabilidad tenemos ante la vida? ¿qué puede o tiene que hacer el arte? ¿qué limites existen? Creo que es importante pero no creo que los artistas se encuentren en un espacio sagrado en el que puedan hacer todo lo que quieran. Pueden poner en cuestión lo obvio. Es lo que hace el arte, poner en cuestión lo hecho y lo dicho y desarrollar otros discursos sobre nuestra relación en el mundo. Se trata de establecer preguntas y cuestionar algo al mismo tiempo.

PH: Con esto parece se cierra un poco ese círculo. Quiero decir, es una reflexión sobre los medios que a su vez genera otra mediación entre el espacio expositivo, el artista y el público, ¿no?

JZ: La idea es que el público encuentre un espacio de reflexión y de cambio de pensamiento. Muchas obras son bastante obvias, no necesitas estudiar filosofía para comprenderlas. Son muy visuales, muy directas, y se puede decir que afectan al público de una manera muy mediada pero también frontal, y creo que hay un deseo de hacer algo de manera más lúdica y ligera, pero en realidad son cosas muy serias. Precisamente porque el arte no se toma tanto en serio es posible que funcione como un espacio alternativo en la cultura y en la vida política y ética de la nación. Este tipo de arte, que no es sólo estética –aunque es importante también– es un arte que se relaciona con la filosofía, la política y problemas actuales. Para mí es muy importante promover este diálogo entre grupos artísticos y creativos y facilitar este espacio del cambio.

PH: Pero los temas de debaten tocan aspectos que van desde la filosofía a la política o la ética y, y aunque las preguntas que se plantean sí está claras, ¿no existe cierta dificultad en el discurso para llegar al publico?

JZ: Lo que me emociona mucho en México es que ves un alto nivel de preparación cultural de mucha gente. Uno puede ver que aquí hay mucho más interés y deseo para hacer cosas difíciles y acercarse al arte provocador, al discurso filosófico y político. Pienso que el público está preparado, pero también hay que abrir esta definición de artes electrónicas para llegar a un público nuevo, que a lo mejor no se interesa por nuevos medios, y mostrarle que estos son algo diferente a lo que normalmente se piensa, sacarlo de lo cotidiano. No sólo se trata de teléfonos o iPads.

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